9 de octubre 2012 - 00:00

Entra en Guinness

Una vista panorámica de la gran bandera que será repartida en partes iguales entre las agrupaciones para poder lucirla en el estadio los días de partido.
Una vista panorámica de la gran bandera que será repartida en partes iguales entre las agrupaciones para poder lucirla en el estadio los días de partido.
La fiesta organizada por distintas agrupaciones y socios de River Plate para presentar «la bandera más grande del mundo» terminó convirtiéndose en una increíble muestra de amor por los colores, y las más de 70 mil personas que se dieron cita hicieron explotar el Monumental.

«Esto superó las expectativas», confesaron los organizadores. Se esperaban entre 15 mil y 20 mil personas y se sumaron más de 70 mil. Familias enteras, niños en brazos y abuelos emocionados que obligaron a abrir las cuatro tribunas del estadio: Centenario, San Martín, Belgrano y Sívori. Altas, medias y bajas. Demanda semejante obligó al mismísimo presidente del club, Daniel Passarella (ver aparte), a presentarse en el Monumental para firmar los trámites de habilitación de las tribunas y de seguridad. Ni siquiera así quedó satisfecho el deseo de todos: miles de hinchas se quedaron con las ganas de estar adentro.

Los brazos se multiplicaron para transportar el «trapo», de 7.829,74 metros, desde la esquina de Figueroa Alcorta y Tagle hasta la propia cancha. Una muestra de amor incondicional, aún empujada por el recuerdo reciente del descenso a la B Nacional, esa mancha en la historia.

La «ceremonia» comenzó cerca de las 13.30, cuando partieron los primeros voluntarios con un extremo de la bandera.

«Esto es un acto sin banderías políticas y lleva el deseo de unir definitivamente a todos los riverplatenses», explicó en el lugar Carlos Trillo, de la agrupación Ángel Labruna, uno de los organizadores. A la caravana, eso sí, se sumaron varios dirigentes opositores, entre ellos Antonio Caselli (ver aparte) y Matías Patanian. La bandera se confeccionó con retazos de tela roja y blanca donados por los socios, y su ingreso al Libro Guinness de los Récords como «la más grande del mundo» está en proceso. «Para que fuera inmediato teníamos que traer a un especialista de Inglaterra y todo el trámite nos costaba 7.000 libras esterlinas. No tenemos esa plata y tampoco quisimos pedirla», explicó Trillo. «Por eso trajimos un escribano público para certificar la medida de la bandera y mandaremos todos los papeles a Inglaterra. En dos meses tendríamos que estar en el Guinness y este papelerío nos sale mucho más barato, alrededor de 800 euros», completó.

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