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Diálogos en Wall Street
Volvimos al serrucho. Se apagan los ecos de los anuncios del BCE y del Banco de Japón, y vuelve a pesar en la Bolsa la fragilidad de los precios del petróleo. En el reportaje a Gordon Gekko, la pregunta es cuánto durará esta tregua.
Gordon Gekko: Nos tocó otra mano de cal.
P.: No estamos todavía fuera del área de peligro.
G.G.: Los bancos centrales calmaron las aguas. Erradicaron la zozobra. Pero los grandes tiburones todavía huelen sangre.
P.: Acabo de leer unas declaraciones de Yves Mersch, miembro del BCE: "No presuman de que vamos a aumentar el estímulo en marzo". ¿En qué quedamos?
G.G.: La caída no fue por eso. No sé si muchos tuvieron tiempo de leerlas.
P.: El culpable es el villano repetido de los últimos tiempos: el petróleo, nuevamente en declive.
G.G.: La pulseada continúa. De un lado los bancos centrales al rescate; del otro, los inventarios de crudo que rebalsan. Y de ambas partes, muchísima verba.
P.: La versión de un recorte de producción de la OPEP que se le atribuía a funcionarios sauditas quedó en la nada...
G.G.: Una broma de Moscú. Hoy Irán, que puede mentir pero no hacer chistes, volvió a señalar su intención de ampliar su volumen de extracción. Y el petróleo acusó recibo cerrando otra vez por debajo de los 30 dólares.
P.: Dio la impresión ayer (por anteayer) y un poco menos hoy (por ayer) que la relación estrecha entre las cotizaciones del crudo y de las acciones se había flexibilizado bastante. Como si la Bolsa hubiera desarrollado mayor tolerancia a la inestabilidad del mercado petrolero...
G.G.: Fue un intento de soltar el vínculo, de independizarse, pero, como usted dice, se sostuvo poco tiempo. Que Irán sume más barriles de crudo a la producción mundial no encaja en ninguna definición de evento recesivo; si uno detecta que ése es el factor novedoso detrás de la baja de los precios, no debería preocuparse. Pero está visto que la dinámica que impera es otra.
P.: ¿Alcanzará con la prédica del BCE y del Banco de Japón, o con sus políticas concretas, para mantener a raya la ansiedad? ¿O habrá que convencer a la Fed de que se incorpore a la cruzada?
G.G.: Es una gran paradoja. El BCE y el Banco de Japón consiguen movilizar las expectativas con los anuncios de nuevas medidas de estímulo en el margen, y, a la vez, la visión que rige sobre la economía global es muy sombría. Lo que refleja un gran escepticismo sobre la efectividad que han tenido las políticas de estímulo, que se han acumulado como capas geológicas, en todos estos años de aplicación masiva.
P.: A ver si lo entendí, los inversores no creen que las políticas no convencionales hayan funcionado, dudan de su efectividad y tienen una lectura negativa de la realidad económica, y, sin embargo, reaccionan con entusiasmo cuando se les anuncian nuevas grageas de la misma medicina.
G.G.: Eso es lo que estamos presenciando. Viene Draghi y nos dice que irá por más. Y que no tiene límites. Y consigue rápidamente efectos "reales". Da vuelta los mercados como una media. En el acto. Usted pregunta, ¿alcanzará? Si somos coherentes, y pensamos que es un placebo, aumentar la dosis no debería servir para producir ningún alivio, y menos una mejoría duradera. Lo mismo se podría decir del Banco de Japón.
P.: Por lo visto, las convicciones del mercado no son muy sólidas. No estamos seguros de que estas políticas sirvan, pero tampoco estamos convencidos de que no sirvan para nada.
G.G.: El tiempo nos lo dirá. Es el abecé del mercado lateral. No sabemos qué esperar. ¿Vamos por los récords o por un bear market? Que la realidad responda, y aclare la confusión. A decir verdad, con la cabeza fría, podemos reconocer algunos hechos ciertos. El mundo está creciendo; no cómo nos gustaría, hay dificultades pero no hay una recesión global. Las políticas de estímulo tampoco son una panacea, pero generan beneficios tangibles, mensurables. Gracias a ellas, Europa zafó de caer en una triple recesión, y se recupera paso a paso. Japón dejó atrás la deflación con las Abenomics, aunque no consigue fabricar una inflación del 2%. ¿Dónde estamos? Si se quiere en el limbo, muy lejos todavía del paraíso prometido. Pero, esto no es el infierno. Ni mucho menos. La única duda es si no debemos ajustar un poco la valuación. Y diría que en eso estamos.


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