15 de mayo 2015 - 00:00

El superclásico del bochorno

Arriba: Leonardo Ponzio se toma la cabeza sin poder creer lo que pasó mientras el cuerpo médico de River trata de aliviar el momento. Abajo, el drone que sobrevoló la cancha no bien agredieron a los jugadores de River. Más que fútbol pareció una guerra. El partido se suspendió después de muchas dilaciones. Un papelón.
Arriba: Leonardo Ponzio se toma la cabeza sin poder creer lo que pasó mientras el cuerpo médico de River trata de aliviar el momento. Abajo, el drone que sobrevoló la cancha no bien agredieron a los jugadores de River. Más que fútbol pareció una guerra. El partido se suspendió después de muchas dilaciones. Un papelón.
Una bárbaridad. Lo que pasó en cancha de Boca fue uno de los hechos más bochornosos de la historia del fútbol argentino.

Los jugadores de River fueron atacados con gas pimienta cuando ingresaban al campo de juego en el segundo tiempo. Casualmente la manga se abrió en su parte trasera para permitir que lo tiren. Se vio en una imagen que un energúmeno de campera blanca con total impunidad atraía la manga hacia sí y conectaba el gas al ventilador de la manga, para que se esparciera bien .

En tanto, sobrevolaba el estadio un drone con un "fantasma de la B" cargando a River.

El otro hecho bochornoso fue la indecisión de los dirigentes de Conmebol y del árbitro Darío Herrera (que había dirigido muy bien los 45 minutos que se jugaron) para suspender el partido. Pasó más de una hora de incertidumbre, cuando a simple vista se veía que Leonardo Ponzio, Matías Kranevitter, Lionel Vangioni y Ramiro Funes Mori no podían seguir, tenían en su cuerpo un sarpullido producido por la quemazón que produce el gas y problemas en sus ojos. Ni siquiera había agua en el baño del banco de suplentes, por lo que tuvieron que llevar botellas de agua mineral, para tratar de aliviar el dolor.

Los organizadores hicieron bastante para que el partido siguiera, pero era imposible bajo todo punto de vista. Hasta mandaron a los médicos del control antidóping para revisar a los jugadores y ellos dictaminaron que esos cuatro futbolistas no podían seguir. En la Conmebol, el veedor (en este caso el boliviano Róger Bello) tiene más poder que el árbitro y por eso Herrera tuvo que esperar paradito en la mitad de la cancha, sin tomar una decisión final, la que se prolongó casi una hora y media. Hubo diálogos increíbles como el de Jorge Antico con Gallardo, cuando le dijo "mandamos al médico" y el "Muñeco" le contestó "ya vino hace una hora y dijo que no podían seguir". O el árbitro Herrera convenciendo a los jugadores de Boca, pidiéndoles "ser solidarios con sus compañeros", algo que no salía del corazón de los futbolistas, que se pararon en la cancha como para seguir jugando. Seguramente la sanción será clausura de la cancha y es posible que el partido continúe (sería una barbaridad), pero todo fue bizarro. Un espectáculo bochornoso que terminó con los jugadores de River saliendo como delincuentes.

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