9 de diciembre 2014 - 00:00

El arte contemporáneo con espacios a medida

Barro, la inmensa galería que se acaba de inaugurar frente a la Usina del Arte, en La Boca.
Barro, la inmensa galería que se acaba de inaugurar frente a la Usina del Arte, en La Boca.
 En las zonas suburbanas de las grandes megalópolis del mundo suelen verse galpones, fábricas y depósitos que van quedando vacíos. La arquitectura industrial, en áreas cada día más urbanizadas, ya no cumple su función original. Pero el arte se siente a sus anchas en esos inmensos espacios.

Un notable cambio de escala caracteriza a gran parte de las obras contemporáneas producidas en estas últimas décadas. Este salto de las dimensiones del arte impuso un imprescindible aumento en la superficie de las galerías. Y el cambio vino acompañado por un giro rotundo de estilo.

Frente al fenómeno de expansión de la producción artística, los galeristas descubrieron el tesoro de los diseños industriales. Los primeros divisaron las naves y almacenes portuarios del barrio neoyorquino de Chelsea. Allí, sin retacear una moneda, con un mercado en alza, la arquitectura fue intervenida con las más sofisticadas restauraciones. La belleza de este patrimonio mostró entonces todo su potencial y un glamour inocultable quedó a la vista.

La arqueología industrial ya había limitado la destrucción de esta herencia, había motivado su estudio y la puesta en valor. No obstante, recién cuando arribó el arte, estos edificios grises revelaron su esplendor. Con una mirada certera, la galerista porteña Nuria Kehayoglu mudó la sede que tenía la galería Praxis en el Upper East de NYC hasta el glorioso enclave de Chelsea. Allí, los argentinos que expusieron sus obras, Tulio de Sagastizábal, Cecilia Biagini y Jorge Miño, se codeaban con las estrellas de Pace, Mary Boone o Gagosian.

La migración de las galerías y centros del arte hacia la geografía suburbana y la arquitectura industrial, fenómeno frecuente en Europa y EE.UU., se extendió hacia países cercanos como Chile, Colombia, Brasil o México, pero no había llegado a la Argentina. Claro, con la excepción del Museo Macro de Rosario, un precursor de esta tendencia con los silos Davis cargados de obras de nuestra contemporaneidad.

Hace apenas unos días la galería Ruth Benzacar, que desde el año 1983 y hasta ayer ocupó el subsuelo de Florida 1000, cerró esta sede y se trasladó al corazón de Villa Crespo, a la calle Velasco 1287, entre Darwin y el cruce ferroviario de la línea San Martín. La inauguración del flamante y enorme local, demuestra que el antiguo concepto de la "caja blanca" para exhibir arte, está todavía vigente y se puede adaptar a otros usos.

El galpón pintado enteramente de blanco, con su condición abstracta y despojada, no sólo suplanta exitosamente la célebre "caja", permite además un mayor lucimiento de las obras. La amplitud de la superficie y una altura que se visualiza casi ilimitada, el reverberar de la luz y del blanco que trae el recuerdo de los talleres renacentistas, genera en esta vieja marmolería una atmósfera especial. La noche del vernissage no había arte, el edificio era la obra, y la historia de tres generaciones de galeristas, Ruth y Orly Benzacar y Mora Bacal, decididas a posicionar las expresiones de sus artistas modernos y contemporáneos aquí y en el mundo, logró colocar a los invitados fuera del tiempo, los llevó a ese tiempo dilatado que es el del arte.

Por otra parte, los operadores del mercado tienden siempre a concentrarse en determinados circuitos, de este modo facilitan y estimulan las giras de los espectadores y clientes. Lo cierto es que en el mapa de Buenos Aires ya se divisa el dibujo de dos nuevos recorridos que se suman a los muy nutridos de San Telmo, Puerto Madero, Retiro o Palermo. La ciudad amanecerá en 2015 colmada de arte.

