9 de enero 2013 - 00:00

“Este país genera héroes y los ahoga en la bañera”

Solá: «Hoy se toma un Shakespeare o un Brecht y se los lleva a un naturalismo que no expresa las dimensiones de los sentimientos que esos autores quieren transmitir».
Solá: «Hoy se toma un Shakespeare o un Brecht y se los lleva a un naturalismo que no expresa las dimensiones de los sentimientos que esos autores quieren transmitir».
Pese a su notoriedad, Miguel Angel Solá conserva una sencillez casi provinciana. Entre sus últimos trabajos se cuenta «El veneno del teatro» de Rodolf Sirera, con dirección de Mario Gas, por el que fue ovacionado en Madrid junto a Daniel Freire. Esta obra subirá a escena esta noche en el Maipo y hará temporada en Buenos Aires hasta abril.

Solá confirmó que será padre en unos pocos meses junto a su actual pareja, la actriz española Paula Cancio. En marzo se lo verá por «Canal 7» en la miniserie «Germán, últimas viñetas», donde dio vida a Héctor Germán Oesterheld, autor de «El Eternauta» y acaba de filmar en Santa Fe la miniserie «¿Quién mató al Bebe Uriarte?» (aún sin fecha de estreno) junto a Adrián Navarro, Federico Luppi, Eleonora Balcarce y elenco santafesino.

Periodista: «El veneno del teatro» fue elogiada por la crítica española. ¿De qué se trata?

Miguel Angel Solá: Es sobre un actor que es convocado por un aristócrata, un señor de mucha importancia -sospecho que es un científico poderoso al servicio de un régimen- que lo invita a su palacio. El ha escrito una obra sobre Sócrates y para poder aplicar sus teorías convoca a este actor. Pero no le dice cuál va a ser el método de trabajo. Ahí hay una trampita en la que el actor cae, y luego por curiosidad se queda y acepta seguir jugando ese juego sin tener conciencia de la magnitud que va a tomar el asunto; porque este señor poderoso juega con las cartas marcadas. A partir de ahí. Bueno, que vaya la gente y la vea.

P.: Sus últimos trabajos estuvieron más ligados a los sentimientos y emociones que al mundo de las ideas.

M.A.S.: Es que a mí me gusta hablar de eso.

P.: Pero éste es un thriller filosófico sobre la representación teatral. Lo corrieron de tema.

M.A.S.: Sí, totalmente. Y también es la primera vez, en más de 30 años de trabajo, que hago algo en teatro sin producirlo yo.

P.: No será por falta de ofertas.

M.A.S.: Lo que sucede es que después de 43 años de estar arriba del escenario sólo quiero hacer lo que me gusta. Ya sé que es difícil. Pero hacer el teatro que mí me gustaba me ayudó a no hacer el cine y la televisión que no me gustaban. Y tanto dejé de hacerlos que sólo me quedó el teatro. Pero, en los últimos seis años la productora perdió mucho dinero por todos los accidentes que tuve y eso me obligó a pensar y a repensar este lujo de hacer sólo lo que me gusta. Es un momento muy duro económicamente y la familia tiene que seguir comiendo.

P.: En agosto regresó a Buenos Aires con el espectáculo musical de su grupo «La típica en leve ascenso» ¿Sabe cuántos directores argentinos sueñan con dirigirlo en algún Shakespeare? Usted sería un magnífico «Ricardo III».

M.A.S.: Nunca hice tragedias, me parece que ese terreno ya está abonado con Alfredo Alcón y dos o tres magos más. Hoy los seres humanos agarran a los Shakespeare y a los Brecht y los llevan a un naturalismo que no expresa las dimensiones de los sentimientos que esos autores quieren transmitir. Esa dimensión tiene que ser explorada desde ese teatro que había antes, no desde esa cosa chiquita del realismo que tanto se ha instalado en cine y televisión.

P.: Hablando de televisión ¿trabajó en «Bruno Sierra, el rostro de la ley» porque le interesó el papel o para no quedarse sin trabajo?

M.A.S.: Hacía seis meses que me habían diagnosticado tetraplejia y estaba saliendo de todo eso. Tenía que probar que podía seguir trabajando. Insisto, es una cuestión muy práctica: mis hijas comen. Y salió muy bien, a la gente le gustó mucho esa serie y tuve la alegría de ganar el Festival Internacional de Televisión de Nueva York como mejor actor. Con ese personaje le gané a Dr. House y a muchas otras series de todo el mundo. Ahí vi que no me había equivocado. Pero yo no soy de hacer mucho, ni soy popular, y en cine no me ofrecen los papeles que a mí me gustan.

P.: ¿Qué papeles quiere hacer?

M.A.S.: Quiero hacer pensadores, gente con emociones, y nunca me dan eso. A mí me dan la resaca, el hueso, el palo, el personaje que no puede hacer nadie, o mejor dicho, que a nadie le interesa hacer. Me gustaría interpretar al Galileo Galilei de Bertolt Brecht, pero es un papel muy exigido y todavía me falta tiempo de recuperación. Para los próximos meses tenemos planeadas dos giras por España con «El veneno del teatro» y otra por varias provincias argentinas.

P.: ¿Está satisfecho de haber interpretado a Oesterheld?

M.A.S.: Sí, es uno de esos personajes que me sirven a mí y a la gente, porque muestran una forma de enfrentar la vida. Oesterheld fue uno de los cinco mejores historietistas en la historia del comic y también tiene una dimensión muy humana. El compartió la militancia de sus cuatro hijas para estar cerca de ellas y ahí se convenció de los ideales que defendían. Terminó desaparecido junto a ellas, sus yernos y sus cinco nietos. Solo quedó viva su mujer y se recuperaron dos nietos. Fue el mayor genocidio familiar que cometió la dictadura militar argentina. En este país tan raro ocurren ese tipo de cosas. También hay historias como la del doctor Salvador Mazza a quien interpreté en «Casas de Fuego» de Stagnaro, que dedicó su vida a combatir el mal de Chagas. No quedan rastros de sus investigaciones, ni de su archivo fotográfico, ni de su tumba. Sólo se sabe que está enterrado en San Isidro. Así es este país, genera capacidades enormes y después las ahoga en la bañera. No sé con qué necesidad. Sólo espero que esto cambie algún día, por eso busco hacer este tipo de personajes.

Entrevista de Patricia Espinosa

Dejá tu comentario