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Diálogos en Wall Street
El Día de los Presidentes le concedió franco a Wall Street y nos permitió recorrer -con nuestro experto, Gordon Gekko- los mercados del mundo en un vuelo panorámico rasante.

Gordon Gekko: Estamos todos conectados al modo repunte. Wall Street, el viernes cerró a un paso de los máximos y dejó una inercia favorable. Se notó especialmente en las Bolsas de Asia. Y también ayudó en Europa, si bien el cuadro de resultados fue más variado. Quizás el impacto más visible fue la drástica reducción de los volúmenes operados en las Bolsas europeas.
P.: Asia respondió bien, pero las noticias no fueron muy alentadoras. Me refiero a las cifras del PBI japonés...
G.G.: Decepcionaron.
P.: Lo que sorprende es la magnitud. Se esperaba un avance anualizado del 3% en el cuarto trimestre del año pasado y lo que se anunció fue el 1%. Pavada de error. ¿Cómo se justifica?
G.G.: Dos motivos principales: el sector externo y el consumo privado. Como la tasa impositiva que grava el consumo va a subir en abril, se descontaba un aumento del gasto más robusto. Creció el 2% anualizado (con un incremento de dos dígitos en el gasto en bienes durables) cuando se pensaba que no bajaría del 3%.
P.: Todavía hay tiempo para adelantarse a la suba anticipando consumos. Queda el primer trimestre.
G.G.: Correcto.
P.: No parece demasiado grave. ¿Y qué pasó con las exportaciones?
G.G.: El sector externo fue el que volteó los pronósticos. Fundamentalmente por el salto de las importaciones: el 14,9% anualizado.
P.: La economía no está tan mal, entonces.
G.G.: El PBI creció el 1%, pero la demanda final lo hizo el 3,1%. Más o menos en línea con lo que se estimaba.
P.: Uno mira la cifra del PBI y piensa que, efectivamente, las Abenomics se desinflaron en la segunda mitad de 2013. Pero viendo el detalle es una exageración.
G.G.: La economía muestra más vigor que el PBI. Claro que la idea del premier Abe no era estimular la producción del resto del mundo.
P.: Uno entiende el regusto amargo. Pero es difícil pensar que semejante patrón de aumento de importaciones vaya a sostenerse, máxime si se considera la depreciación del yen.
G.G.: Una parte del estímulo fiscal y monetario se derramará fuera de Japón, pero sólo una fracción. El salto de las importaciones probablemente se compense en los trimestres venideros. Seguro ocurrirá en el segundo trimestre, tras el ajuste impositivo de abril, cuando hay que esperar que la economía registre una contracción transitoria de la demanda.
P.: Tiene razón. Me temo que no escucharemos grandes noticias de Japón. Y que arreciarán las dudas sobre las Abenomics.
G.G.: A lo sumo tendremos un breve recreo cuando se conozcan los números del primer trimestre.
P.: China aportó una dosis de alivio con los datos de su expansión del crédito. Se temía una desaceleración muy fuerte.
G.G.: China es una caja negra. Y vemos lo que nos muestran. Después de tantos chispazos en las tasas de corto plazo tranquiliza saber que las autoridades se mueven con cierta flexibilidad. Pero lo que se está atacando es el mercado financiero en las sombras, y, por definición, ignoramos lo que ocurre en el lado oscuro de la Luna. Quizá se aplica aquello de ojos que no ven, corazón que no siente.
P.: Asia no está de moda. Europa, sí. ¿Se mantiene el desempeño estelar del Viejo Continente?
G.G.: Se mueve en tándem con Wall Street, con un leve margen de liderazgo (mientras las cosas vayan bien). Si había dudas por las turbulencias políticas en Italia, no pasaron factura, sino una auspiciosa nota de crédito. Moody's le mejoró la calificación a la deuda del país. La deuda italiana y la española rinden las tasas más bajas desde 2006.
P.: ¿Y en qué quedó la saga de los emergentes? Desaparecieron de escena, aunque no desaparecieron sus problemas.
G.G.: Es otra señal benigna. Los trastornos nacionales continúan, pero no hay contagio ni una persecución obsesiva. Eso sí, las cotizaciones pueden haber mejorado en febrero, pero los flujos no detienen la huida. En lo que va del año a la semana pasada, los fondos de acciones y bonos dedicados a emergentes ya habían perdido más recursos que durante todo 2013.


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