Eifman: “Antes que la palabra estuvo el gesto”

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El arte y las pasiones de Auguste Rodin subirán desde mañana al escenario del Teatro Colón con el estreno local del ballet "Rodin" (2011), de Boris Eifman, con música de Ravel, Saint-Saëns, Massenet, Debussy y Satie, a cargo del Ballet Estable.

El elenco está encabezado por Juan Pablo Ledo (26, 27, 31) y Matías Santos (29, 30) como Rodin, Nadia Muzyca (26, 27, 31) y Luana Brunetti Mattion (29, 30) como Camille Claudel, Daiana Ruiz (26, 27), Manuela Rodríguez Echenique (29, 30), Paula Cassano (31) como Rose Beuret y Alejandro Parente (26, 27) y Vagram Ambartsoumian (29, 30, 31) como Claude Debussy. Emmanuel Siffert estará al frente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. La escenografía es de Zinoviy Margolin, el vestuario de Olga Shaishmelashvili y la iluminación de Gleb Filshtinsky.

Habrá cinco funciones: sábado 26, martes 29, miércoles 30 y jueves 31 de julio a las 20.30 y domingo 27 de julio a las 17. Eifman nacido en 1946, estudió en Leningrado y trabajó en la Academia Vaganova de Ballet Ruso componiendo nuevos trabajos para las presentaciones estudiantiles. En 1977 formó su propia compañía, y está considerado uno de los más importantes coreógrafos contemporáneos.

Dialogamos con Eifman, llegado a Buenos Aires esta semana para asistir a la première argentina:

Periodista: Si bien tienen puntos en común, la escultura y la danza parecen ser opuestas en su búsqueda. ¿Qué lo llevó a unirlas en esta obra?

Boris Eifman:
Un escultor y un coreógrafo tienen mucho en común, porque ambos intentan durante toda su vida descubrir el misterio del cuerpo humano. Mientras el escultor trata de congelar el momento y en ese estatismo reflejar el dinamismo interior, el coreógrafo trata de reflejar la dinámica interior del hombre a través del movimiento. Por supuesto lo más importante es el cuerpo humano como un instrumento que refleje la vida interior que lo anima. Por eso a mí me interesó personalmente el arte del escultor, pero especialmente me apasionó siempre la creación de Rodin; no solamente su obra de arte sino también su vida, tan especial. En este espectáculo no está reflejado él en solitario sino en contacto con el mundo que lo rodeaba, su alumna y amante Camille Claudel y todos los que lo circundaron en su vida.

P.: ¿De qué manera está retratada la figura de Camille Claudel?

B.E.:
Ella es también un personaje extraordinario que no ha sido suficientemente valorado hasta ahora. Ella tenía 18 años cuando se encontró con Rodin, y era increíble porque era como un Mozart de la escultura por su precoci-

dad, a los 19 hacía esculturas que todos pensaban que eran obras de Rodin. Es increíble que antes de conocerse ambos fueran tan cercanos en su obra. Ese encuentro con ella le dio mucho a Rodin, él cambió su estilo en algo más emocional y tomó muchas ideas de esa muchacha genial. Pero ese encuentro a ella la aniquiló, porque anhelaba ser musa, esposa y escultora, pero Rodin siempre la mantuvo en la sombra y utilizó sus ideas. La poeta Anna Ajmatóva tiene una frase: "Si uno pudiera saber de qué miserias puede nacer la poesía". Este espectáculo gira en torno a esto, porque mostramos cuáles son las víctimas y las cosas por las que tiene que pasar un escultor para poder crear. Para mí fue importante mostrar no sólo la escultura sino su proceso de creación, los tormentos y la pasión del creador, su mundo interior. El espectáculo es apasionado, emocional y muy teatral; en él se conjugan las mejores tradiciones teatrales con una coreografía y una tecnología escénica contemporáneas.

P.: ¿Cuáles fueron sus fuentes para el trabajo con estos personajes?

B.E.:
Aquellos que conocen a Rodin no deben buscar la ilustración de su imagen, porque Rodin era evidentemente más robusto, y esto no es cine, es un ballet. El ballet no muestra la representación exterior sino su mundo interior. Si uno piensa "No, no es parecido a Rodin", al final del espectáculo tal vez ve que sí, porque junto con el héroe y con el bailarín va viviendo la historia de él, de Camille y la de la esposa de él; allí reside la fuerza del arte del ballet.

P.: Como creador, ¿cree que se debe dar una visión definida sobre los personajes, en este caso reales, o dejar que el espectador saque sus conclusiones?

B.E.:
Nunca critico a mis héroes. Busco entenderlos, entender qué los movilizó y empujó a hacer una cosa u otra, sin importar si ese acto no era muy ético, de todas maneras es un héroe; no puede dejar de ser interesante para mí porque en ese caso dejaría de serlo para el espectador. Rodin fue egoísta; él atraía hacia sí todo lo que lo rodeaba, pero dejó a la humanidad una gran cantidad de obras de arte y la enriqueció con ellas. Él tenía un objetivo, y cada uno tiene que resolver ese dilema de si el fin justifica o no los medios.

P.: ¿Cómo evalúa el trabajo que ha hecho la compañía con sus asistentes?

B.E.:
Hicieron un enorme trabajo. Por supuesto siempre hace falta tiempo para llevar eso a la perfección. Mis asistentes dieron todo de sí mismos para que todo saliera adelante, y fue una sorpresa muy agradable ver el entusiasmo y el interés con el que trabajaron el elenco y el cuerpo de baile, el deseo con el que trataron de aprehender todo este material muy difícil.

P.: Volviendo a su concepto inicial, ¿cree haber, como coreógrafo, desentrañado el misterio del cuerpo humano?

B.E.
: Es una creación divina, y nadie lo puede descubrir. Mi tarea es utilizar todas las posibilidades del cuerpo humano para reflejar lo que sucede en el interior del alma. La Biblia dice "En el principio fue la palabra", pero yo considero que antes estuvo el gesto. El ser humano empieza a bailar en el seno materno porque está conectado con sus emociones. Eso significa que el cuerpo humano es un instrumento muy fino y delicado para reflejar el alma, pero descubrir su misterio es imposible.



Entrevista de Margarita Pollini

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