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“El padre”, con humor y compasión
Daniel Veronese, luego de su incursión cinematográfica como actor en tres largometrajes, vuelve a la escena para dirigir a Pepe Soriano en “El padre”, una tragicomedia sobre un anciano con Alzheimer.
"Cuando terminé de leer la obra, lloré y creo que a los productores les pasó lo mismo. Ahora durante los ensayos me río con las ocurrencias del personaje", dice Veronese. Dialogamos con él:
Periodista: ¿En qué se diferencia "El padre" de "Siempre Alice"?
Daniel Veronese: Más allá de la magistral actuación de Julianne Moore, la película es muy dura. Es una mujer todavía joven que sufre Alzheimer y, para colmo se dedicaba, a las letras. La película me dejó sin aire; esta obra en cambio me emociona y tiene humor. Para nosotros es alguien que se va despegando de la realidad, y eso genera situaciones risueñas. Imagínelo a Pepe Soriano en ese papel. Con su dulzura y versatilidad hace a un viejo querible, con contradicciones y despistes. Aunque su situación es difícil, se la vive como un hecho natural. Es la creciente soledad que vamos a vivir todos a medida que envejezcamos. Pero él tiene ciertos privilegios porque está en una familia que lo quiere. No está desprotegido como otra gente.
P.: Para su hija es una debacle...
D.V.: Sí. Ella tiene sus propias necesidades. Se enamoró, quiere irse a vivir a Londres, y de pronto se encuentra con la imposibilidad de sostener el amor hacia su padre. Con la vejez se invierten las relaciones padres e hijos, y eso genera trastornos, incomodidades y culpas. La mujer se plantea dejar a su padre y alguien le dice: ¿Qué querés, entregarle toda tu vida hasta que muera? Ante esa situación habrá gente que dirá: qué mal; otros, qué bien. Una muerte siempre parece innecesaria, inexplicable, pero cuando se trata de una persona mayor, si bien uno lamenta esa pérdida, no pregunta: ¿por qué murió? El deterioro, la muerte, responden a la ley de la vida.
P.: Queda claro que "El padre" no es un caso clínico...
D.V.: Yo creo que está planteado como un thriller. Hay cierta paranoia del protagonista que se transmite al espectador, que lo ve todo a través del protagonista: extraños que rondan, supuestas maquinaciones. Todo el tiempo se pone en duda qué es real y que no. La obra tiene magia y, cuando se va abriendo esa caja misteriosa, se va entendiendo lo que sucedió.
P.: ¿Podría dar un ejemplo del humor de la obra?
D.V.: Cuando la hija le recrimina que haya echado a las enfermeras, él se justifica diciendo: ""Tenía una mujer que no conozco metida ahí en casa"/"Pero la llamaste puta"/"¿Yo la llamé puta?"/"Sí, y lloró por eso"/"¿Porque la llamé puta? ¡por favor!" Esos momentos de rebeldía son graciosos, y emociona ver cómo lucha para no perder su lugar. El deterioro lo sufre el enfermo, pero lo padece su entorno. Esta es una obra en donde las mujeres cuidan a los hombres, mientras que los hombres no tienen esa capacidad, son más egoístas.
P.: Hablando de mujeres ¿a usted cómo lo trataron Murga, Puenzo y Martel en su debut como actor?
D.V.: Muy bien. Son directoras de talento y bien diferentes. Con las tres tuve buenas experiencias.
P.: En sus comienzos fue titiritero, luego integró el Periférico de Objetos y finalmente se consolidó como dramaturgo y director. ¿No va a actuar en teatro?
P.: La actuación en teatro no termina de cerrarme. En la pantalla es un juego totalmente distinto, no tiene nada que ver con la energía, la constancia y la empatía que tienen los actores de teatro. Ellos gozan con esa exposición. En cambio a mí lo que me fascina es la dirección, allí es donde me expongo. Si yo actuara no podría ir todas las noches a hacer la función. Buscaría alguna excusa el día que no tuviera ganas de subir al escenario. Por ahora sigo abocado a la dirección. En enero reponemos "Bajo terapia" en el Picadero. La obra también sigue en Madrid, y en 2016 se sumará otro elenco en Barcelona. Después voy a dirigir a Maribel Verdú en una comedia de dos parejas que se estrenará en la segunda mitad del año, primero en Bilbao y luego en Madrid.
Entrevista de Patricia Espinosa

