13 de mayo 2014 - 00:11

EN FILA PARA SALUDAR A BACHELET

EN FILA PARA SALUDAR A BACHELET
Envidia de toda la colectividad de los políticos, Michelle Bachelet demostró ayer que es una rareza del oficio: está de moda y todos quisieron mostrarse con ella, fueran oficialistas, opositores, protagonistas o curiosos. En el anochecer de Buenos Aires, repitió después de los actos oficiales el rito que cumplió en cada una de sus visitas: se tomó un buen tiempo para recibir a la tropa propia y políticos argentinos en el edificio de su embajada de la calle Tagle en Palemo Chico, que agotó todas sus provisiones y espacios para atender a tantos invitados.

La diferencia, en esta ocasión, fue que la chilena dejó demostrado que (a pesar del buen feeling proclamado por ambos entre Cristina de Kirchner y Sebastián Piñera) no sólo la relación con Chile retoma otra temperatura sino que ella se instaló en la escena como la política de moda en la zona, como se vio en el bordado que mostró ayer la embajada plagado tanto de opositores como de oficialistas. Nadie quiso perderse la reunión y mucho menos las "selfies" a las que se prestó Bachelet con cada uno de los presentes, personal de la embajada, opositores y oficialistas.

Durante la era Piñera el edificio de la calle Tagle no fue meca de kirchneristas, que apenas enviaban algún representante formal del Gobierno para no pasar papelones en el festejo del día nacional, cada 18 de septiembre.

Los ejemplos de las diferencias sobraron ayer en el anochecer de Barrio Parque. La embajada ya estaba colmada y Bachelet seguía demorada en su paso por el Congreso.

Quizás fue esa demora la que terminó organizando una montonera de opositores en la puerta de la embajada, que entraron junto con Bachelet. El efecto final fue el ingreso de la presidenta chilena escoltada por Mauricio Macri, Hermes Binner y Julio Cobos. Juntos subieron la escalera redonda de mármol blanco, una obra clave de la arquitectura de los 60 con firma de los arquitectos chilenos Burchard Aguayo, Echenique y Cruz Covarrubias, que construyeron la sede de la embajada.

Atrás de ese grupo llegaron los gobernadores que no le pierden un paso al Gobierno chileno: el sanjuanino José Luis Gioja, el mandocino Francisco "Paco" Pérez y el chubutense Martín Buzzi; el embajador Ginés González García y ministros llegados de Santiago. En fila venía también el canciller chileno, Heraldo Muñoz.

Para equilibrar el ambiente, Bachelet y su embajador Marcelo Díaz arrancaron discursos con un "saludos a todos y todas". Hubo tiempo entonces para que la chilena hablara de sus intención de "duplicar los pasos que nos conectan con la Argentina" y de poner en "funcionamiento el centro cultural que yo inauguré en mi presidencia anterior", que fue construido en la parte del edificio que da sobre la plaza.

En la Casa Rosada ya se había podido ver a Eduardo Eurnekian, con su proyecto para el túnel de baja altura en el Aconcagua, hablando en un aparte con Bachelet y con Cristina. Fue una de las únicas dos reuniones privadas que se le detectaron. La otra fue en la propia embajada con Buzzi, quien logró unos minutos de atención presidencial para hablarle también de las bondades de la conectividad por fibra óptica con su provincia y, obviamente, de la necesidad de reforzar otro paso fronterizo. Para ese momento la reunión venía como para anticipar trepanaciones múltiples de la Cordillera en breve.

A esa hora el único interrogante era conocer de qué hablaron Cristina de Kirchner y Bachelet en su reunión a solas. Fue imposible develarlo.

El besamanos previo registró el paso de Ricardo Alfonsín, Ignacio de Mendiguren (llegó tarde), Jorge Taiana, el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi (que integró la comitiva de Macri en el lugar, la más abultada), el auditor Leandro Despouy, Rubén Giustiniani, Sebastián Bagó, Alieto Guadagni o Lorenzo Pepe. Nadie se quiso perder el ceviche que sirvió la embajada, el salmón a la crema con alcaparras y la selección de finger desserts que cruzó especialidades de los dos países.

Algunos recordaron la última vez que Bachelet pasó por esa embajada. Fue la noche en que se despidió de Buenos Aires como presidente (tras un acto con Cristina de Kirchner en Mar del Plata) con un asado que le organizó el exembajador Luis Mayra Aguirre. De esa despedida voló Bachelet a Santiago de Chile y pocas horas después se desató el terrible terremoto que golpeó al país.

El final fue la frenética sucesión de "selfies" a los que se prestó Bachelet. En realidad, la presidenta chilena le estaba haciendo un favor a la delegación de periodistas que trajo con ella en el avión presidencial. Les dio así tiempo a que terminaran las coberturas antes de emprender el regreso, un estilo que no siguió los protocolos de estas tierras.