Fábula realista más rara que buena

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«Ricky» (id, Francia-Italia, 2009, habl. en francés). Dir.: F. Ozon. Guión: F. Ozon, E. Bernheim. Int.: A. Lamy, S. López, M. Mayance, A. Peyret, A. Wilms, M. Even, J. Arnold. 

Francois Ozon es como esos jugadores que nunca se sabe con qué novedades pueden salir. Ha probado el cuento de misterio, el drama fassbinderiano, la suave descripción de los últimos días de un joven con sida, la gozosa adaptación de un éxito comercial para gran elenco femenino, abrió una historia con imágenes fortísimas de drogadicción, etc., etc., y siempre le ha ido bien. Tiene mano. Y siempre tiene un mismo asunto, desde la primera que hizo, «Sitcom»: la familia incompleta. Y cómo completarla, o compensarla, de diferentes formas.

En este caso se juega por una combinación medio rara. La primera parte es una historia realista de ambiente obrero, con ese realismo grisón, desangelado, de los hermanos Dardenne, por ejemplo, pero afortunadamente sin mover la cámara a lo loco. Para el caso, la dura vida cotidiana de una madre soltera. Luego parece una de clase obrera de Ken Loach, vale decir, hay sonrisas, la madre soltera se junta con un compañero de trabajo, buen tipo dentro de lo que cabe. Al fin la hija, que ya está en la primaria, tiene una figura paterna, y un hermanito. Pero un día, que el padre se quedó cuidando al niño, la mujer vuelve del trabajo y descubre en la espalda del bebé unos sospechosos moretones. ¿Volvemos a los Dardenne? No, vamos a algo mejor, vamos hacia Antonio Mercero. ¡Al niño le están creciendo unas alitas! Lástima que a Mercero no llegamos.

Treinta años atrás, el autor de «Verano azul», «Farmacia de turno», y «Espérame en el cielo» supo enternecer a medio mundo con «Tobi, el niño con alas». Pero acá la ternura está prohibida. Éste es un cuento seco, una fábula realista, que se dice libremente inspirada en un cuento de la amarga escritora inglesa Rose Tremain, «Moth», de su libro «The Darkness of Wallis Simpson». Qué le vamos a hacer. Tobi tenía alitas de ángel. El de ahora, parecen alas de pollo. Como sea, ya se sabe lo que pasa cuando los hijos crían alas. Aunque para las madres siempre sean sus bebés, los desagradecidos esos crían alas. Ella tendrá su propio bautismo en la soledad, en una escena bastante ridícula pero efectiva. Y se volverá a su casa, donde la espera su familia. No contemos más. Si se quiere, es una obra menor de Francois Ozon. Igual es de Ozon, así que sus seguidores quedarán un rato perplejos pero después le van a tomar el gusto, y le encontrarán las razones, que las tiene. ¡Pero ojalá se hubiera inspirado en «Fifí la Plume», aquella lejana delicia de Albert Lamorisse sobre un ladrón alado que aprovecha sus dotes para entrar por las ventanas de los pisos altos, y fingirse un ángel en las habitaciones de las adolescentes internadas en un colegio! (qué revuelo de plumas había en esa comedia, ¿estará en Internet?).

P.S.

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