22 de enero 2018 - 00:29

¿Estrategia o capricho? Trump gobernó su primer año a punta de decretos

• ES EL PRESIDENTE QUE MÁS ÓRDENES EJECUTIVAS FIRMÓ DESDE EL SIGLO XX
Los expertos coinciden en que pese al aparente desorden de su mandato, el magnate lleva adelante una agenda coherente con el ala más conservadora del Partido Republicano.

FUERZA. El sábado, en coincidencia con el primer aniversario de la llegada de Donald Trump al poder, cientos de miles de mujeres marcharon en las principales ciudades del país para repudiar a su Gobierno.
FUERZA. El sábado, en coincidencia con el primer aniversario de la llegada de Donald Trump al poder, cientos de miles de mujeres marcharon en las principales ciudades del país para repudiar a su Gobierno.
A simple vista Donald Trump lidera un Gobierno descontrolado, que solo responde a reacciones espontáneas, sin cálculos o debates previos, conformando un espectáculo que se reproduce en los medios con titulares propios de una comedia dramática. Pero detrás de esa fachada su Administración nunca corrió los ojos del blanco: en apenas un año en el poder, el presidente de Estados Unidos firmó 58 decretos y 41 memorándums, más que ningún otro de sus antecesores en el último siglo. ¿Estrategia política o capricho?

En principio, queda descartada la improvisación. Con sus decisiones el magnate le propicia una muerte lenta al legado de Barack Obama (2009-2017), a la vez que complace al ala más conservadora y liberal (en lo económico) del Partido Republicano, coinciden expertos. "Después de que el Partido Republicano obtuviera el control del Congreso en 2010, Obama tomó muchas de sus decisiones políticas a través de órdenes y regulaciones ejecutivas. Por lo tanto, tiene sentido que Trump utilice la misma herramienta", explicó Steve Balla, profesor de la Universidad George Washington, a Ámbito Financiero.

Desregularización

El mismo día que juró, el 20 de enero del año pasado, Trump se estrenó en el cargo con un golpe de puño y letra a la reforma sanitaria llamada "Obamacare", una de las medidas legislativas más ambiciosas de las últimas décadas que establece que todos los ciudadanos deben contar con un seguro médico al mismo tiempo que asiste monetariamente a quienes no puedan costear una cobertura.

Casi en paralelo, anuló la normativa "Dodd-Frank" que obligaba a todas las entidades financieras a robustecer sus fondos y demostrar su capacidad para hacer frente a una crisis como la que en 2008 dejó al país al borde de un abismo por el colapso de Goldman Sachs y Lehman Brothers.

O condujo a que la industria energética expandiera sus negocios. El mayor alboroto tuvo lugar con la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París en junio - que compromete a las 195 naciones firmantes a la reducción de los gases contaminantes - pero el presidente norteamericano ya había tomado varias determinaciones en contra de la protección medioambiental inmediatamente después de asumir. Por ejemplo, rehabilitó la construcción de los oleoductos Keystone XL y Dakota, que estaban frenados por el anterior Gobierno demócrata y habilitó la exploración de petróleo en el Ártico. También, en diciembre pasado, ordenó la mayor reducción de reservas naturales en la historia en pos del desarrollo de actividades como la minería, la extracción hidrocarburos y la deforestación.

En el plano migratorio, a la fecha está en vigor un veto que prohíbe el ingreso a EE.UU. a los nacionales de Chad, Irán, Libia, Somalia, Siria, Yemen, Venezuela y Corea del Norte. Además, en el último septiembre canceló el programa DACA, que protege de la deportación a 800.000 jóvenes indocumentados que llegaron al país siendo niños y no tienen contacto con sus lugares de origen.

"Si bien es cierto que sus declaraciones y mensajes en la red social Twitter son poco amistosas, el caso es que el Gobierno en su conjunto logró avances significativos en una serie de áreas que son bastante consistentes con lo que se esperaría de un mandato republicano. Por lo tanto, creo que es importante separar las declaraciones personales del presidente de las evaluaciones de las direcciones generales y logros de la Casa Blanca", concluyó Balla.

No asegura, no obstante, una convivencia en un lecho de rosas. En el transcurso de los últimos meses, han sido decenas los correligionarios que lo atacaron con una dureza inusitada por ir en contra de los valores de su partido. Desde el veterano senador por Arizona, John McCain, hasta expresidentes como George W. Bush se plantan contra las diatribas vertidas por su máximo representante sobre las mujeres, las minorías, los mexicanos o su ausencia de diplomacia para manejar escaladas como las de Corea del Norte. Pero llamativamente, ninguna de esas críticas apunta contra el grueso de las medidas aprobadas a sola firma. Muchas veces se ha hablado de una "rebelión" interna, pero los resultados finales muestran que hasta los republicanos más díscolos terminan cerrando filas con Trump.

En líneas similares a las de Balla se manifestó Robert Y. Shapiro, profesor y ex presidente del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia, en conversación con este diario. "Las órdenes de Trump fueron todas acciones políticas que cualquier republicano conservador hubiera tomado siendo presidente, y su partido lo apoya ampliamente en ese sentido. Es verdad que otras de sus acciones sí son caprichos, pero reflejan su intento, como lo ha dicho en reiteradas ocasiones, de 'hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande'", explicó el analista.

"Esto no significa que sean decisiones sabias. Lo que refleja un comportamiento caprichoso o irracional son sus declaraciones despreciables y su falta de civismo hacia los demás que han distraído la atención de sus acciones políticas más legítimas, o discutiblemente legítimas", explicó. Es un fanfarrón, entonces, con un objetivo claro.

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