26 de abril 2010 - 00:00

Encuestas, sumas, restas y alquimias políticas imposibles

Transcurridas apenas tres semanas de campaña presidencial brasileña, todas las lentes enfocan hoy sobre las últimas definiciones en dos estados clave para las elecciones del próximo 3 de octubre: San Pablo y Ceará.

Una cuestión de caudales electorales, desde ya: el estado paulista tiene 29,8 millones de electores y ostenta, desde hace 27 años, un control «tucano» o socialdemócrata (del PSDB, el partido de Fernando Henrique Cardoso). De San Pablo, justamente, proviene el candidato presidencial que lidera las encuestas, el ex gobernador José Serra, con 10 puntos de ventaja en algunas encuestas sobre Dilma Rousseff, la presidenciable del oficialismo lulista y hasta el 30 de marzo, ministra de la Casa Civil (jefa de Gabinete).

El nordestino Ceará tiene un padrón mucho más pequeño que el paulista, pero representa hoy, simbólicamente, el apoyo del NE brasileño al proyecto Dilma y el PT (Partido de los Trabajadores). De la suerte de Ceará y sus referentes políticos depende hoy la tracción de un flujo importante de indecisos hacia la candidata. Es una cuestión de números, también. En total, los estados nordestinos aglutinan 35,9 millones de electores, con tradición de centroderecha, que optan entre el PMDB (Partido Movimiento Democrático Brasileño).

Como el estado de Alagoas con Fernando Collor de Mello o el de Maranhao con los Sarney, el de Ceará tiene su propia familia «feudal»: los Gomes. Con sello político propio, además: el PSB (Partido Socialista Brasileño). Su actual gobernador, Cid, apunta a su reelección, pero es su hermano Ciro la estrella familiar con brillo político nacional.

Justamente por su peso en las encuestas, el actual diputado Ciro Gomes fue tanteado en 2009 por el lulismo para ser candidato «aliado» en la cancha más embarrada: San Pablo. Ciro mudó su domicilio electoral de Ceará a la gran ciudad industrial del Sur y se embarcó en una alianza tácita con el oficialismo, sin definición explícita de su candidatura. Podía ir tanto como candidato a presidente como a gobernador aunque la misión era una: restarle votos a Serra, y arrastrar con él al Nordeste. Nada despreciable la jugada: mas allá de lo que pudiera conseguir en San Pablo, Ciro Gomes tiene un voto cautivo mínimo de 5 millones entre Ceará y otros estados nordestinos.

Si se tiene en cuenta que en las elecciones de 2006, en San Pablo, el candidato presidencial del PSDB, Gerardo Alckmin (con 12 millones), obtuvo una ventaja de 4 millones de votos sobre Lula (con 8 millones), la ingeniería electoral entre el petismo y el socialismo de Ceará se explica por sí misma.

Pero la torpeza política de Dilma obligó a redefinir las trazas preelectorales. Es que en las tres semanas en las que hizo campaña sin protección de su «chapa» de miembro del Gobierno y sin tener al lado al Presidente para darle sombra, Dilma no les escatimó exabruptos a Ciro y sus seguidores. Fue a hacer proselitismo al estado de Ceará sin avisarle, para empezar. Consecuencia: no tuvo apoyo de los socialistas ni fue acompañada por el gobernador Cid. A eso se agregó otro desembarco inconsulto, como el que la candidata hizo en Minas Gerais, un reducto el 100% tucano, dominado por el gobernador Aécio Neves, de aceitada relación política con Ciro y hasta fines de 2009 con un proyecto electoral en conjunto.

El enojo de Ciro Gomes, tercero en las encuestas con el 10% de intención de voto, detrás de Serra con el 38% y Dilma con el 28% (Datafolha, 17 de abril), se tradujo en un empecinamiento en no bajarse de su candidatura como presidenciable del PSB, por fuera de una alianza con el PT. Despechado, este fin de semana Ciro Gomes dijo que Serra es mejor candidato que Dilma debido a su experiencia, criticó a Lula y afirmó que no trabajará en campaña para la ex jefa de Gabinete.

Mientras tanto, la cúpula partidaria socialista arregló con la petista «sacrificar» la candidatura de Ciro (prevalecieron, claro, las promesas de cargos poselectorales y sobre todo la definición de alianzas en cinco estados brasileños) y darle apoyo total a la fórmula de Dilma. Por su parte, el PT erigió el sábado a Aloizio Mercadante como su candidato en San Pablo, para disputarle la gobernación a Alckmin (una muerte anunciada, con el tucano con el 61% de intención de voto).

Las encuestadoras DataFolha e Ibope calculan que sólo la salida de Ciro de la contienda electoral -a anunciarse formalmente el martes- llevará 4 puntos porcentuales hacia Serra. Según Ibope, hoy el presidenciable Serra, con los votos aportados por la salida de Ciro, estaría en el 49% en intención de voto y arañando el preciado 50% que se precisa para no ir a balotaje.

Lo que nadie sabe todavía es hacia dónde puede inclinar su pulgar electoral el «bajado» Ciro Gomes, ya que sus 5 millones de votos fidelizados podrían ser el maná que necesita José Serra para superar esa barrera del 50%.

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