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Esquema K, con cambios en Córdoba
En estas horas, ese procedimiento se hará visible: delegados enviados por Olivos participarán de una cumbre de dirigentes del PJ organizado por Ricardo Moreno, actual subinterventor de la CNC, del que participará, además el intendente de la Capital, Daniel Giacomino.
El fracaso de Marcos Juárez, donde se impuso Eduardo Avalle, ligado a José Manuel de la Sota, supone un pésimo antecedente para el patagónico, que asume que Córdoba es el territorio donde está en peores condiciones: suma, apenas, el 6% de intención de voto. Aunque en el último tiempo, por una gestión que inició José Luis Gioja, Kirchner amnistió a De la Sota, en Olivos observan con reserva los movimientos del ex gobernador. Por eso, en paralelo, luego de comprobar que el armado de Acastello no prospera, Kirchner habilitó otro armado.
Moreno, que supo ser uno de los armadores de Olga Riutort -en la interna del PJ capitalino-, se convierte, de ese modo, en otra figura con la que Kirchner intenta darle solidez al armado K en la provincia mediterránea, que lo tiene acostumbrado a las derrotas.
En estas horas, uno de los operadores sigilosos de la Casa Rosada, el radical K Roberto Porcaro, desembarcará en la provincia para auscultar los avances de ese armado y confeccionar un informe de situación para entregar, «in voce», a Kirchner.
El diagnóstico, a priori, es aterrador: el armado K no tiene candidato a gobernador que mida razonablemente bien, y la figura con más presencia institucional de la provincia, Giacomino, intendente de la Capital cordobesa, no logra romper un techo bajo de intención de voto.
El único consuelo es que la provincia está dividida en, al menos, cuatro pedazos: la UCR, el juecismo, el Peronismo Federal y el peronismo K. En medio, difusos, aparecen Juan Schiaretti -que se mostró con Eduardo Duhalde el fin de semana- y De la Sota.
Esa dispersión hace suponer a Kirchner que su objetivo de alcanzar el 20% de intención de voto no es desmesurado, aunque sabe, a la vez, que las elecciones en la provincia irán descolgadas de la presidencial, lo que podría limitar sus chances de crecer.
La sumatoria de actores -desde Giacomino hasta Riutort, pasando por Ricardo Jaime y un grupo de cuarenta intendentes radicales cercanos a la Casa Rosada, entre otras terminales K- no le ha permitido, sin embargo, mejorar la performance. Es simple: el rechazo esencial es con los Kirchner, más allá de la impericia o la negativa a sus delegados.
Ante eso, el patagónico asume la complejidad de la próxima elección donde considera casi inevitable que el gobernador que suceda a Schiaretti sea un no peronista, pero, sobre todo, no sea kirchnerista, aunque después de la elección, esa situación -por la necesidad de la provincia- pueda revertirse.


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