En los primeros días de noviembre la galería Barro abrió sus puertas en la calle Caboto 531, en el Distrito del Arte porteño, frente al palacio de la Usina del Arte, en un antiguo estacionamiento de camiones de caudales que hasta tiene un primer piso de 350 metros destinado a albergar talleres de artistas. Su director, Nahuel Ortiz Vidal inició su carrera en la rematadora Roldán y seducido por el arte contemporáneo devino galerista. En la exhibición inaugural, "Precipitar una especie", Matías Duville demostró su capacidad de adaptación, desplegó el encanto inefable de su obra en los 600 metros de la sala. Y creó un mundo fabuloso.

También en el barrio de La Boca, sobre la calle Wenceslao Villafañe 485, se levanta Prisma, un espacio de 500 metros, un galpón que ostenta en su inconfundible fachada un gran cartel de Nicolás Mastracchio. Luego de cerrar su espacio de la cortada Tres Sargentos, Alberto Sendrós comenzó a gestar un lugar apto para desarrollar una actividad inspirada en el concepto alemán de "Kunsthalle" o, casa de arte, más cercana a la de un museo que a la de una galería. Con este criterio Prisma se dispone a presentar exposiciones con curadores invitados, además de simposios, conciertos, funciones de teatro y estrenará un taller con residencia que albergará a Catalina León. Aunque antes de todo eso, el 13 de diciembre abrirá sus puertas con una fiesta que se augura memorable. Esa misma noche quedará subrayada la línea que se extiende desde Prisma hasta la Fundación Proa: ambas instituciones estarán juntas, en una misma celebración.

Entretanto, no había pasado una semana desde aquella concurrida inauguración de Barro, cuando Nora Fisch festejó su mudanza de Recoleta a Villa Crespo, a la Avenida Córdoba 5222. "No es un espacio pequeño ni doméstico, pero tampoco es un galpón", aclara Fisch.

Cerca de allí, en la misma y pujante zona, se instaló en el mes de mayo Document Art Gallery y ocupó los 600 metros de una fábrica textil de la calle Castillo 243. Ricardo Ocampo Feris cuenta que la galería posee, además de la sala de exhibiciones, varios estudios y talleres de artistas, una editorial con sello propio, una biblioteca de consulta y añade que, próximamente van a inaugurar una residencia de intercambio con artistas y curadores internacionales. Por lo demás, Document Art es una galería especializada y su fuerte es el archivo de documentos originales (manifiestos, publicaciones, fotografías, etc) de los movimientos de vanguardia surgidos en el continente latinoamericano a partir de los años 40. De este modo, silencioso, pero constante, hasta la calle Castillo llegan investigadores de todo el mundo.

El Gobierno porteño, empeñado en estimular la llegada de nuevos pobladores al Distrito del Arte (Sur de San Telmo desde la Avenida San Juan, La Boca y una breve parte de Barracas) brinda beneficios fiscales para diversas actividades artísticas. Se trata de exenciones impositivas del 100% por 10 años (IIBB, ABL, Delineación, Construcción y Sellos). Además, el Banco Ciudad otorga créditos con tasas subsidiadas por el Ministerio de Desarrollo Económico, y el porcentaje que se destina al Mecenazgo se amplió para proyectos del Distrito.

Ahora, cuando el viento sopla a favor, la Fundación Andreani construye un espacio de producción y exhibición de arte que lleva la firma de Clorindo Testa. En efecto, cada día aparecen nuevas propuestas, como la casa para residentes suizos frente a la Usina o, La Verdi, el laboratorio de artistas dirigido por Ana Gallardo en el histórico Teatro Verdi. Lo cierto es que la Fundación Proa ya no estará sola frente el Riachuelo. Allí mismo comenzará el 2015 para la gente del arte, cuando el artista chino Cai Guo-Qiang ilumine la Vuelta de Rocha con sus fuegos de artificio.

Dejá tu comentario