- ámbito
- Edición Impresa
Diálogos en Wall Street
Lo bueno de Europa es que se puede elegir el destino. ¿Nos arrollará España o será mérito de Grecia? La hora de las definiciones se acerca y las Bolsas, sorprendentemente, todavía dan pelea. En la entrevista al especialista que contesta como el personaje de ficción Gordon Gekko surgen sabrosas acotaciones sobre la marcha de los mercados internacionales.
Gordon Gekko: Grecia comenzó mucho antes. Pero España acortó distancias. Y, de hecho, el rescate a sus bancos le ganó de mano a la segunda elección en Atenas.
P.: Da la sensación de que los trastornos se turnan. Duele uno por vez. Cuando España roba cámaras, las acapara por completo. Y cuando le toca a Grecia, es como si España cayera en el olvido.
G.G.: No se engañe por las apariencias. Son dos infecciones que operan al mismo tiempo. Y ninguna ayuda a curar la otra.
P.: ¿Qué se puede agregar del rescate de la banca hispana que no se haya dicho?
G.G.: Conviene recalcar el dato clave. Había una solución sobre la mesa, existía consenso internacional para apoyarla, y Alemania vetó la iniciativa. No tuvo inconvenientes.
P.: Me quedó claro de la última vez que conversamos.
G.G.: Lo acaba de reconocer el ministro de Finanzas británico, George Osborne. «Lo que es deprimente, señaló, es que todos le dijimos a la eurozona que si la recapitalización bancaria no se hacía en forma directa, no se iba a convencer a los mercados de la solidez del soberano español». Se siente la bronca que le brota por los poros.
P.: No es negocio para nadie de fuera de la eurozona el que no se le ponga coto a la zozobra que produce la región. ¿O me equivoco?
G.G.: EE.UU., Gran Bretaña, China han dejado conocer su descontento.
P.: Aunque no se nota demasiado en Wall Street. Las Bolsas internacionales, al menos las que están lejos de Europa, no lucen muy golpeadas.
G.G.: Lo están.
P.: Pero podrían estar peor.
G.G.: Seguro. Muchísimo peor, a juzgar por lo que vimos en los episodios similares en 2010 y en 2011.
P.: ¿Cómo interpretarlo? Objetivamente, los problemas con los que hay que lidiar ahora son de mayor calibre.
G.G.: Los países que están en la picota ya no son los más pequeños. España es dos veces la suma de los productos de Grecia, Irlanda y Portugal. Y el dilema que plantea Grecia -la posibilidad de eyección de la eurozona- es, lisa y llanamente, un tabú fundacional.
P.: Volvamos a las Bolsas, entonces. ¿Por qué se sostienen a estos niveles y no profundizan el retroceso? La caída que registran no deja de ser una tenue corrección de la que nadie puede librarse una vez al año. Sin necesidad de que se desate un drama mayúsculo como el que vive Europa.
G.G.: Lo que sostiene a las Bolsas -y otro tanto sucede con el euro- es el nivel de «cortos» del mercado. Por eso, los rebotes que hemos visto son tan punzantes.
P.: Demasiadas posiciones montadas para lucrar con una baja de precios.
G.G.: Es muy evidente. Basta mirar las posiciones vendidas contra euros en Chicago. El inventario de contratos es récord histórico absoluto.
P.: Todo el mundo apunta en la misma dirección.
G.G.: Y cuando aflora alguna noticia que sea mediocre, o mala, pero no terrible, la contraofensiva avanza como un cuchillo que corta un pan de manteca.
P.: Quiere decir que las noticias terribles no están tan metidas en los precios.
G.G.: El Dow Jones supo estar 400 puntos debajo de los niveles de hoy. El euro contra el dólar merodeó 1,23 y ahora está cerca de 1,26. Y estos valores datan de cuando España negaba el rescate y, por ende, no se podía saber que fracasaría olímpicamente.
P.: No está mal para una moneda como el euro a la que se le ha dado -George Soros, Christine Lagarde (FMI)- una sobrevida que quizás no logre superar los tres meses.
G.G.: Es lo que digo. Vimos un euro cotizando a paridad con el dólar cuando nadie pensaba que su existencia corría peligro.
P.: Y a un valor tan bajo como 0,80 también.
G.G.: Uno diría que se descuenta que vienen tiempos duros, pero que, en el fondo, se cree que aparecerá alguna solución de última hora que evitará un colapso.
P.: Los tiempos se acortan. Ya pisamos el terreno de las definiciones. El votante griego decidirá esta semana. ¿Cómo saber a ciencia cierta que en la soledad del cuarto oscuro no gatillará una ruptura inevitable?
G.G.: Grecia elegirá un ganador en las urnas. Y ese ganador puede formar un Gobierno que reniegue de todo lo firmado con Europa. Tendremos una crisis de órdago. Pero Grecia seguirá perteneciendo a la zona del euro. La ruptura la decidirá el resto de la eurozona. No el votante griego. Lo más que puede hacer el ciudadano de Atenas es azuzarla.
P.: ¿La decidirá el resto de la eurozona? ¿O Alemania?
G.G.: La canciller alemana tiene la sartén por el mango. Si pudo imponer los términos del rescate bancario a España, conviene pensar que también podrá fijar el destino de Grecia. ¿Usted se preguntó dónde está Hollande, el presidente francés? Tanto hablar en la campaña y ahora que estamos a la hora de los bifes, cierra la boca con candado doble.


Dejá tu comentario