22 de diciembre 2008 - 00:00

Enemistad recargada

Cada vez más señales reflejan el poder militar autónomo de Rusia, juntamente con una política exterior ambiciosa que busca establecer nuevas alianzas en diversas partes del mundo, la mayoría irritantes para la Casa Blanca.
El escudo antimisiles para dotar a Irán de defensa ante un eventual ataque de Israel y de Estados Unidos tiene un correlato con una tensa disputa que se da desde hace dos años sobre un sistema similar en el centro de Europa.
Estados Unidos selló un pacto con Polonia para instalar una base de lanzamiento de misiles antimisiles, en tanto que acordó con República Checa la implantación de un sistema de radares para detectar eventuales ataques. Dice que apunta a un posible ataque iraní, pero de hecho puede servir para neutralizar el arsenal balístico de Rusia.
Esta alianza con dos naciones que supieron ser satélites del régimen soviético, en el marco de la extensión de la OTAN hacia los países del este de Europa, enardeció al Kremlin, que ve en ella una amenaza «para el equilibrio» armamentístico.
La renacida rivalidad entre Moscú y Washington hace temer a analistas y actores políticos de las principales potencias un nuevo escenario de Guerra Fría. Capítulos de esta disputa emergen en Ucrania, la región del Cáucaso y en áreas de África.
Lector de esta realidad, Hugo Chávez ve la oportunidad de sumar poder bélico a sus pozos petroleros. En ese marco se inscriben la recientes maniobras navales ruso-venezolanas.
Cuba, el enemigo emblemático de la Casa Blanca, resurge como bisagra perfecta para esta enemistad recargada.

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