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El castrismo se debate hoy entre la reforma y el colapso
• ABRE UNA ECONOMÍA AGOBIADA POR EL ESTATISMO, PERO REFUERZA LA CENSURA Y EL ACOSO A LAS VOCES LIBRES
Yoani Sánchez, galardonada con prestigiosos premios periodísticos internacionales, es una de las exponentes más lúcidas de la nueva intelectualidad cubana y una de las voces más temidas por el régimen comunista.
«Cuba está entrando en un proceso de atrevimiento», sentencia Yoani, quien se confiesa optimista «por más que», dice, «ser optimista en la Cuba de 2011 es un acto contestatario, de rebeldía». Es que los pronósticos que vienen desde el poder no son, precisamente, positivos. Desde 2008 que el mismo Raúl Castro insiste en que vendrán tiempos más difíciles. Esos tiempos ya llegaron: en los próximos meses, en la búsqueda por encoger al Estado paquidérmico, 1,5 millón de empleados estatales quedará en la calle, y la libreta de racionamiento, con productos básicos subsidiados, va camino a la extinción.
Menos miedo
«A pesar de las proyecciones catastróficas para la economía, soy optimista respecto del proceso lento e irreversible en el interior de los cubanos, en el que la crítica ciudadana irá en aumento, habrá menos miedo, sentirán que la máscara es cada vez más innecesaria y que ya no se traduce en privilegios y subsidios», explica. Yoani confía en que se restablezcan los vínculos, que se tiendan de nuevo los puentes entre cubanos, «dinamitados mediante el miedo, la paranoia, la desconfianza a que el otro sea o un agente de la Seguridad del Estado o un infiltrado de la CIA». Pone sus esperanzas en la tecnología, que «dará nuevas plataformas para lanzar nuestra voz, primero al mundo, y después, por rebote, hacia el interior de la isla». «Porque lamentablemente», agrega, «aunque el monopolio estatal de la información está resquebrajado, todavía conserva el poder y aprieta con la censura».
Y eso de la censura está a la vista. No solo por los tres diarios escuálidos que circulan (Granma, Juventud Rebelde y Tribuna de La Habana), salidos todos de las imprentas castristas, sino por el acceso a internet. Lentísimo. Amputado. Y reservado para los «privilegiados» del Gobierno y los hoteles: el cubano común que quiera conectarse a la web tiene que pagar entre u$s 8 y u$s 10 la hora, cuando el salario promedio es de u$s 25. Las cinco señales de TV, mientras tanto, parecen inspiradas en «La invención de Morel». Repiten, de manera circular, material referido a la Revolución.
La restricción forma parte, también, del día a día de Yoani. Se sabe escuchada, se sabe «caminada». «Solo di lo indispensable cuando hablemos por teléfono», me previno. «No des nombres», remarcó. Así, resulta obvio preguntarle, frente a frente, cómo convive con las tenazas a la expresión y al disenso. «La represión cambió de estilo», dice. «Si antes existía la amenaza de que te detuvieran y te llevaran a juicio y una sentencia de diez años en la cárcel, eso disminuyó ostensiblemente gracias a las nuevas tecnologías», explica. «Cuidan mucho de que no aparezca la imagen de un militar, con su uniforme, para no mostrar al mundo las verdaderas huellas de la represión; buscan que todo quede entre las palabras de la víctima y las palabras de ellos», explica.
En febrero del año pasado, Yoani Sánchez fue detenida cuando se dirigía al velorio de Orlando Tamayo Zapata (disidente preso que murió después de una larga huelga de hambre). Mientras la interrogaban, su celular -confiscado- grababa las órdenes y conversaciones de la Policía; ese audio, con pruebas, fue posteado luego en la web.
«Hay orden de no golpearme ni apresarme», aclara, «pero reforzaron la campaña de difamación y aislamiento hacia mí». Ámbito Financiero fue testigo de cómo Yoani pregunta si su presencia resulta comprometedora para el dueño y los parroquianos cada vez que ingresa a un sitio público, tales como una confitería o un «paladar», restorán de iniciativa privada (ver recuadro aparte).
«Existen diferencias ostensibles entre la Policía de uniforme y la policía política, «secreta, vestida de civil paisano», prosigue. «Mientras que la policía política hace detenciones arbitrarias, ilegales e intimidatorias, la uniformada (que se ocupa de la delincuencia y criminalidad) fue distanciándose del tema político: no por una orden de arriba, sino porque no quieren quedar asociados con la represión», agrega. Muchas veces, dice Yoani, cuando «la de paisano» lleva a un disidente a la estación de Policía, los uniformados alegan no tener nada que ver. «Es una posición de oportunismo de cara al futuro», explica, para agregar que con Raúl Castro, la policía política, y sobre todo, la Sección 21 de la Seguridad del Estado, que se ocupa de los disidentes e inconformes, «alcanzó su punto climático, porque Raúl controla desde la militarización y no desde el micrófono y la tribuna, como hacía Fidel».
Internet
¿Y cuál es el mayor temor del régimen? «Los ciudadanos como yo, emponderados por la información y por la palabra», contesta. Yoani reinvierte la mayor parte de sus ingresos en un lujo de aquellos en Cuba: horas de internet en los business centers de los hoteles. Es también el sostén económico de varios otros blogueros y de proyectos de revistas. «Están acostumbrados a gobernar sobre indigentes informativos y materiales, están acostumbrados a que los que se sienten incómodos se vayan, a que los críticos emigren, a empujar fuera de Cuba a todo aquello que los molesta», dice. «Ellos (los Castro) no me gustan, tampoco su partido ni su ideología, pero yo no me quiero ir de Cuba», postula. No le faltó oportunidad: durante dos años estudió informática en Suiza y eligió volver.
Casada con Reinaldo Escobar, periodista disidente, y madre de un adolescente, Yoani ya es otra «marca» cubana que se agrega al ron y a José Martí, los habanos y lo real maravilloso de Alejo Carpentier, el Granma y los Castro. «Más me quiero quedar, más elijo seguir en mi Cuba, mayor será la agresividad de ellos», dice Yoani Sánchez. ¿Si tiene agallas? Por algo la revista Time la incluyó entre las 100 personas más influyentes del mundo en la categoría «Héroes y pioneros».


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