«Sólo puede redistribuirse riqueza después de haberla generado, y sólo con un Estado comprometido con la sanción de reglas de juego claras y estables y con instituciones eficaces para arbitrar los conflictos de intereses que existen en toda sociedad podrá encararse un diálogo social maduro y productivo, capaz de obtener consensos y llegar a acuerdos de larga duración». A pesar de que en el inicio de su discurso Héctor Méndez advirtió que no debía ser interpretado como «opositor», el titular de la Unión Industrial Argentina (UIA) hizo una dura crítica a las políticas oficiales.
Interrogantes
El dirigente se preguntó varias cosas, todas ellas materias pendientes del Gobierno con el sector industrial:
«¿Cómo es posible que tras seis años sigamos esperando una ley de reinversión de utilidades que atienda las necesidades de las pymes? ¿Que siga el conflicto del campo cuando se comprueba el daño que produce a la producción industrial? ¿Que siga demorado el pago de reintegros a la exportación, las devoluciones de IVA y el pago de compensaciones? ¿Que surjan proyectos de ley que generan mayores costos, pérdida del poder de dirección y que terminan sumando inseguridad jurídica e inhiben la creación de empresas y empleos? ¿Que siga pendiente una ley de ART cuya demora conspira contra la capacidad de subsistencia de una inmensa cantidad de pymes, y que favorece a la industria del juicio? El discurso de Méndez explica a muchos por qué nadie del Gobierno acompañó a la UIA en el Día de la Industria. Está claro que la distancia que separa hoy a la central fabril del régimen de los Kirchner no es menor. De hecho, un día antes la Presidente eligió otra entidad (CAME) para el festejo de una fecha que siempre fue de la UIA. La entidad organizó un austero brindis que cerró un seminario destinado a tratar la problemática de las pymes.
Méndez, tras recordar un quinquenio de crecimiento «a tasas chinas», agregó que «la industria manufacturera fue el sector de mayor contribución al crecimiento»; dio cifras de creación de empleo, exportaciones, y dijo que «a todos comenzó a inundarnos un creciente optimismo». Pero a continuación afirmó que «los tiempos han cambiado en nuestro país y en el mundo. La crisis desatada en las economías centrales detuvo el crecimiento mundial y, en nuestro ámbito doméstico, se vieron afectados todos los sectores productivos».
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