12 de agosto 2009 - 00:00

¿Es grave la amenaza de inflación en EE.UU.?

José Siaba Serrate
José Siaba Serrate
Para quienes temen que una economía en trance de recuperación -en un marco de estímulo fiscal y monetario generoso- aliente con rapidez las llamas de la inflación, nada más tranquilizador. Las brasas que debían arder, lejos de cobrar temperatura, se apagan. La productividad del sector empresarial (no agrícola) trepó un 6,4% en los EE.UU. en un trimestre clave -el segundo- que ofició de bisagra entre la fase de caída libre de la economía mundial y los primeros signos sólidos de estabilización. Bastó con que la recesión se moderara -aun sin frenarse del todo- para dejar atrás cuatro trimestres consecutivos de productividad virtualmente estancada (nota al pie: aun así, una performance notable para una variable de marcada naturaleza cíclica). De la mano del brioso repunte de la productividad, los costos laborales por unidad de producto se hundieron un 5,8%. Ello confirma la mitad de la historia que reflejan los balances de Wall Street: para navegar la adversidad, las empresas multiplicaron su empeño, con éxito, en el recorte de gastos. La otra mitad -que los informes de productividad recién podrán corroborar el mes próximo- pasa por la enorme dificultad para inflar, en paralelo, los ingresos. Los balances, al menos, son contundentes: la coyuntura no les concede a las corporaciones la capacidad de reajustar sus precios de venta al alza. La demanda final es extremadamente sensible. Brota con vigor sólo cuando median fuertes incentivos. En julio, el plan canje despachó aproximadamente 250 mil vehículos y de un envión agotó la partida presupuestaria de mil millones de dólares (que será ampliada en otros 2 mil millones). ¿El anzuelo? Según el caso, el pago de un subsidio de 3.500 o 4.500 dólares por unidad reemplazada. Pero, aun así, no todo el plan canje supone mayor demanda neta. Quien deseaba renovar su vehículo pudo sumarse y sacar provecho anticipando la decisión.

Caída profunda

El sector empresarial (no agrícola) representa un 77% del Producto Bruto Interno (según la fotografía de 2000). En ese universo, en los últimos cuatro trimestres, la caída de la producción fue muy profunda: un 5,6%. Un retroceso mayor que el desmoronamiento del PBI total: un 3,9%. Las firmas respondieron al desafío con una poda rasante de las horas trabajadas: un 7,3%. Y consiguieron labrar así una meritoria ganancia de productividad: un 1,8%. Si se compara con el registro promedio de 2000-2008, un 2,5%, el guarismo no luce demasiado distante. El segundo trimestre moderó la contracción del producto del sector corporativo: un 1,7% (anualizada) vis à vis un 1% para la economía en su conjunto. Pero las empresas no guardaron el hacha: talaron un 7,6% las horas trabajadas. Y, de esta manera, en estos últimos tres meses, la productividad dio un zarpazo del 6,4%. Nadie puede pensar que la cifra sea sostenible -y, eventualmente, podría ser revisada a la baja en posteriores estimaciones-, pero el punto es otro: la productividad, como se dijo, es cíclica y, en la medida en que la economía recupere la vertical, cabe esperar que repunte con holgura por encima del valor de un 1,8% del último año (y, por un tiempo, por arriba también del promedio de un 2,5% de los últimos ocho).

Costos laborales

Si se suma al análisis el comportamiento de los costos laborales, el cuadro se refuerza. La compensación nominal por hora de trabajo aumentó un 1,3% en el último año. La debilidad del mercado de empleo se tradujo, de abril a junio, en un incremento anualizado de apenas un 0,2%. En términos reales, creció un 2,2% en el año y cayó un 1,1% en el último trimestre. En consecuencia, el costo laboral corregido por productividad, el último año, trepó sólo un 0,6%. Y, como se dijo, los tres meses que concluyeron en junio lo vieron precipitarse un 5,8%. Tampoco hay que aguardar que estas cifras se repitan. Pero la dinámica que trazan es la que surge del manual. A medida que el ciclo se afiance, la inercia favorecerá un aumento de la productividad y una menor incidencia de los costos laborales por unidad de producto. Ceteris paribus, son muy buenas noticias para la rentabilidad. Y por ende un voto de confianza para el rumbo que tomó la Bolsa (aunque no convaliden todavía la magnitud de la suba). Hay otras amenazas en curso -otros costos en danza como los de las materias primas- que podrían absorber el margen disponible que deja el renglón laboral. Desde el punto de vista de la fortaleza que cabe esperar de la demanda final, queda claro que la contrapartida del feroz ajuste laboral no deja muchos resquicios para una resurrección vigorosa que se sostenga sin las muletas del gasto público o de la demanda externa. Por esas hendijas es donde también se filtran las presiones inflacionarias. Y por el momento lucen bien selladas. Para la Fed -que hoy deberá expedirse tras un cónclave de dos días- son noticias útiles. Le confirman que la tesitura de persistir en el estímulo -y dejar la inflación en segundo plano- sigue siendo el camino más recomendable.

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