Fabiana Ímola y sus jardines de metal con eco del Paraná

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• LA ARTISTA EXPONE EN LA GALERIA DEL INFINITO

En la galería Del Infinito, Fabiana Ímola presenta en estos días una exposición donde reunió algunas piezas nuevas y varias de su reciente muestra antológica en el Museo Castagnino de Rosario. "El bosque, la lluvia y otras escenas" es el título de la exhibición y de un jardín plateado que se levanta bajo una lluvia de metal sobre los restos de un bosque carbonizado. Ímola "ya había hecho de la búsqueda de lo bello una ética", observa, frente al evidente protagonismo de la belleza, el historiador del arte Guillermo Fantoni, curador de ambas exposiciones.

Las obras realizadas en acero pulido brillan como diamantes y están entrañablemente unidas al sitio del cual provienen. El territorio rosarino determina la identidad, el resplandor proviene del río Paraná y de los espejismos que provoca su visión. Las islas y los cielos deslumbran al que mira con el relumbrar del acero. Este fenómeno del reverberar del sol sobre las aguas recuerda la descripción del escritor santafecino Juan José Saer, tan ligado al Paraná como nuestra artista. Saer cuenta la historia de un bañero, dice que después de flotar abstraído durante horas, en un instante que la memoria no logra precisar, "a su alrededor la superficie del agua se transformó en una serie de puntos luminosos, de número indefinido y quizás infinito". Agrega que en el horizonte visible "no era posible distinguir el agua de las orillas, parecía haberse pulverizado". Después de esta experiencia el personaje de Saer "demoró meses en recuperar el sentido de la realidad. [...] su mundo (y él mismo con el mundo) se desintegró para siempre".

Ímola se aleja sin embargo de la metáfora que plantea Saer para hablar de un personaje que pierde la orientación en la vida. Las obras de la artista están hechas de luces y reflejos pero trazan una conexión entre las islas y el cielo. Así, de un modo casi místico, Ímola representa el mundo y sobre las tiras plateadas que perforan el techo, unió con invisibles imanes las fantásticas simetrías que describe Fantoni: "Nuevas configuraciones que centellean como insectos o como pequeños pájaros". Las formas, ambiguas pero siempre bellas, están rodeadas por "cabezas de animales, agudas cornamentas y vestigios de una vegetación proliferante". El espíritu recolector de los viajeros científicos de los siglos XVIII y XIX se percibe en este despliegue. Sobre el piso de la galería y con su poderosa carga simbólica descansan los troncos carbonizados.

Durante el verano y a través de las redes, Ímola mostró numerosas fotos de una extensa gira por las islas del Paraná, imágenes que documentan su comunión con la naturaleza. El componente artístico sumado en la muestra, ensancha la distancia entre naturaleza y representación. En este espacio el espectador puede sumergirse en el goce visual y sensorial de oníricas fantasías o internarse en un paisaje poéticamente cartografiado.

El eterno devenir del río Paraná y las formas ornamentales de la vegetación estaban presentes en la obra de Ímola hace más de una década, cuando consolidó su carrera, a partir de la renovación educativa que desde la dirección del Centro Cultural Rojas y la UBA impulsó Fabián Lebenglik, con el Programa para las Artes Visuales Kuitca/ CCRojas 2003-2005. Los artistas que participaron del programa, sorprendieron con la calidad de sus obras al mundillo del arte. Acompañaban a Ímola, entre otros, Diego Bianchi, Flavia Da Rin, Matías Duville, Guillermo Faivovich, Cynthia Kampelmacher, Catalina León, Julia Masvernat, Miguel Mitlag, Sandro Pereira, Déborah Pruden, Inés Raiteri, Rosana Schoijett, Nahuel Vecino, Alfio Demestre, Mariano Giraud, Leandro Tartaglia, Gastón Pérsico y Cecilia Szalkowicz.

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