Tres ministros se mudarán a oficinas del Congreso y al menos un sigiloso operador legislativo, de indiscutible ADN pingüino, figura en la lista de buena fe para habitar, a partir del próximo diciembre, el gabinete reeleccionista de Cristina de Kirchner.
Los dos jefes parlamentarios, como premio a transitar los días tempestuosos de la 125 y de la mayoría opositora, se deslizan casi sin riesgos a ser ratificados en sus sillones. Y un ministro, que fue enlace con el Congreso, aspira a centralizar esa gestión desde otro despacho.
El staff, en nombres, prenuncia alta tensión: Amado Boudou, Aníbal Fernández y Julián Domínguez, como ministros con fueros futuros, el santacruceño Nicolás «Tito» Fernández como potencial ministro K, Agustín Rossi y Miguel Angel Pichetto ratificados y, al acecho, Florencio Randazzo.
Siete estrellas de la galaxia K que orbitarán sobre un mismo sol: el Congreso y la relación con la oposición y el propio peronismo para ordenar una temporada legislativa que, por faltantes o sobrantes, asoma como un festival de tironeos y operaciones.
La convivencia de ese septeto -sin incluir en la escenografía a Carlos Zannini y Julio De Vido, siempre activos pero en este turno expectantes- y las intervenciones presidenciales frente a potenciales encrucijadas, puede convertirse en una clave para entender el diseño futuro.
Veamos:
Amado Boudou aterrizará en el Senado en reemplazo de Julio Cobos. Con pretensiones de convertirse en el puente de oro entre el peronismo y la Presidente, llegará a un Congreso que tiene su propia lógica y donde deberá convivir con Aníbal Fernández, que como primer senador por Buenos Aires tiene intenciones de ocupar la vacante que dejará José «Pepe» Pampuro.
La relación Boudou-Aníbal F. no es ni ha sido la mejor. En Economía atribuyen al jefe de Gabinete haber conspirado para desplazarlo del gabinete. En esos días críticos, posteriores a la muerte de Néstor Kirchner, se magnificó la empatía entre Boudou y Julio De Vido, conexión que perdura aunque cada tanto se escucha algún chirrido. El anibalismo, por supuesto, niega haber participado de una conspiración antiboudouista.
En la Cámara alta, Pichetto marcha a retener la jefatura del bloque donde tuvo que lidiar con la jefatura en las sombras que ejercía «Tito» Fernández, que no reeligió como senador y al que, en círculos K, se menciona para un sitio preferencial en el futuro equipo cristinista. El vínculo de Pichetto con Boudou es cordial: el ministro accedió a un pedido del senador para que respalde a Carlos Soria en Río Negro.
A su vez, Aníbal F. tiene una relación fluida con Agustín Rossi, jefe del bloque de diputados K, que tiene prácticamente asegurada la continuidad en ese lugar, quien estalló cuando Boudou, por pedido de De Vido, hizo campaña en Santa Fe junto a Rafael Bielsa. Más tarde, para la general provincial, el ministro de Economía, ya candidato a vicepresidente, subsanó aquel desprecio y colaboró con la campaña de Rossi.
En la Cámara baja, además, esperan el desembarco de Julián Domínguez que llega, confían a su lado, con la promesa de Cristina de sentarse en la butaca que hasta diciembre ocupará Eduardo Fellner: la de presidente de Diputados. Desde ese lugar, Domínguez puede convertirse en la llave para que el oficialismo consiga un puñado de votos extras de legisladores silvestres.
Domínguez juró en Agricultura tras una serie de conversaciones con Kirchner pero tuvo como aliado, en ese proceso, a Aníbal Fernández. Aunque ese vínculo perdura, el ministro agrario comenzó a frecuentar a Boudou y es un comensal habitual en las cenas que el ministro de Economía organiza en el piso 14 del Palacio de Hacienda.
En simultáneo, aunque pactan sistemáticamente, Randazzo y Domínguez protagonizan una antigua disputa territorial -ambos son de la Cuarta- aunque esa rivalidad ganó quilaje y poder de fuego con la entronización del dirigente de Chacabuco en el Gabinete K. Randazzo, en tanto, fantasea con la Jefatura de Gabinete y, en caso que la varita mágica lo toque, será el enlace político con los gobernadores y la oposición, es decir la puerta para negociar y pactar acuerdos que se expresen en el Congreso.
Tiempo atrás, cuando la avanzada pingüina diezmó el poder de Aníbal Fernández, Randazzo hizo un pacto de caballeros bonaerenses de respaldo mutuo con el jefe de Gabinete. «Si lo tumban a Aníbal, al próximo que voltean es a Florencio», decían, por esos días, en Casa Rosada. Ese acuerdo, eventual, puede reactivarse frente a futuros entreveros.
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