18 de diciembre 2008 - 00:00

Envidia para los Kirchner: Chávez enseña a echar vices

Hugo Chávez impuso en la constitución que rige hoy en Venezuela la figura del Vicepresidente Ejecutivo, que puede ser nombrado y removido por el primer mandatario. ¿Un modelo para los Kirchner?
Hugo Chávez impuso en la constitución que rige hoy en Venezuela la figura del Vicepresidente Ejecutivo, que puede ser nombrado y removido por el primer mandatario. ¿Un modelo para los Kirchner?
Últimamente, toda vez que la presidente Cristina de Kirchner emprende un viaje al exterior, se generan dos corrientes. Una, centrípeta; la otra, centrífuga. La centrípeta es la que provoca el vicepresidente Julio Cobos apenas queda en ejercicio de la Presidencia, cuando las facciones opositoras -o ilusiones de oposición- empiezan a confluir hacia el centro de poder, obviamente, temporal. La otra, y opuesta, es la centrífuga, excitada por el ex presidente Néstor Kirchner. ¿Qué persigue esta corriente o flujo indomable? Expeler hacia afuera a aquello que quiere permanecer en el centro. Es decir, a Julio César Cleto Cobos y todo lo que lo rodea.
Resulta curioso que Néstor Kirchner, un ex presidente con mandato finalizado el 10 de diciembre de 2007, quiera «centrifugar» al actual vicepresidente, que ejerce el cargo en el Gobierno que lo sucedió.
Una curiosidad: nunca en la historia constitucional argentina un vice superó en popularidad a su presidente. Verdadera rareza histórica que se corrobora en los números de una encuesta nacional de principios de diciembre, encargada por la Casa Rosada al sociólogo Rouvier: Cristina tiene 53 cuestionables puntos de imagen positiva, mientras que su vice y subordinado, Julio Cobos, 68. En cuanto al centrifugador, o promotor de la fuerza centrífuga, Néstor Kirchner, mide 51 puntos de imagen positiva y 47 de negativa.

Ejemplo

Quizás el ex presidente haya abrevado demasiado en el caso venezolano y en el ejemplo bolivariano. La Constitución sancionada en 1999 (con Hugo Chávez) establece que «el vicepresidente ejecutivo es nombrado y removido por el presidente de la República». El presidente Chávez viene respetando al máximo este artículo y en sus nueve años de mandato ya colocó a seis vices (y removió a cinco).
El primero fue Isaías Rodríguez (enero a diciembre de 2000), abogado y poeta, que dejó su cargo de vice para ser fiscal general de la República. Lo siguió Adina Bastidas, una ex guerrillera, profesora universitaria quien, después de una penosa actuación, le pasó la posta a Diosdado Cabello, en abril de 2002. A Cabello le tocaron el paro petrolero y el posterior golpe de ese abril: fue él, en ejercicio de la Presidencia, quien ordenó rescatar a Chávez, preso en la isla de La Orchila. A los pocos días, Cabello se convirtió en ministro de Interior, y en 2004, en gobernador de Miranda, además de hombre fuerte del chavismo. Lo fue hasta las elecciones de este 23 de noviembre, cuando perdió la gobernación a manos del opositor Henrique Carriles.
El cuarto vice, José Vicente Rangel, venía de ser ministro de Defensa. Político tradicional de izquierda, columnista de opinión, gran chismoso, fue sindicado de haberse involucrado en el negocio de la venta de armas. Rangel fue, hasta ahora, el que más duró en el cargo (de abril de 2002 a enero de 2007). Como quinto vice, Chávez eligió a un psiquiatra, Jorge Rodríguez. Fanático del bolivarianismo, fue quien impuso el sistema de voto electrónico para los referendos y votaciones venezolanas. Rodríguez acaba de ser votado alcalde del municipio Libertador de la ciudad de Caracas.
El sexto y actual vice del chavismo llegó por default en enero de 2008. Es Ramón Carrizalez: militar y político que tomó la vicepresidencia luego de que Rodríguez fuera invitado a dimitir por estar demasiado mencionado en la causa de la valija de Antonini Wilson. Se dice que habría un séptimo vice dentro de poco: Carrizalez se iría por el pésimo manejo de la grave situación político-social en Guyana (donde está Sidor).
Alguna influencia, sin duda, habrá tenido el ejemplo venezolano en el afán centrífugo de Néstor Kirchner. La «pena» es que, en el caso argentino, la Constitución no permite las prácticas chavistas de remover el vice ejecutivo.

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