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Fin del sueño “Moreno CEO”: remataron la ex Massuh
• Privados compraron las instalaciones en 4,3 millones de dólares.
• El secretario la había refundado en 2009.
Las protestas de 2009 por el eventual cierre de Massuh hicieron que Moreno impulsara su proyecto empresarial. La planta se cerró en 2011 y, previo remate, nuevos dueños tomaron las devastadas instalaciones.
"Acá estamos nosotros y los laburantes, viva Perón". Un exultante Moreno llegaba a comienzos de mayo de 2009 a la planta de Quilmes y como una especie de terrateniente antiguo se ponía al frente de los casi 200 trabajadores de la fallida papelera Massuh y anunciaba con fervor el optimista futuro que se venía para el proyecto de la papelera estatal propia. Moreno había convencido a Néstor y Cristina de Kirchner sobre la posibilidad de llevar adelante un proyecto de papelera nacional y popular, que abastecería compulsivamente a todas las dependencias del Estado nacional, a las provincias y municipios políticamente cercanos y hasta ofrecería artículos de librería en Coto, Walmart, Jumbo y Carrefour; cuatro empresas que ya para esa altura eran aliadas del secretario en los primeros proyectos de congelar precios. Los privados, que ya comenzaban a acostumbrarse a las ventajas de decirle siempre que sí a Moreno, aceptaron el convite y despejaron parte de las góndolas para los productos nacionales y populares que la Papelera Quilmes comenzaría a distribuir. Aun a pérdida.
Paradójicamente, los privados siempre fueron receptivos de los artículos. El problema vino, curiosamente, del propio Estado. Moreno nunca pudo convencer a sus colegas de las bondades de los artículos de su papelera. Para abrir la planta en ese mayo de 2009, Moreno recibió un crédito público de $ 50 millones y pidió además que el Gobierno acepte que desde la Papelera Quilmes se pueda importar pasta celulosa desde Botnia.
La papelera estaba paralizada desde el 23 de abril de 2009, sepultada por deudas millonarias, en medio de fuertes protestas, que llevaron a los casi 500 trabajadores a una masiva movilización a Plaza de Mayo, luego que el antiguo dueño, Héctor Massuh (ex directivo de la UIA en días de Néstor Kirchner), abandonara la empresa. Cristina de Kirchner fue entonces la que le ordenó a Moreno que personalmente se hiciera cargo del problema, y en consecuencia el secretario ideó su plan de "salvataje" colocándose él mismo como el director y CEO de la nueva papelera.
Moreno abrió las puertas de la empresa semiestatal (se manejaría con su managment pero con fondos públicos) el martes 26 de mayo de 2009, anunciando cómo sería la forma de conducir el emprendimiento hacia delante. La idea era que Papelera Quilmes permaneciera con un 50% de las acciones en propiedad del Estado nacional, pero que el otro 50% cotice en Bolsa.
Sus procedimientos al frente de la papelera apuntaban a revolucionar el marketing:
• A poco de asumir el control de la ex Massuh, dio su primera orden. Los gerentes de costos y marketing de la papelera debían reportar inmediata y diariamente sus acciones a su escritorio. En el segundo día se les prohibió comunicarse personalmente con los principales proveedores y clientes, los que pasarán a tener relación directa con el nuevo CEO. En esos días se comentaba entre los operarios la similitud entre el funcionario y el actor Bruno Ganz en la película alemana «La caída », que refleja los últimos días de Hitler y el trato agresivo a sus súbditos.
• Moreno pidió además el listado y costos de los principales proveedores de la empresa, especialmente los que ofrecen productos críticos para sostener el nivel de actividad. Llamó personalmente a los más importantes para anunciarles que cambiaban las condiciones de compra de la ex Massuh. A partir de ahora, los pagos dejarían de ser al contado (exigencia que la papelera sufría desde que ingresó en concurso), que el nuevo plazo de liquidación sería de entre 60 y 90 días dependiendo de la decisión particular de la empresa y que los que cobraban en dólares pasarían a recibir pesos. Moreno realizó todos estos anuncios con el tono que lo hizo famoso en la Secretaría de Comercio, y en ninguno de los casos obtuvo una negativa, sino que, por el contrario, recibió todo el apoyo del caso.
• Resuelto el tema de los costos, Moreno se comunicó, siempre personalmente, con al menos tres responsables máximos de los hipermercados que habían firmado con él acuerdos de precios. Se dieron dos casos curiosos. Uno de los hipermercados, el de capitales europeos, envió un cheque a la ex Massuh con una cifra de cinco ceros como adelanto de futuras compras y sin la exigencia de la mercadería. Además un cuarto supermercado que no fue contactado por Moreno buscó por todos los medios que el secretario supiera que estaba dispuesto a aceptar las condiciones que le imponga la papelera.
No pudo ser. Hacia febrero de 2010 quedaban en Massuh unos 200 empleados. El resto se había retirado expulsado por los bajos salarios y las malas condiciones laborales. Moreno ya no estaba presente, las pérdidas anuales llegaban a los $ 50 millones y los responsables del Estado culpaban al resto de la administración pública por no haber cumplido el compromiso de comprarle papel a la compañía. Con tristeza Papelera Quilmes veía que Ledesma y Papel del Tucumán se quedaban con los contratos del Estado, incluyendo los planes de impresión del Instituto del Libro, la repartición que producía los manuales para los colegios públicos nacionales. Por su parte, nunca hubo gobernaciones o intendencias peronistas interesadas en avalar el proyecto morenista de una papelera proveedora de papel nacional y popular.
Finalmente la compañía se presentó definitivamente en quiebra y los trabajadores terminaron siendo indemnizados por el Estado. La planta cerró y comenzó un proceso de liquidación judicial. Luego de cuatro intentos fallidos de remate (el precio comenzó en u$s 24 millones), Papel Pampa compró las instalaciones en u$s 4,3 millones.


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