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Diálogos en Wall Street
La Bolsa que antes se derretía ante el temor a una recaída en la recesión, es la misma que ahora sube sin tomar descanso. El efecto Alcoa y los buenos balances le dieron un empujón. Para el experto en finanzas internacionales que opera bajo el seudónimo de Gordon Gekko, sin embargo, esta pequeña fiesta puede arruinarse si los balances de los bancos no están a la altura de las expectativas. Por eso las acciones del sector cayeron ayer a contramano del resto. Serán dos días -hoy y mañana- en que se conocerá el misterio: ¿cuánto les costó el revolcón de la crisis europea a los bancos de primera línea?
Gordon Gekko: Estamos en un sube y baja. El mundo no se acaba pero tampoco se arregla del todo.
P.: Esa sensación de caída libre que generó en su momento el «flash crash» -la súbita pérdida de casi mil puntos del Dow Jones a principios de mayo- parecería haber quedado atrás.
G.G.: Es verdad, pero no se confíe.
P.: Las minutas de la Fed revelan un recorte en los pronósticos de crecimiento y, a la par, un aumento en los riesgos que acechan a la recuperación.
G.G.: Eso está digerido.
P.: Dos semanas atrás era lo que quitaba el sueño. ¿Ya no se teme la posibilidad de una recaída en la recesión?
G.G.: Se impuso la tesis de una desaceleración. Como dijo Alan Greenspan, la noción de una «pausa» transitoria, y no del fatídico «double dip».
P.: No es fácil establecer la distinción. La economía se enfrió. ¿Cómo saber si luego repuntará o si se trata de la antesala de un deterioro más profundo?
G.G.: Los indicadores muestran que la economía crece pero lo hace a un ritmo más lento. No denotan una contracción. Todo sugiere además que el shock de la crisis europea -cuyo momento extremo ocurrió a principio de mayo- le cobró peaje a la toma de decisiones. Uno observa una huella negativa en EE.UU. y en Europa en áreas diversas como la generación de empleo, la actividad industrial o el gasto de consumo. Tanto en los datos de mayo como de junio. Pero el voltaje de la crisis disminuyó desde entonces. Es más fácil así comprar la idea de un contratiempo pasajero. Inoportuno pero subsanable.
P.: ¿Qué dicen los balances?
G.G.: Confirman el cuadro. Tome Alcoa -el gran productor de aluminio-, revise sus cifras y recuperará el aliento.
P.: Alcoa es siempre un termómetro útil. No sólo porque regularmente con sus estados contables se estrena la temporada de balances sino porque elabora un insumo que se incorpora a la producción de muy distintos bienes finales. Comprobar la fortaleza del mercado que enfrenta es, en buena medida, tomar una fotografía de la demanda agregada. Es una visión condensada.
G.G.: En ese sentido, la foto es buena y, según sus propios ejecutivos, las perspectivas también son favorables. Y, ya que lo intriga la reacción robusta de Wall Street, que surgió de un pesimismo que se cortaba con cuchillo, todo el mundo sabe que si Alcoa arranca con el pie derecho, es una fija que la temporada de balances le copiará los pasos.
P.: Esto ya es brujería.
G.G.: Es una regularidad empírica bien conocida.
P.: Pero no una ley de cumplimiento inexorable.
G.G.: Por supuesto. Cuando el mercado recibe los números de Alcoa con beneplácito, en promedio, el índice S&P 500 tiende a trepar un 0,7% en los siguientes diez días y casi el 3% en los tres meses posteriores. Cuando decepcionan, la caída del S&P 500 también roza el 3% en los siguientes tres meses.
P.: No hay dudas de que el puntapié inicial fue muy bueno. Intel también dio una mano que no es para desdeñar. Hay muchas apuestas montadas sobre las acciones tecnológicas.
G.G.: Fue un balance rutilante. Hasta diría que demasiado bueno. Es más fácil compatibilizar las cifras de Alcoa con lo que reflejan los indicadores económicos que el «boom» implícito en los números de Intel.
P.: Tanto vigor no es creíble.
G.G.: No digo que no lo sea, pero luce más específico de la compañía que de la economía en general. Ello no quita que haya señales que permiten albergar una mayor cuota de optimismo. Intel venía registrando una fuerte demanda de chips por las compras de laptops de particulares. En este trimestre, lo que surge con fuerza es la demanda de servers por parte de las empresas.
P.: Quizá sean los primeros signos de que retoman sus planes de inversión.
G.G.: Es un indicio alentador. Creo que ya lo comentamos antes. Los balances son buenos y proceden en franca mejoría; en general, las compañías no están endeudadas, tienen un colchón de liquidez muy mullido y transmiten una orientación positiva sobre la marcha de sus negocios. Lo que no cierra el círculo es que los proyectos de inversión permanezcan en el congelador.
P.: Es comprensible cuando la capacidad instalada que se conserva ociosa todavía ronda el 25%...
G.G.: No lo discuto. Quizá sea impaciencia. Pero ver a las empresas utilizando el «efectivo», reinvirtiéndolo en sus negocios, le terminaría de dar el sustento que hoy les falta a las palabras.
P.: Me queda claro el empuje de los balances. Sin embargo, pese a la suba de hoy, un sector clave -el de los bancos- se replegó a contramano del resto. El índice KBW declinó el 1,6%. Y mañana (por hoy) comienzan los testimonios del sector de la mano de JP Morgan Chase.
G.G.: No es casual. El mercado se retrajo a una posición más defensiva.
P.: Con la inercia favorable ya instalada, ¿no cabría esperar lo contrario? ¿Qué se teme?
G.G.: Hay muchísimas excusas que pueden arruinar esta pequeña fiesta. Una mala exhibición de la banca, jueves y viernes, podría cancelarla con más rapidez que lo que lleva cambiar un mantel. Son dos días cruciales. El viernes informarán Citigroup, Bank of America y GE Capital (dentro del balance de GE).
P.: Con esos cuatro nombres, uno obtendrá también una instantánea sobre cómo están los bancos. En otras palabras, veo que se desconfía de su performance.
G.G.: Hay dos partes que cuentan y las expectativas divergen. Los problemas de arrastre -la herencia tóxica- ya no quita el sueño. Allí se espera una mejoría (real y contable). Pero mayo fue muy duro. La crisis europea pegó fuerte. Cuánto mordió de las ganancias. Cómo lo tomará el mercado. Esa es la incógnita. De ahí el giro hacia la cautela, con la notable excepción, si quiere, del papel del Citigroup.

