21 de enero 2010 - 00:00

El rap de la bonanza para apagar versiones de fugas

Martín Redrado atrincherado en el Banco Central es, para Néstor Kirchner, el estorbo para que se derrame, sobre el país, la hora de la buenaventura. Pero, augura el ex presidente, en pocos días el economista será desplazado y no habrá trabas para entrar al imaginario paraíso K.

Ayer a la tarde, Kirchner abrió Olivos durante tres horas para desplegar ante un puñado de intendentes vecinalistas -que entre otras incertidumbres no saben cómo sobrevivirán a la reforma política- su rap de la bonanza que, por ahora, acota a la economía.

El Fondo del Bicentenario se destrabará. Previa caída de Redrado, el gobierno manoteará los u$s 6.500 millones de reservas para pagar deuda y a partir de ahí, según el relato que repite el patagónico, alumbrará una etapa de explosivo repunte económico.

Ese proceso, continúa la biblia K, rebotará en los municipios porque se reforzarán las obras públicas y, vía mejoras en los créditos, habrá emprendimientos productivos. Todo eso, machaca Kirchner, lo impide la permanencia de Redrado en el Banco Central.

En su «explicación» -ayer ante los caciques bonaerenses- ni se detuvo en Julio Cobos. Ese expediente ahora lo atiende su esposa, Cristina de Kirchner. Fue, de todos modos, el promotor de girar el caso Redrado al Congreso con el supuesto de que dejará expuesto al vice.

La encrucijada, según el criterio K, es que Cobos enfrentará el dilema de avalar la salida de Redrado, con lo que «blanqueará» el operativo oficial o de desaconsejar la remoción con lo que, una vez más, se expresará abiertamente en contra del Gobierno, comportamiento que justificará las críticas del kirchnerismo.

Sin embargo, ayer Kirchner se preocupó por prometer futuros venturosos -siempre en materia económica- a diez intendentes vecinalistas de Buenos Aires luego de que sonaron, con intensidad, versiones de que esos dirigentes proyectan un destino lejos del esquema K.

Una cita en la costa donde los vecinalistas discutieron cómo organizarse ante el sistema de primarias, derivó también en planteos que se tradujeron como gestos de autonomía. La cumbre de ayer en Olivos, planificada por Florencio Randazzo y Ricardo Móccero, intendente de Coronel Suárez, apuntó a desactivar esos rumores.

Por el besamano ex presidencial pasaron Móccero, Ricardo Ivoskus (San Martín), Enrique «Japonés» García (Vicente López), Gustavo Pulti (Mar del Plata), Hugo Stark (Rosales), Edgardo Larraza (Castelli) y, entre otros, Marcela Skansi (Carmen de Areco) que compartieron mesa con Kirchner, Randazzo, José López (el apóstol de las obras) y Juan Manuel Abal Medina.

Por turnos -¿quién diría lo contrario?- juramentaron su alineamiento con el Gobierno y el proyecto K, a lo que Kirchner les prometió que proyecta darle más entidad al esquema concertador con lo que, si cumple, desiste de reasumir la jefatura del PJ.

Ese mensaje deben extenderlo a los ausentes en Olivos, entre ellos José Eseverrí (Olavarría), Mario Secco (Ensenada), Osvaldo Cáffaro (Salto) y Ricardo Curuchet (Marcos Paz), Quedó abierto, en tanto, la discusión sobre cómo se integrarán electoralmente ya que el régimen de primarias perjudica a los partidos vecinales.

En concreto, Kirchner quiere evitar la fuga de un sector que, siquiera simbólicamente, puede permitirle decir que es algo más que el PJ del que quiso ser dueño y terminó cautivo. Algo parecido a lo que le ocurrió con Redrado, a quien imputa de ser el estorbo contra el retorno de las horas felices.

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