18 de diciembre 2015 - 00:00

“El padre”, con humor y compasión

Daniel Veronese, luego de su incursión cinematográfica como actor en tres largometrajes, vuelve a la escena para dirigir a Pepe Soriano en “El padre”, una tragicomedia sobre un anciano con Alzheimer.
Daniel Veronese, luego de su incursión cinematográfica como actor en tres largometrajes, vuelve a la escena para dirigir a Pepe Soriano en “El padre”, una tragicomedia sobre un anciano con Alzheimer.
Luego de debutar en la actuación a las órdenes de Celina Murga ("La tercera orilla"), Lucía Puenzo ("Cromo") y Lucrecia Martel ("Zama"), el director Daniel Veronese volvió a los escenarios para dirigir "El padre", del escritor y dramaturgo francés Florián Zeller. La obra subirá a escena el 10 de enero en Multiteatro, con el protagónico de Pepe Soriano y un elenco integrado por Carola Reyna, Fabián Arenillas, Magela Zanotta, Marina Bellati y Gabo Correa. Los críticos europeos la definieron como un ingenioso drama sobre el Alzheimer, no exento de humor, en el que el público comparte la confusa mirada del protagonista.

"Cuando terminé de leer la obra, lloré y creo que a los productores les pasó lo mismo. Ahora durante los ensayos me río con las ocurrencias del personaje", dice Veronese. Dialogamos con él:

Periodista: ¿En qué se diferencia "El padre" de "Siempre Alice"?

Daniel Veronese:
Más allá de la magistral actuación de Julianne Moore, la película es muy dura. Es una mujer todavía joven que sufre Alzheimer y, para colmo se dedicaba, a las letras. La película me dejó sin aire; esta obra en cambio me emociona y tiene humor. Para nosotros es alguien que se va despegando de la realidad, y eso genera situaciones risueñas. Imagínelo a Pepe Soriano en ese papel. Con su dulzura y versatilidad hace a un viejo querible, con contradicciones y despistes. Aunque su situación es difícil, se la vive como un hecho natural. Es la creciente soledad que vamos a vivir todos a medida que envejezcamos. Pero él tiene ciertos privilegios porque está en una familia que lo quiere. No está desprotegido como otra gente.

P.: Para su hija es una debacle...

D.V.:
Sí. Ella tiene sus propias necesidades. Se enamoró, quiere irse a vivir a Londres, y de pronto se encuentra con la imposibilidad de sostener el amor hacia su padre. Con la vejez se invierten las relaciones padres e hijos, y eso genera trastornos, incomodidades y culpas. La mujer se plantea dejar a su padre y alguien le dice: ¿Qué querés, entregarle toda tu vida hasta que muera? Ante esa situación habrá gente que dirá: qué mal; otros, qué bien. Una muerte siempre parece innecesaria, inexplicable, pero cuando se trata de una persona mayor, si bien uno lamenta esa pérdida, no pregunta: ¿por qué murió? El deterioro, la muerte, responden a la ley de la vida.

P.: Queda claro que "El padre" no es un caso clínico...

D.V.:
Yo creo que está planteado como un thriller. Hay cierta paranoia del protagonista que se transmite al espectador, que lo ve todo a través del protagonista: extraños que rondan, supuestas maquinaciones. Todo el tiempo se pone en duda qué es real y que no. La obra tiene magia y, cuando se va abriendo esa caja misteriosa, se va entendiendo lo que sucedió.

P.: ¿Podría dar un ejemplo del humor de la obra?

D.V.:
Cuando la hija le recrimina que haya echado a las enfermeras, él se justifica diciendo: ""Tenía una mujer que no conozco metida ahí en casa"/"Pero la llamaste puta"/"¿Yo la llamé puta?"/"Sí, y lloró por eso"/"¿Porque la llamé puta? ¡por favor!" Esos momentos de rebeldía son graciosos, y emociona ver cómo lucha para no perder su lugar. El deterioro lo sufre el enfermo, pero lo padece su entorno. Esta es una obra en donde las mujeres cuidan a los hombres, mientras que los hombres no tienen esa capacidad, son más egoístas.

P.: Hablando de mujeres ¿a usted cómo lo trataron Murga, Puenzo y Martel en su debut como actor?

D.V.:
Muy bien. Son directoras de talento y bien diferentes. Con las tres tuve buenas experiencias.

P.: En sus comienzos fue titiritero, luego integró el Periférico de Objetos y finalmente se consolidó como dramaturgo y director. ¿No va a actuar en teatro?

P.:
La actuación en teatro no termina de cerrarme. En la pantalla es un juego totalmente distinto, no tiene nada que ver con la energía, la constancia y la empatía que tienen los actores de teatro. Ellos gozan con esa exposición. En cambio a mí lo que me fascina es la dirección, allí es donde me expongo. Si yo actuara no podría ir todas las noches a hacer la función. Buscaría alguna excusa el día que no tuviera ganas de subir al escenario. Por ahora sigo abocado a la dirección. En enero reponemos "Bajo terapia" en el Picadero. La obra también sigue en Madrid, y en 2016 se sumará otro elenco en Barcelona. Después voy a dirigir a Maribel Verdú en una comedia de dos parejas que se estrenará en la segunda mitad del año, primero en Bilbao y luego en Madrid.

Entrevista de Patricia Espinosa