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El quinto socio no es Venezuela; es PDVSA
Hugo Chávez tocó la guitarra el sábado en la localidad de Valencia, en el marco de una gira proselitista.
PDVSA es la principal proveedora de Petropar, la petrolera paraguaya, tanto como de ANCAP, la uruguaya. También, claro, la venezolana es la principal acreedo-
ra de ambas. En el caso de
ANCAP, por pocos días más: según anunciaron la semana pasada Rafael Ramírez, titular de la estatal venezolana y del Ministerio de Petróleo, y Raúl Sendic, mandamás de la uruguaya y posible candidato presidencial con la bendición de José Mujica, antes de septiembre se definiría el pago anticipado de la deuda de u$s 860 millones que tiene con PDVSA. Ancap quedará liberada con una importante quita, señalan en Caracas y en Montevideo.
Alivio
La operación, que dejaría casi en cero al «debe» uruguayo -aliviándolo de las obligaciones de deuda anuales de cerca de u$s 50 millones- incluiría esa «importante quita» en la compra, por parte de ANCAP y a valor de mercado, de bonos de deuda emitidos por PDVSA. Hacia el futuro, la uruguaya seguirá «utilizando el acuerdo de compra de crudo por el que el 25% del embarque se financia a 15 años de plazo a una tasa de interés del 2% anual», dijo Sendic.
Habría, además, otra golosina para la venezolana: del 7,5% de las acciones que hasta ahora PDVSA tenía en Alcoholes del Uruguay SA (ALUR, controlada por ANCAP), ahora pasaría a controlar el 25%.
En el caso argentino, la vinculación con PDVSA se da en innumerables planos, que terminan convergiendo, desde mayo de 2004, en diferentes cartas de intención, acuerdos y fideicomisos: con ENARSA (la petrolera fundada por Néstor Kirchner, que sin entrar aún en operaciones, sigue acumulando pasivos y empleados), con Cammesa (se desconoce a cuánto asciende la deuda de la administradora del mercado eléctrico mayorista de la Argentina con la petrolera venezolana: el rojo «oficial» se acerca a los u$s 2.000 millones, el «oficioso» supera los u$s 5.200), y con YPF (en su momento, Repsol YPF).
Pero a partir del ingreso con fórceps de Venezuela al Mercosur puede decirse que la vinculación político-comercial entre la estatizada YPF y la estatal PDVSA remontó varios decibeles declamatorios. En Caracas, a fines de julio, los ministros de Planificación (Julio De Vido) y Economía (Hernán Lorenzino), junto con Miguel Galuccio y sus contrapartes venezolanas «avanzaron en la definición de una alianza de integración estratégica entre las petroleras de ambos países». Amor incondicional, otra vez más.
Las promesas, ampliadas el 1 de este mes en Buenos Aires, incluyen una posible explotación conjunta entre YPF y PDVSA del mejorador de crudo Petroanzoátegui. Ubicado en la Faja Petrolífera del Orinoco y confiscado a ConocoPhillips en la nacionalización forzosa de 2007, el Petroanzoátegui tiene grandes problemas de operatividad para cumplir con su meta de 130.000 barriles diarios. Un muerto. No sería el caso de lo que YPF habría puesto sobre la mesa de cambio: Vaca Muerta, el yacimiento neuquino de shale, el nuevo El Dorado, para el que se necesitarían u$s 40.000 millones.
Ni tampoco el posible ingreso de PDVSA en el negocio de las refinerías de YPF. Para contribuir a la dote (o coronita) de esta unión, al día siguiente el Banco Central (BCRA), en el Punto 4.6.2 de su Comunicación «A» 5337, habilitó el acceso a la compra de dólares a valor oficial a las empresas que establezcan negocios con PDVSA, incluso para las que busquen importar bienes de un tercer país.
En cuanto a Brasil, la alianza estratégica de la petrolera verde-amarela Petrobras con PDVSA viene un tanto accidentada. El proyecto de la refinería Abreu e Lima (en Pernambuco), firmado en 2005 por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y Hugo Chávez para refinar hasta 230.000 b/d de crudo del Orinoco, podría concretarse, con suerte, en 2014. La misma Graça Foster, presidente de Petrobras, lo señaló como un ejemplo de lo que no debía hacerse. En 2005 se lo presupuestó en u$s 2.300 millones; hace un mes fue retasado en u$s 20.100 millones.
Comparación
Ante esta «inflación bolivariana», pantagruélica, los expertos comparan: el costo por barril en Abreu e Lima ascendería a u$s 87, frente a un promedio de u$s 10 a 25, como calculan refinerías de alta complejidad recién inauguradas en otras partes del mundo. Pero a ese costo se agregan otros números, difundidos por la Agência Nacional do Petróleo (ANP), y que muestran el brete hidrocarburífero que hoy acorrala a Brasil: entre enero y mayo 2012, las importaciones de com-bustible aumentaron un 315% en comparación con el mis-mo período de 2011. Tradu-cido: u$s 1.400 millones más, o llenarles el tanque a 1.600.000 nuevos autos que empezaron a circular.


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