14 de julio 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

No es una decisión tomada. Ni una medida inminente. Pero el titular de la Fed sorprendió ayer a los legisladores de su país considerando la eventualidad de retomar la compra de bonos del Tesoro. O sea, el tantas veces negado QE3. Para entender los motivos del giro, el periodista consulta a Gordon Gekko, el alias de un viejo conocedor de los pliegues de la política monetaria.

Periodista: Por primera vez la Fed da a entender que está pensando en el QE3, en retomar la compra de bonos del Tesoro. Y no lo dijo un presidente de distrito, o un gobernador, sino quien conduce el timón, Ben Bernanke.

Gordon Gekko:
Que es, sin dudas, quien corta el bacalao.

P.: No es una decisión tomada.

G.G.:
Desde ya. Ni asoma inminente.

P.: Tampoco es un guiño aprobatorio como el del propio Bernanke a fines de agosto último en Jackson Hole.

G.G.:
Eso fue el lanzamiento oficioso del QE2. A partir de allí el programa de relax monetario comenzó a dar frutos, aunque los primeros bonos no se compraron hasta noviembre. No es para nada comparable.

P.: Pero aun así es un mensaje importante.

G.G.:
Importantísimo. Piense que no hace dos semanas que la Fed dio por terminado el QE2 y dejó de acrecentar su cartera de títulos de largo plazo.

P.: No estaba en los cálculos.

G.G.:
En los cálculos de la Fed, seguro que no.

P.: En los de mucha gente sí, pero la Fed se pasó los últimos meses rechazando la posibilidad de una tercera versión del relajamiento cuantitativo.

G.G.:
Tanto que ya había convencido hasta a los más escépticos.

P.: ¿Cómo se entiende?

G.G.:
Yo creo que el último informe del mercado de trabajo tiene que haber resultado decisivo. Mayo aportó la primera decepción y junio no ayudó en nada para despejar los interrogantes del empleo.

P.: El parte oficial fue muy malo. El informe ADP había sido, por el contrario, muy bueno.

G.G.:
Se ve que no lo suficiente para Bernanke y su gente. Ellos tienen una excelente plataforma de observación económica. Y es la primera vez que abren el paraguas. No lo hicieron en ningún momento los dos últimos meses cuando tuvieron que dejar claro que el QE2 concluía en la fecha prevista y que no habría una extensión.

P.: ¿Qué significa?, ¿que la economía está peor que lo que imaginamos?

G.G.:
En principio, no. El diagnóstico principal es el mismo: un atasco que debería resultar en una fase transitoria de debilidad. Pero, aun así, por primera vez Bernanke juzga oportuno abrir el paraguas.

P.: Consideró la posibilidad de que la economía se estanque. No fue una cita improvisada. Ni una respuesta de apuro ante una pregunta imprevista. Bernanke leyó su testimonio por escrito ante el Congreso.

G.G.:
No hay error de interpretación. Bernanke fue muy claro con los legisladores: si hace falta, la Fed está preparada para insistir y redoblar su accionar de estímulo.

P.: Incluyendo volver a embarcarse en la compra de bonos del Tesoro después de haberlo desestimado dos semanas atrás.

G.G.:
Tal cual. No le temblará el pulso.

P.: Bernanke sabe que con esta confesión le da pábulo otra vez a la especulación con el QE3.

G.G.:
Por supuesto.

P.: Es como si la Fed hubiera querido apuntalar a los mercados de riesgo.

G.G.:
Haya querido o no, ése era el efecto previsible. Y lo que efectivamente aconteció.

P.: ¿Podría pensarse también que la Fed busca matar dos pájaros de un tiro y salirles al cruce a los temores que provoca el agravamiento de la crisis europea?

G.G.:
No hay manera de corroborarlo. Pero la economía puede estancarse a caballo de una crisis europea más profunda. Así que la medicina también resulta útil para mitigar ese frente. Aunque, a decir verdad, el Banco Central Europeo (BCE), que es el más directamente involucrado, no ha dicho esta boca es mía. Así que la zozobra por Italia puede haber contribuido al cambio de táctica de la Fed, pero no exageraría, por ahora, su incidencia.

P.: Si la Fed avisa que tendrá listo el QE3 en caso de necesidad, ¿cómo saber cuándo se traspasará el umbral que lo gatille?

G.G.:
Hubo dos variables que dispararon la versión dos del relajamiento cuantitativo, el desempleo y los riesgos de una deflación. De momento, los riesgos deflacionarios cesaron de incomodar.

P.: La luz roja tiene que ver con el mercado laboral.

G.G.:
Es una luz amarilla que titila con insistencia desde mayo. Cuando se encienda la luz roja, la Fed verá qué hacer. Tiene un abanico de medidas no convencionales disponibles. No es sólo la compra de bonos del Tesoro.

P.: La importancia del informe de empleo de julio parece crucial.

G.G.:
No tengo dudas. Y también la resolución del «impasse» entre el Gobierno y la oposición por el límite máximo de la deuda pública. Si la Fed va a moverse agresivamente, tiene que estar segura de que el tiro no le salga por la culata. Y un frente fiscal despejado, al menos sin la incertidumbre de un default por mera terquedad política, parece un prerrequisito obvio.

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