21 de diciembre 2009 - 00:00

El Fondo del Bicentenario, un nuevo truco del mago

Enrique Blasco Garma
Enrique Blasco Garma
El Poder Ejecutivo decretó la creación del Fondo del Bicentenario, disponiendo el 37% de las reservas internacionales «excedentes» del BCRA, unos u$s 6.500 millones. El objetivo anunciado es garantizar el pago de las obligaciones externas del Estado en 2010. El mercado de bonos tuvo una reacción inicial favorable. El riesgo-país bajó, por varios factores, entre ellos, el pago del servicio de cupón atado al PBI, por unos u$s 1.500 millones y los procedimientos para el canje con los holdouts.

La medida genera discusiones. El Poder Ejecutivo modifica por decreto la Carta Orgánica del BCRA, sancionada por ley del Congreso nacional, y el Presupuesto de 2010, la Ley de Leyes. Como un pase de mago, el decreto concentra la atención de los espectadores en la parte del acto que quieren destacar -la garantía a los acreedores- para distraerlos y que no descubran el truco. ¡Voilá! En nombre de dar certidumbre, la presidente Cristina de Kirchner nos sorprende con un decreto que modifica dos leyes principales para allegarle más recursos. Justo cuando los diputados y senadores están definiendo la integración de las comisiones y el rol del nuevo Congreso nacional frente al Ejecutivo.

Esas dos leyes fundamentales limitan el acceso del Gobierno a fondos de terceros. La Ley de Presupuesto es una de las principales de las naciones organizadas. Hasta la monarquía absoluta de Luis XVI, en la Francia de 1789, tuvo que convocar a los Estados Generales para sancionar mayores impuestos. La iniciativa abrió las puertas a la Revolución Francesa y costó la cabeza del monarca, hartos de tantos atropellos.

En la Argentina, en pleno siglo XXI, la Presidente intenta hacerse de la caja del BCRA sin pasar por el Congreso, recién sancionado el Presupuesto de 2010. De no objetarse el decreto, el Ejecutivo tendrá más fondos que los que acaba de autorizar el Congreso.

La otra ley es la Carta Orgánica del BCRA, que dispone: «En la formulación y ejecución de la política monetaria y financiera, el banco no estará sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones del Poder Ejecutivo Nacional. El banco no podrá asumir obligaciones de cualquier naturaleza que impliquen condicionar, restringir o delegar sin autorización expresa del Honorable Congreso de la Nación, el ejercicio de sus facultades legales». Y en su artículo 19 expresa que «queda prohibido al banco: h) colocar sus disponibilidades en moneda nacional o extranjera en instrumentos que no gocen sustancialmente de inmediata liquidez». Asimismo, el artículo 20 limita los adelantos que el BCRA puede conceder al Gobierno nacional.

Al igual que con la estatización de las AFJP, el Ejecutivo se hace de fondos que no tenía autorizados. Esta vez, lo hace por decreto. Conviene aclarar que el mismo no genera fondos nuevos. Simplemente transfiere reservas, que garantizaban el valor del peso y los depósitos bancarios, a asegurar los cobros de los acreedores externos. Viste un santo desvistiendo a otro. No creo que el Fondo del Bicentenario aquiete el riesgo-país y la inseguridad, a mediano plazo. Para ello, el primer paso debiera ser cumplir las leyes. Nos queda una pregunta: ¿puede construirse certeza con sorpresas permanentes?

La ciudadanía y las empresas quieren tranquilidad, seguridad, para desarrollar sus actividades y crear trabajos productivos. En tanto los partidos políticos negocian el nuevo rol del Congreso, en sintonía con las elecciones de junio, el Ejecutivo nos sorprende decretando el Fondo del Bicentenario, alzándose contra las dos leyes fundamentales comentadas.

Los funcionarios manifiestan estar en condiciones de dar mucha certidumbre. Parece un contrasentido hacerlo con decretos sorpresivos que aumentan la discrecionalidad del Ejecutivo. Los empresarios e inversores se lamentan de la falta de previsibilidad argentina, en comparación con los países vecinos. A pesar de las declamaciones oficiales, el riesgo-país está entre los más elevados, en un continente con varios estados defaulteadores seriales e imprevisibles. Cuando el Gobierno estatizó las AFJP, también proclamó que mejoraría el financiamiento de las obligaciones.

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