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Ex tornero que habla como si fuera un erudito
Es frecuente la escena en la cual, con gesto ampuloso, aparta de sí los papeles que le han preparado sus colaboradores y se lanza a hablar, con lenguaje llano y accesible, pero no por ello carente de riqueza.
Un libro de reciente publicación en Brasil, «Diccionario Lula: un presidente expuesto a través de sus palabras» (Editorial Nova Fronteira), analiza la retórica del primer mandatario y echa por tierra algunos preconceptos en torno de su figura.
Así, por ejemplo, el trabajo de 700 páginas revela que Lula, un obrero metalúrgico con escasa educación formal e hijo de padres analfabetos, tiene un vocabulario de 11.000 palabras, superior al promedio de un universitario que es de entre 8.000 y 9.000 y a años luz de un brasileño iletrado que utiliza un máximo de 4.000 palabras.
En concreto, una verba enriquecida que, junto con una popularidad que ronda el 80% a seis años y medio de mandato, hará la envidia de más de un mandatario latinoamericano.
Materia prima
Para llegar a esta conclusión, el autor del libro, Ali Kamel, director de la Central Globo de Periodismo, utilizó como materia prima 1.554 textos, producidos entre enero de 2003 y marzo de 2009, de los cuales 847 son discursos, 503, entrevistas, y 204, programas de radio. Kamel apeló solamente a los discursos improvisados por Lula, es decir, no contaminados con aportes de terceros.
Aplicando un software ad hoc a las más de tres millones de palabras así reunidas, Kamel logró identificar los términos más recurrentes y relevantes del discurso presidencial y elaboró un diccionario con 354 entradas -de «aborto» a «voluntad»- que resumen lo más relevante que Lula ha dicho sobre cada concepto.
«Familia», «Dios», «pobreza» y «educación» son algunas de las palabras más usadas por Lula y otras tantas entradas del diccionario, que Kamel mezcla con algunas que no provienen de la política o la economía, como «fútbol», «amistad», «suerte» y «churrasco».
Una entrada interesante del diccionario es «Lula», ya que el presidente es muy autorreferencial en sus discursos.
A las metáforas tomadas del fútbol o de la vida diaria, se suman las muchas veces que el presidente, consciente de la excepcionalidad de su biografía -el increíble periplo de un niño nordestino indigente que llega a la primera magistratura de una potencia emergente-, se toma a sí mismo como eje de sus alocuciones.
En Davos, en el año 2006, abrió su discurso diciendo: «Vengo de una tierra donde no morir antes de un año de edad es un milagro. No morí y me convertí en presidente».
Orgulloso
Lula habla mucho y de todos los temas y este diccionario lo muestra orgulloso de su lengua. «Yo tengo que hablar portugués para ser respetado en el mundo», dice, acordándose de los que preguntaban: «¿Cómo es posible que Lula gobierne un país si no sabe hablar inglés?»
También se revela como un hombre de discurso pragmático: «Se hace principismo en el partido cuando se piensa que no se van a ganar las elecciones. Cuando uno se convierte en Gobierno, gobierna en función de la realidad», (setiembre 2007).
Aunque Ali Kamel, opositor a Lula se permite una conclusión que es casi un retrato: «Muy lejos del estereotipo del líder de la izquierda obrera tradicional -generalmente ateo, promotor de un hombre nuevo, abogado de la reestructuración de la familia en nuevos moldes, partidario de un régimen político económico en el cual haya supremacía de los trabajadores sobre los patrones-, Lula acaba expuesto, por sus propias palabras, como un brasileño medio, más o menos creyente en Dios, defensor del modelo tradicional de familia y que se ve como propulsor de una sociedad capitalista donde haya más armonía entre pobres y ricos».


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