¿Es conveniente o no que Juan Martín del Potro participe desde el domingo en el Masters de Shanghai, cuando el fin de semana del 21 al 23 de este mes, el equipo argentino tiene la histórica posibilidad de obtener por primera vez la Copa Davis, cuando enfrente en Mar del Plata a España?
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Ese es el gran dilema, a pesar de que el tenista de Tandil ya dijo que viajará a China.
Del Potro, que consiguió la clasificación cuando en París el francés Tsonga le ganó al estadounidense James Blacke, llega al límite de sus fuerzas tras cuatro meses mágicos de su tenis.
Del Potro había dicho cuando perdió ante su compatriota Nalbandian: «Hay que pedir al cielo que me ayude a clasificar al Masters. Si no es así, por algo será».
El cielo escuchó a Del Potro, que pasó este fin de semana en Tandil junto a su familia por primera vez en mucho tiempo. Los resultados de París determinaron que el argentino se suba en los próximos días a un avión para volar a Shanghai y jugar a partir del domingo próximo el Masters por primera vez en su carrera.
Mientras llega ese momento, Del Potro mira hacia abajo, a los dos dedos gordos de sus pies. Con una herida sin curar desde hace semanas -especialmente el derecho, en el que la uña ya no está-, del Potro no dispone de los 15 días que necesitaría para curarse.
Ahí está la paradoja: jugar el Masters es toda una alegría para el argentino que, sin embargo, no ignora que su gran desafío es la final de la Davis.
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