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Diálogos en Wall Street
La abrupta recuperación de las Bolsas, cuando estaban a tiro de señalar una recesión, es un giro caprichoso pero alineado con las cifras de la economía. Para el avezado conocedor de los mercados internacionales que se esconde bajo el nombre figurado de Gordon Gekko, Europa también ayuda porque alimenta un cambio positivo de percepción a caballo de las pruebas bancarias de estrés. Si sus autoridades hacen las cosas bien, afirma, no se ganará dinero apostando en contra de Europa, sino a favor de su mejoría.
Gordon Gekko: Con alguna dificultad.
P.: El Dow estaba de rodillas y, de repente, volvió a encaramarse por encima de los 10 mil puntos.
G.G.: Así es. La baja de las dos semanas previas fue muy fuerte y logró quebrar los pisos del rango de precios que se habían mantenidos intactos en mayo y junio. Abrió una grieta muy peligrosa, amenazante...
P.: Pero, ahora, por suerte, esta recuperación devolvió a los mercados al viejo rango de mayo y junio. ¿Cómo se explica?
G.G.: Es un giro caprichoso en sus tiempos. Un deus ex machina.
P.: ¿Surgieron buenos indicadores?
G.G.: Es verdad, pero surgieron después. Primero ocurrió el rebote fuerte de los mercados y, en rigor, se produjo junto con la difusión de un enfriamiento de la actividad en el sector servicios, conforme la lectura del informe ISM de junio. Yo diría que los mercados se asustaron de lo mucho que habían caído.
P.: Exageraron la nota del «double dip». Casi dieron por segura la recaída en una recesión.
G.G.: Fíjese que bastaba un desliz adicional del 4% para que Wall Street pisara otra vez el terreno del oso.
P.: Un mercado bajista («bear») se gatilla con una merma del 20% desde los máximos y el repliegue ya había superado el 15%...
G.G.: Tal cual. La mera inercia podía llevar a franquear ese umbral. Y el número adverso del ISM de servicios era excusa suficiente para un empujón.
P.: Pero el mercado no se animó a consagrar un pronóstico formal de recesión.
G.G.: No hubiera costado nada. Bastaba con la inercia. Y, más bien, lo que hizo fue girar en redondo.
P.: Todavía atravesamos una fase complicada pero, en sentido estricto, pese a que se vulneraron los pisos del rango, sigue siendo una corrección y no un mercado bajista.
G.G.: Así es. Aunque la Bolsa no extiende garantías sobre su comportamiento y puede cambiar de opinión con brusquedad y sin aviso.
P.: Uno advierte que ganan espacio posturas más moderadas. Se acepta la tesis de una desaceleración.
G.G.: No es casual. Es lo que las cifras económicas señalan.
P.: Hasta se duda ahora de lo que se dio por sentado: que Europa, por la crisis de la deuda soberana, se zambullía en una ciénaga recesiva.
G.G.: El cambio en la percepción de Europa es una parte importante del viraje producido y quizás más importante aun del movimiento que se está incubando.
P.: Vimos hoy (por ayer) un Trichet -el titular del Banco Central Europeo- muy castigador. Desafiante, dijo rotundamente que Europa está mejor que lo que muchos piensan.
G.G.: Es el milagro de las pruebas de estrés. Si se hacen bien los deberes, la gente estará predispuesta a creerle.
P.: ¿Considera que el repunte del euro obliga a revisar las opiniones más negativas?
G.G.: Usted va a escuchar una batería de buenas noticias, recibirá una andanada de novedades positivas de aquí al 23 de julio que es cuando se van a difundir los resultados de los exámenes a la banca.
P.: Tengo la impresión de que la artillería publicitaria ya comenzó a despachar su munición. Que Grecia difunda una reducción de su déficit del 41% no parece una mera coincidencia.
G.G.: Y la semana que viene se enterará de que pudo colocar deuda pública en los mercados monetarios. Para un paciente que los inversores, en su momento, rotularon como terminal, es una obvia extensión de su esperanza de vida.
P.: Grecia no sucumbirá pronto.
G.G.: La clave es que no se ganará dinero apostando en contra de Europa. Será al revés. Las convicciones, que como ya hemos repetido hasta el cansancio, no son muy firmes, no tendrán problemas en seguir la ruta del dinero.
P.: ¿Cree que Europa sabrá pilotear la experiencia con éxito?
G.G.: Creo que España se está manejando de manera impecable. Habrá más bancos españoles bajo examen que alemanes. Tendremos una radiografía amplia de las cajas regionales. Y el primer ministro Zapatero, esta vez, se ha abocado a sus zapatos. Reformará por decreto la ley de las cajas de ahorro y permitirá que se abran a los capitales privados.
P.: No será fácil.
G.G.: Es una oportunidad única para los inversores privados, que siempre pidieron entrar pero nunca encontraron eco de las autoridades. Y Zapatero les permitirá controlar hasta el 50% del capital social y sentarse en los órganos de dirección, a la par que restringe la participación de los políticos en los mismos. Es una revolución en marcha.
P.: España importa porque está en el ojo del huracán. Pero los bancos que más preocupan son los de Alemania y Francia.
G.G.: Si uno pensara que van a copiar a España, debería apostar fuerte a favor del éxito. En ambos países, la banca pública necesitará capitalizarse.
P.: ¿Piensa que alcanzará con las pruebas de estrés para torcer la dinámica de las Bolsas?
G.G.: Usted sabe lo que pienso: las condiciones están dadas para que se preserve un mercado lateral, con muchos serruchos pero sin dirección definida, hasta que concluya el verano boreal en setiembre. La pregunta del millón es cuánta fortaleza conserva la recuperación económica global. Y no es fácil contestarla rápido de manera satisfactoria.

