Cuatro obras nacionales de estilo libre se estrenan hoy. La más llamativa es "Dioses de agua", de Pablo César, que cuenta las aventuras de un etnólogo desde el Pilcomayo al Kwanza, las cataratas de Kalundala y los rarísimos templos coptos de Lalibela, desde los tejidos quom hasta los dogon y los dibujos tchowke con su cosmogonía africana de dioses anfibios llegados de las estrellas, misterios expuestos de un modo inocente e inquietante. Intérpretes, Juan Palomino, Boy Olmi en destacable composición; Onésimo de Carvalho Salvador, licenciado angoleño residente en la Argentina; y Charo Bogarin. Punto de partida, los libros de Marcel Griaule, Germaine Dieterle y Débora Lifchitz, que ya habían inspirado a Erich von Daniken su best seller "Recuerdos del futuro". Por ahí va la tesis.
Palomino también actúa en "Yarará, de Sebastián Sarquís, que propone otro tipo de viajes, a San José del Rincón, las orillas del Colastiné y la narrativa de Juan José Saer y Nicolás Sarquís. A la memoria de ambos está dedicada la película, que entremezcla personas y personajes, encuentros y reencuentros, el cuento "Palo y hueso", que filmó el padre, y el cuento "El camino de la costa", que filma el hijo; dos historias "saerianas" bien relacionadas entre sí. El resultado es irregular, pero interesante, motivador y agradecido. En el elenco, el veterano Omar Fanucci (el mejor), Héctor da Rosa y su pareja entonces adolescente de "Palo y hueso", Juana Martínez, que nunca salió del pueblo.
En "Réimon", de Rodrigo Moreno, se viaja dos horas de ida y dos de vuelta, del conurbano hasta Carlos Pellegrini casi Libertador, donde la protagonista limpia y cocina mientras los dueños de casa estudian "El capital", de Carlos Marx. La idea suena interesante, permite reflexiones y críticas, pero no avanza para ningún lado y la película se hace más larga que el viaje de la muchacha. Un hallazgo, Marcela Días como la joven bien arregladita que escucha el "Preludio a la siesta del fauno" con más atención que sus patrones. Otro hallazgo, que uno de ellos la llame Réimon, en vez del Ramona de bautismo (como el personaje de Antonio Berni).
Por último, "La parte automática", de Ivo Aichelbaum, evoca la etapa del padre del autor como médico de frontera durante la Revolución Sandinista, y luego desarrolla una serie de viñetas sobre su propio viaje a Israel, donde el padre, según cuenta, es un verdadero fracasado. El asunto podría ser interesante, tiene algunas observaciones valiosas, pero resulta deliberadamente aplastado por una voz en off metálica, distante, una selección de imágenes que parecen de descarte y una antología de gente que canta del modo más aburrido y desentonado posible. Demasiado modelo de cine alemán espantapúblico visto en el Bafici.
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