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El efímero pacto Macri-Massa, los vices K y el factor Santa Fe
Hoy el sciolismo saldrá a campañear con un afiche de Daniel Scioli junto a Cristina de Kirchner, algo que hasta ahora no había ocurrido. En simultáneo, Florencio Randazzo sacó su cartel con la Presidente.
Pero sonó el teléfono y el trabajoso pacto cayó. Con la desconfianza como abono, Massa anuló un acuerdo que quizá no fue más que un recurso para cotizar en otra terminal, la del PJ oficial, donde lo inducen a seguir en la grilla. En el revoleo, José Manuel de la Sota, después de tomar un café con el tigrense el sábado y de una charla telefónica el domingo, le perdió el rastro. Lo mensajeó el lunes y temprano el martes, pero no tuvo respuesta. Se resignó con un tuit: "@SergioMassa te deseamos que tomes la mejor decisión".
El miércoles al atardecer, Eduardo Cergnull, apoderado massista, juntó los papeles y registró el frente UNA, con lo que puso en cuenta común con el cordobés los $ 40 millones en segundos de publicidad del Estado que le corresponden al Frente Renovador por la elección de 2013. Si esta semana se reactivan las charlas entre Tigre y Bolívar 1, ese insumo de campaña no estará en juego porque quedará para UNA.
Para Massa hay, claro, otras urgencias: el tigrense está en un sitio incómodo, entre dividir el voto opositor o plegarse, como accionista minoritario, a la cruzada anti-K de Macri. Malena, su esposa, es la principal usina de la tesis de no ayudar a un triunfo del FpV, menos de Daniel Scioli. Otros, como Joaquín de la Torre, el exrugbier que aporta frialdad, milita la opción Macri, pero advierte sobre un riesgo: el castigo futuro si Massa colabora con Macri para tratar de vencer al PJ. Si ganase Macri, Massa encarnaría al nuevo peronismo; si el porteño perdiese, con Massa de socio, la condena del PJ contra el tigrense podría ser ejemplar y terrible.
El grito final del conteo que anoche se hacía en Santa Fe será un condimento esencial para reabrir, o no, y en qué términos las charlas entre Massa y Macri. Fue el massismo, a través de De la Torre y de Sebastián Galmarini, el que esta vez dijo que cualquier diálogo quedaba clausurado. El macrismo los esperará con una lista con los nombres de los dirigentes que, mientras el tigrense dilataba sus decisiones, circularon por despachos del PRO en busca de acuerdos locales.
El ajustado resultado de Santa Fe, con un final abierto entre Miguel del Sel y Miguel Lifschitz, parecía jugar a favor de Massa porque el puñado de votos que sacaba su candidato, Oscar "Cachi" Martínez, eran oro en polvo y sostenían el argumento para decir que la dispersión siempre era funcional al oficialismo. Con esa lógica, un revés de Del Sel forzaría un aperturismo en el sprint final del cierre de listas y mejoría las condiciones del massismo.
Macri ya tachó el nombre de Carlos Lole Reutemann, que generó un ataque de pánico en el PRO cuando en "Expo Agro" recitó una poesía anti-subsidios y planes sociales. Fue más allá de lo que Macri se permite, siquiera, susurrar ante el espejo.
Al porteño, el kirchnerismo lo terminará admitiendo como un político diestro que, de mínima, sabe aprovechar los errores ajenos. En estos días, en el PRO les rezan a todos los dioses de este tiempo y de la antigüedad para que Cristina de Kirchner decida que Máximo, su hijo, desembarque como candidato en la provincia de Buenos Aires. "Mientras más Cámpora haya en las boletas, mejor para nosotros", dicen los macristas.
De Santa Fe podría surgir otro potencial candidato a vice. Una de las tesis que se manejan en Casa Rosada es que los vices de Scioli y Florencio Randazzo sean dirigentes ajenos al PJ clásico, cuyo caso emblemático es el santiagueño Gerardo Zamora, que logró la magia de ser atractivo para los dos presidenciables K, pero avisó que a él no le interesaba ser segundo de ninguno. Esa especie de neotransversalidad para salir a buscar votos en otros universos, para la que se mencionó a dos gobernadores como Maurice Closs, de Misiones, de ADN radical; y a Antonio Bonfatti, el socialista de Santa Fe, a quien una victoria de Lifschitz podría poner en la grilla con un empujón.
El nivel de dependencia asumida por los candidatos K se verá en estas horas cuando ambos salgan a la calle y a las redes sociales con afiches en los que se muestran junto a Cristina de Kirchner. Randazzo lo hizo con gigantografías el año pasado, pero hasta ahora el gobernador no había puesto a la Presidente en su campaña. En una pieza de Ernesto Savaglio, Scioli sonríe junto a Cristina de Kirchner. Híper-K.


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