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EN FILA PARA SALUDAR A BACHELET

Para equilibrar el ambiente, Bachelet y su embajador Marcelo Díaz arrancaron discursos con un "saludos a todos y todas". Hubo tiempo entonces para que la chilena hablara de sus intención de "duplicar los pasos que nos conectan con la Argentina" y de poner en "funcionamiento el centro cultural que yo inauguré en mi presidencia anterior", que fue construido en la parte del edificio que da sobre la plaza.
En la Casa Rosada ya se había podido ver a Eduardo Eurnekian, con su proyecto para el túnel de baja altura en el Aconcagua, hablando en un aparte con Bachelet y con Cristina. Fue una de las únicas dos reuniones privadas que se le detectaron. La otra fue en la propia embajada con Buzzi, quien logró unos minutos de atención presidencial para hablarle también de las bondades de la conectividad por fibra óptica con su provincia y, obviamente, de la necesidad de reforzar otro paso fronterizo. Para ese momento la reunión venía como para anticipar trepanaciones múltiples de la Cordillera en breve.
A esa hora el único interrogante era conocer de qué hablaron Cristina de Kirchner y Bachelet en su reunión a solas. Fue imposible develarlo.
El besamanos previo registró el paso de Ricardo Alfonsín, Ignacio de Mendiguren (llegó tarde), Jorge Taiana, el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi (que integró la comitiva de Macri en el lugar, la más abultada), el auditor Leandro Despouy, Rubén Giustiniani, Sebastián Bagó, Alieto Guadagni o Lorenzo Pepe. Nadie se quiso perder el ceviche que sirvió la embajada, el salmón a la crema con alcaparras y la selección de finger desserts que cruzó especialidades de los dos países.
Algunos recordaron la última vez que Bachelet pasó por esa embajada. Fue la noche en que se despidió de Buenos Aires como presidente (tras un acto con Cristina de Kirchner en Mar del Plata) con un asado que le organizó el exembajador Luis Mayra Aguirre. De esa despedida voló Bachelet a Santiago de Chile y pocas horas después se desató el terrible terremoto que golpeó al país.
El final fue la frenética sucesión de "selfies" a los que se prestó Bachelet. En realidad, la presidenta chilena le estaba haciendo un favor a la delegación de periodistas que trajo con ella en el avión presidencial. Les dio así tiempo a que terminaran las coberturas antes de emprender el regreso, un estilo que no siguió los protocolos de estas tierras.

