20 de julio 2023 - 00:00

FMI: 48 horas de negociación clave, con el déficit fiscal sobre la mesa

Los protagonistas deben ponerse de acuerdo en el poco tiempo que queda hasta el 31 de julio. El FMI pide una devaluación no menor al 30% y un ajuste fiscal de 1,5% para este año. Para Sergio Massa es una utopía porque aceleraría la inflación.

Fondo Monetario Internacional (FMI). 

Fondo Monetario Internacional (FMI). 

REUTERS

Comienzan 48 horas frenéticas de negociación en Washington, entre los enviados del Palacio de Hacienda y el staff técnico del Fondo Monetario Internacional. El viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein; el jefe de asesores, Leonardo Madcur; el vicepresidente del Banco Central, Lisandro Cleri; y el secretario de Hacienda, Raúl Rigo, se cruzarán en negociaciones finales con el director gerente para el Hemisferio Occidental, Rodrigo Valdés, y el titular del caso argentino, Luis Cubeddu. Los seis protagonistas actuales del momento más dramático en la relación entre el país y el organismo financiero que maneja Kristalina Georgieva deben ponerse de acuerdo en el poco tiempo que queda hasta el 31 de julio (día en que el país debería pagar unos u$s2.600 millones) en el tipo de acuerdo que Argentina y el FMI podrían mantener al menos hasta fin de año.

Las primeras dos jornadas de negociaciones sirvieron para confirmar los dos capítulos en los que no habrá consenso entre las partes. El FMI le pide al país, para obtener un entendimiento amplio, una devaluación no menor al 30% y un ajuste fiscal de 1,5% para este año. O al menos mostrar cómo podría defenderse la meta original del 1,9%, porcentaje hoy en crisis. Para Sergio Massa y su equipo, el reclamo es una utopía económica y política. Según el criterio del equipo del Palacio de Hacienda, aceptar el pedido de Valdés y Cubeddu implicaría acelerar la inflación en medio de un ajuste de gastos que caería sobre la clase de medios y bajos ingresos; algo inaceptable para la Argentina actual. Más en medio de una campaña política donde Massa es, además de ministro, el candidato del oficialismo. Con este panorama, y ante la falta de acuerdo, la posibilidad de un acuerdo de fondo queda descartada.

La alternativa que se maneja ahora es la de un acuerdo de corto plazo, aplicando un waiver por los incumplimientos del país en el primer trimestre del año y el compromiso de volver a discutir la situación de las variables comprometidas de déficit, emisión monetaria y reservas en el BCRA en septiembre. Esto es, cuando las PASO del 13 de agosto ya hayan pasado. Argentina podría recibir el dinero ya pagado en junio por unos u$s2.400 millones, más los u$s2.600 que debería liquidar el 31 de julio próximo. Luego, para evaluar qué se haría con los pagos que el país debería girar en septiembre, las partes esperarían a que el panorama político del país se acomode luego de las primarias del mes que viene.

El tiempo apremia. La semana que viene gran parte del organismo comenzará sus vacaciones estivales; lo que determinará que el FMI quedará virtualmente paralizado hasta la primera o segunda semana de agosto. De hecho, el board del organismo podrá reunirse hasta fines de la próxima semana. Luego, en agosto, los embajadores de los países accionistas abandonarán no sólo sus oficinas, sino la mismísima ciudad de Washington. Y, obviamente, ya no habrá tiempo para tratar el caso argentino, que quedaría para agosto. No sería una situación de crisis para el país, siempre que en los próximos días el staff técnico y los negociadores argentinos lleguen a un acuerdo y firmen el esperadísimo Staff Level Agreement.

Esto implicaría que al menos en lo formal y técnico Argentina y el FMI están de acuerdo en cómo seguirá la relación y cómo se ejecutarán los pagos de ambos lados. Los que simplemente no se ejecutarían porque hace falta la autorización de un board, en vacaciones. Pensar que el board no avalaría una aprobación del staff técnico, más en el caso argentino, sería una utopía; con lo cual la gestión de Sergio Massa mostraría ante los mercados que hay un principio de acuerdo con el FMI, el que se firmaría en la segunda o tercera semana de agosto. Si se diera esta posibilidad, el país podría no pagar el vencimiento del 31 de agosto, y se generaría una situación incómoda pero habitual. Simplemente habría que esperar la aprobación del Fondo para luego recibir el dinero con el que se cumpliría el compromiso. Nada que no le haya sucedido a la Argentina o algún otro país deudor.

En lo formal, y por lo que se sabe, el acuerdo que se cerrará para la secuencia del segundo semestre del año; con nuevas metas anuales de déficit fiscal, reservas del Banco Central y emisión monetaria, que suplantarán a las vigentes en lo firmado en marzo del año pasado por Martín Guzmán. La información que se maneja es que el FMI será muy flexible en el caso de las reservas, reconociendo las consecuencias de la sequía en los ingresos de dólares del primer semestre del año. Pero será difícil que haya una flexibilización sustancial en el déficit del 1,9% exigido originalmente, y mucho menos que haya menos presión en la exigencia sobre la emisión monetaria. La buena noticia es que la medición de objetivos sería ahora anualizada, y no fiscalizada por trimestres.

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