Los costos progresivamente decrecientes de las nuevas tecnologías y de los bienes de capital destinados a la producción dan marco a procesos de automatización de las operaciones industriales que constituyen una tendencia irreversible. La necesidad de adaptarse a los cambios es un factor clave para la supervivencia, crecimiento y generación de utilidades que permitan reinvertir y alimentar el círculo virtuoso que desemboca en demanda de empleo de calidad.
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La industria automotriz y de producción de autopartes constituye un paradigma en ese sentido, con procesos globalizados, plataformas de productos comunes, uso creciente de materiales livianos y más resistentes, e índices de automatización progresivamente mayores de los procesos de producción.
Las nuevas tecnologías , que proveen condiciones de trabajo cada vez más seguras, mejoran la ergonomía de las operaciones y reducen al mínimo la variabilidad de los procesos, condición básica para generar productos de calidad, no destruyen per se empleos; lo que generan es un cambio radical en la calidad del trabajo que se demanda.
La integración de líneas y celdas automáticas de producción demandan operadores con dominio de programación y de las tareas de mantenimiento preventivo que aseguren máximos niveles de OEE ( Eficiencia general de los equipos).
Competir a nivel internacional requerirá optimizar el balance de la relación capital/trabajo en cuanto al uso de ambos factores de la producción. Para su éxito, la introducción de procesos de automatización y de nuevas tecnologías deberá ser soporte fundamental en el cumplimiento de objetivos estratégicos que apunten al posicionamiento como productores de bienes de calidad y en volúmenes crecientes.
Cabe a los empresarios encarar un gran trabajo de capacitación de la fuerza laboral en todos sus niveles, generando oportunidades para todos. La interacción de las empresas con el mundo académico y con la educación técnica media en particular será imprescindible en este nuevo escenario.
Y es una ineludible responsabilidad conjunta de empresarios y sindicatos, propender a la modernización de la organización del trabajo para su adaptación a cambios tecnológicos irreversibles. En el marco de la creciente tendencia a la eliminación de tareas manuales repetitivas, la capacidad de trabajar en equipo, la polivalencia funcional de los trabajadores, la adaptación a procesos de flujo tirado con niveles de stock intermedio mínimos o inexistentes, la necesidad de adecuarse - particularmente en la industria automotriz - a tiempos de trabajo que respondan a las demandas de los clientes, generan una impostergable necesidad de ''aggiornar'' la organización del trabajo.
Este proceso en ninguna circunstancia debe implicar una precarización de las condiciones laborales; por el contrario, debe ser el punto de partida para una organización del trabajo que provea el marco de competitividad necesario para nuestras empresas y a su vez sea base para el crecimiento y el bienestar de nuestros trabajadores.
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