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Diálogos de Wall Street
¿Comenzó la guerra comercial? ¿O es el corso de Carnaval? La Bolsa festeja y sube con ganas. ¿Cómo se entiende? Lo explica Gordon Gekko, nuestro hombre en la trinchera de los mercados internacionales.

P.: No sólo son nubarrones. Empezó a llover. EE.UU. y China ya chocaron sus armas. Y la hoja de ruta-que sumará restricciones a un universo creciente de bienes y servicios- apunta a una espiralización. ¿Cómo es que no golpea con fuerza?
G.G.: Que lo hiciera en abril, que no lo haga ahora, no niega que tal vez ocurra mañana. O pasado. Hoy Wall Street se inclinó por una lectura benigna. Trump está negociando. Esto no es la guerra, sino juegos de guerra, su forma de encarar la negociación. A la manera de lo que fue la disputa con Corea del Norte (que, por otra parte, tampoco parece asunto terminado). Y es por eso que los mercados pueden desentenderse y subir de la mano de otra información, como ser un buen informe del mercado de trabajo.
P.: La vida normal continúa...
G.G.: La economía creó 213 mil empleos netos en junio, muchos más que lo esperado. Se revisaron en alza los guarismos de mayo y abril. Y si bien la tasa de desocupación trepó al 4% (lo que tampoco está nada mal), ocurrió por la mejor de las razones. Más y más gente se suma a la oferta laboral porque confía en que conseguirá trabajo. Wall Street se montó en la ola de una economía que sortea los peligros, y avanza.
P.: Tampoco se recalientan los salarios como podía pensarse de antemano.
G.G.: Ahí se observa la influencia de una oferta elástica de trabajo. Hay que agradecerle a Janet Yellen, la exnúmero uno de la Fed, que fue muy paciente y contuvo a la política monetaria confiando en que este efecto iba a aflorar y ser importante.
P.: ¿Qué necesidad tiene Trump de promover la confrontación en el comercio internacional si la economía de los EE.UU. funciona como un violín? ¿No sabe que le puede salir el tiro por la culata?
G.G.: Nobleza obliga, está cumpliendo sus promesas de campaña. Es su convicción. Podrá ser lamentable, es un peligro, pero es suya. Y de verdad cree que podrá sacar una tajada mayor. Por supuesto, Trump no computa todos los costos, y no piensa a muy largo plazo.
P.: En las minutas de su última reunión, la Fed expresó su preocupación por el comercio. Ahora se cruzó un umbral. ¿Cómo incidirá en los planes?
G.G.: Alentará una inquietud mayor. La mancha de aceite se esparce más y más. ¿Estamos jugando con fuego? Sí. Y Trump aviva la fogata. ¿Habrá cambio de planes? No lo creo. La Fed, si se quiere, está rodeada por peligros diversos. Desde que asumió Jay Powell poco después de que Trump consiguiera la reforma tributaria, que baja impuestos y no toca el gasto. En pleno empleo, entre la espada y la pared, no soltará la espada.
P.: Continuará con la suba de tasas...
G.G.: Está convencida de que es lo mejor que puede hacer. Sin ignorar que, si el mundo se quema en serio con el fuego que encendió, ahí sí, tendrá que girar en una baldosa. Pero no antes.


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