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El G-16 progre: sostener o dejar caer a los K
Eduardo Macaluse
El debut del G-16, bloque con integran el SI de Eduardo Macaluse, los socialistas K y ex kirchneristas del Encuentro Popular y Social, el ceteísta Claudio Lozano y Miguel Bonasso, pretende estrenar en el Congreso un esquema político con horizonte en 2011.
Por un lapso, parecerá parcialmente válida la hipótesis cristinista -que opera sobre la teoría de Torcuato Di Tella de bloques ideológicos- de que el oficialismo contará con los votos de sectores del centroizquierda en las discusiones «de fondo».
Lo dijo, el 29 de junio, Cristina de Kirchner cuando difundió por TV cálculos imposibles -que sorprendieron a los propios dirigentes K- al hablar de que el Gobierno tenía 127 diputados en el Congreso, donde sumaba a los de Proyecto Sur, el SI y el Encuentro Popular.
En realidad, los «intereses concurrentes» que empujan en estas horas al G-16 a acompañar, con retoques, la iniciativa oficial de las facultades delegadas no oculta el verdadero trasfondo de ese espacio: su futuro depende, en esencia, del fracaso de los K.
La encrucijada para el G-16, además de las contradicciones puertas adentro, se asienta sobre el precepto -erróneo o no- de que un proyecto político y electoral de ese espacio sólo es posible sobre el derrumbe del kirchnerismo porque se debe nutrir de parte del soporte social K.
Es decir: ahora sostener al Gobierno, para defender algunos ejes propios de la «progresía» vernácula, pero apostar a que en el futuro se cumpla el diagnóstico del fin del kirchnerismo y surgir, de esas cenizas, como un poskirchnerismo sin restos peronistas.
En estos meses, hasta el recambio legislativo del 10 de diciembre, el G-16 tratará de dibujar un esquema de convivencia entre los socialistas K Basteiro y Rivas, los ex K de Libres del Sur Victoria Donda y Cecilia Merchán, el SI residual de Macaluse, el pinista Lozano y Bonasso.
El quiebre será en ese turno cuando entren al Congreso, con bloques aislados pero con la voluntad de compartir un espacio conjunto, Pino Solanas y Martín Sabbatella, candidatos a presidente y a gobernador de la progresía no K, pero que se recelan y se necesitan.
El Proyecto Sur de Solanas y el Nuevo Encuentro de Sabbatella juntaron, en Capital y Buenos Aires, unos 900 mil votos, cifra que crece a 1,5 millón si al paquete se suma el resto de los espacios de ese perfil a nivel país y, sobre todo, a Luis Juez en Córdoba.
La expansión electoral de ese armado necesita del derrumbe del kirchnerismo porque compite con el Gobierno por un mismo nicho de votos.


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