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El pragmático Piñera sueña con un golpe de efecto impactante
Merced a la crisis de los mineros, el ministro de Minería de Chile, Laurence Golborne, pasó de ser un desconocido para la mayoría a ser mencionado como un potencial presidenciable.
Las más esperada es la del rescate de los mineros atrapados en la mina de Copiapó (además de ineludiblemente humanitario, el «show» mediático con mayor rating global de los últimos tiempos). No es ésa la única marca auspiciosa. Las últimas encuestas muestran que el presidente chileno supo surfear la turbulenta marejada que comenzó el 5 de agosto, cuando un accidente en la mina San José dejó a esos mineros confinados en un Séptimo Círculo bajo tierra. Los casi 70 días de vía crucis minero lograron modificar la percepción de la población sobre la gestión del Gobierno piñerista: así como en abril el 31% rechazaba su gestión y sólo el 50% aprobaba su gobierno (índice algo pobre para una administración que había asumido el 11 de marzo), la encuesta CERC de octubre lo muestra al presidente con un 57% de imagen positiva, cifra que crecerá en caso de éxito y que descenderá si surgen problemas. Respecto de las responsabilidades por el accidente minero, el 73% de los chilenos se las achaca a los dueños de San José y apenas el 11% al Ministerio de Minería.
En cuanto a Minería y su ministro titular, Laurence Golborne, es un tema aparte. De ser un funcionario ignoto en julio (conocido por un escaso 16% de la población), hoy el 87% no sólo lo conoce, sino que además aprueba su gestión, convirtiéndolo hasta antes del inicio del rescate en un beneficiario colateral del accidente minero. Sin embargo, mérito tiene este ingeniero de 49 años, diplomado en Stanford, que fue gerente general de la retailer supermercadista Cencosud antes de ser convocado al gabinete de Piñera: desde que quedaron atrapados los 33, la de Golborne fue la cara que recibió, 24 horas al día, las de cal y las de arena dedicadas al Gobierno.
El caso Golborne merece ser seguido con atención: la experiencia indica que en Chile, las catástrofes catapultan candidaturas políticas. Fue el caso del invierno de 2002 con las inundaciones que asolaron a la capital chilena, cuando la ministra de Defensa de Ricardo Lagos, nada menos que Michelle Bachelet, socorrió a los santiaguinos desde un tanque de guerra. Esa imagen llevó a quien desde hace pocos días es la secretaria general adjunta de Naciones Unidas a acceder a la presidencia de Chile en 2006. En cuanto a Golborne, es el ministro con mejor imagen del gabinete de Piñera y el tercero con más futuro político (traducción: presidenciable) después de la misma Bachelet y el actual ministro de Educación, Joaquín Lavín.
El segundo gol que se anotó Piñera en estos meses es el del conflicto de la Araucanía (en la Patagonia chilena), un espinoso tema social, heredado de los anteriores gobiernos de la Concertación y que resolvió mientras las miradas estaban puestas en el Norte, en la mina de Copiapó. El Gobierno, con ayuda de la Iglesia Católica (v.g. el arzobispo de Concepción) consiguió que un grupo de 35 mapuches depusiera los 82 días de huelga de hambre en protesta por el criterio procesal con que se llevaban sus causas por atentados y usurpación de la propiedades. A cambio, la administración Piñera dio una respuesta más propia de un Gobierno de centroizquierda, como el de la Concertación, que de centroderecha, como es el suyo de la Coalición para el Cambio: ofreció no aplicar para el caso de los mapuches la Ley Antiterrorista (creada durante la dictadura de Pinochet y utilizada durante los 20 años de la Concertación con la excusa de que en esa zona «no imperaba el Estado de derecho»).
También, claro, prometió el Plan Araucanía, por el que se invertirán u$s 4.425 millones en obras públicas hasta 2014, para revertir la situación de los 600.000 mapuches que habitan esa región, donde el 27% de la población vive bajo la línea de pobreza; y el 9%, en la indigencia.
El pragmatismo de Piñera tuvo su tercer logro con la aprobación del nuevo royalty minero en la Comisión de Hacienda del Senado (hoy se vota en el plenario de esa cámara y en pocos días se calcula que tendrá su aval en Diputados). Apenas asumió, con la intención de recaudar fondos adicionales para hacer frente a los estragos que dejó el terremoto del 12 de febrero, el presidente chileno fracasó en su intento de modificar el canon minero que regía desde 1974 (llamado DL600, garantizaba la invariabilidad tributaria para las inversiones extranjeras en minería, y un canon que iba del 4 al 9%). Pero a fines de agosto, cuando vio que el caso de los 33 mineros traía cambios positivos en la imagen del Gobierno, se apuró en negociar con la oposición la necesidad de llevar ese impuesto a una tasa de entre el 5% y el 14% para todos los proyectos nuevos y de poner fin a la invariabilidad tributaria a partir de 2018. Así, Chile pasará a ser el país de la región donde más se tribute en minería.
Respecto del cuarto triunfo de Piñera, no es local, sino regional. En contrario a esa imagen preestablecida de intransigente representante del centroderecha, el chileno debe haberle cerrado la boca a más de uno: no sólo reforzó las alianzas regionales con gobiernos de centroizquierda, sino que embarcó de lleno a su país en la nave de la Unasur. Y hasta fue de los primeros en dar el presente en Buenos Aires cuando el 30 de septiembre pasado una frustrada intentona de golpe confinó al ecuatoriano Rafael Correa durante varias horas en un hospital.
Pero la cuestión de Piñera con Correa va más allá de la solidaridad frente a supuestos atentados contra la democracia. Lo demuestra el viaje relámpago que ayer hizo a Quito para sondear el ánimo ecuatoriano frente al diferendo por límites marítimos que Chile tiene con Perú y que será tratado en un mes en La Haya. En ese litigio, Ecuador ha sido requerido por el Tribunal Internacional para exponer su interpretación de los tratados que Chile, Perú y Ecuador firmaron en 1952 y 1954. Fuentes diplomáticas confirmaron a Ámbito Financiero que Quito actuaría en consonancia con Santiago.
Sería otro gol, internacional, para Piñera. Mientras tanto, le resta ahora esperar el desarrollo del cachetazo que recibió de sus vecinos los Kirchner, que acompañaron (indujeron, según algunos trascendidos) el pronunciamiento de la Conare, la comisión para los refugiados que, en contra de un dictamen de la Corte Suprema argentina y de la Justicia chilena, concedió asilo político en vez de la extradición requerida al ex guerrillero Sergio Galvarino Apablaza, acusado de haber cometido un asesinato y un secuestro durante el Gobierno democrático de Patricio Aywlin. Habrá que esperar cómo Piñera resuelve este entuerto con sus vecinos argentinos: lo que está demostrado, hasta ahora, es que al chileno no le faltan ni rating ni timing. Pragmatismo, tampoco.


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