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Egipto: mercados esperan definiciones en 48 horas
Hosni Mubarak
Ayer, pese a las bajas en Europa y otros mercados asiáticos, el protagonista fue el petróleo, y, por ende, las principales ganadoras, las compañías energéticas, como se vio en Wall Street.
Por el momento, los inversores miran cautos el desarrollo de la crisis que jaquea al Gobierno de Hosni Mubarak. Y ello se reflejó en el comportamiento del oro, que ayer cayó un 0,60% y cerró debajo de u$s 1.330 la onza (llegó a tocar los u$s 1.322,9). Fue la primera caída mensual en los últimos seis meses. Esto demuestra que aún no rige el pánico inversor. Pero los operadores consideran que si se extiende la rebelión, es dable esperar que se intensificarán las compras con motivo de refugio. En Nueva York, donde se vivió una jornada positiva por buenos datos económicos y balances con ganancias, los futuros de oro para abril bajaron 7,20 dólares a 1.334,50 la onza.
Quizás el «efecto faraón» sobre el oro fue ayer que la caída no fue mayor. Todavía no sonó la alarma. Por ende, la lectura de los analistas es que para los inversores el conflicto en Egipto es un tema temporal.
De todos modos, el desenlace de la crisis en Medio Oriente, sobre todo ahora que Israel rompió el silencio, será el faro para los mercados occidentales a lo largo de las próximas jornadas. Frente a este panorama, tanto los datos económicos, sobre todo de EE.UU. (dato del empleo en enero) como las emisiones de deuda norteamericanas y de Francia, España, Portugal pasaron a segundo plano.
Sin embargo, varios analistas ya comenzaron a dar señales hacia dónde redireccionar las inversiones por la nueva crisis: activos más defensivos, con altas rentabilidades por dividendo y de elevada liquidez, como los papeles de telecomunicaciones, servicios públicos, grandes petroleras y farmacéuticas. Es decir, todos aquellos sectores que se quedaron rezagados en los últimos meses en relación con los activos de perfil más cíclico.
El miedo de los inversores, fundamentalmente los occidentales, es que la crisis egipcia se expanda a otros países musulmanes y que los Gobiernos caigan en manos de los islamistas más radicales, como ya ocurrió 30 años atrás con el Sha de Irán. Si ello acontece, la probabilidad de que se produzca un conflicto armado con Israel sería muy grande. Por tal razón, el viernes se vio cómo en Wall Street muchos inversores aprovecharon para deshacer posiciones. Fue la excusa perfecta que esperaban para tomar ganancias tras el último rally.
De modo que no solo pesan en el ánimo inversor las implicancias sobre el petróleo, sino también las consecuencias geoestratégicas, por el Canal de Suez y porque Egipto tiene una enorme capacidad de influencia sobre el resto de países de la zona, actualmente sometidos a revueltas populares. En este sentido, suena poco probable que El Baradei, el negociador de la crisis del país africano, sea capaz de dirigir él solo la transición, de modo que tendría que contar con la colaboración de extremistas islámicos.


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