Rodeado de toda la solemnidad que le permite la República Francesa, en el Palacio de Versalles y ante el Parlamento reunido en asamblea, Hollande precisó el lunes que ampliará a tres meses el estado de emergencia, reformará la Constitución (esencialmente los artículos 16 y 36, referidos a los poderes presidenciales y al estado de sitio), dará más medios a la Policía y la Justicia, e impulsará medidas como despojar de la ciudadanía a los binacionales vinculados con el terrorismo.
De un plumazo, el mandatario segó la hierba bajo los pies de la oposición de derecha, asumiendo como propias varias de sus demandas.
Incluso el retoque de la Carta Magna -en una maniobra que se interpretó como una astuta jugada contra su rival Nicolas Sarkozy- recoge las propuestas hechas en 2007 por un comité encabezado por el ex primer ministro conservador Édouard Balladur... ex mentor y ahora enemigo de "Sarko".
En Francia ya se lo conoce como el "giro securitario" de la presidencia de Hollande, un mandatario impopular entre los franceses por varias razones, la menor de las cuales no es su imagen de cierta blandura frente al "hombre fuerte" que muchos reclaman.
El diario Le Figaro, biblia del conservadurismo francés, saludó ayer, en el título de su editorial, los anuncios del lunes: "Tardía lucidez".
Hasta la líder ultraderechista Marine Le Pen consideró que el discurso contuvo "avances", como la aproximación diplomática a Rusia para crear una sola coalición internacional contra el Estado Islámico. Con todo, ayer dijo que el Gobierno debería haber renunciado tras los atentados.
En su intervención, Hollande dejó un mensaje al ala izquierda de su partido, a sus aliados políticos y a las organizaciones civiles, al garantizar que respetará el Estado de Derecho y las libertades individuales. Sin embargo, no parece seguro que este último mensaje vaya a calmar la inquietud de sus destinatarios.
El Partido de Izquierda, antiguo apoyo de los socialistas y cada vez más distanciado de Hollande, dio la bienvenida a la cooperación con Rusia y aplaudió la renuncia al pacto de estabilidad, pero se mostró muy crítico con el resto de disposiciones. "Hollande propone constitucionalizar el estado de emergencia, lo que es una amenaza para las libertades civiles", dijo el coordinador de la formación izquierdista, Éric Coquerel.
Para éste, el Presidente quiso "calmar a la derecha", pero a través de "una deriva autoritaria de la V República", que su partido pretende refundar.
Igual de beligerantes se mostraron las organizaciones de derechos civiles, como Amnistía Internacional, preocupada sobre todo por la extensión por tres meses del estado de emergencia, dijo su responsable de Libertad de Expresión, Nicolas Krameyer.
Lejos de la unidad nacional que preconiza, Hollande y su Gobierno encaran el desafío yihadista con un país fracturado que guarda dudas sobre su capacidad de afrontarlo. Las elecciones presidenciales de 2017 asoman en el horizonte.
| Agencia EFE |

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