No hay duda de que los fondos y bancos de inversiones internacionales pondrán el hombro el próximo año cuando Argentina vuelva a salir a los mercados en busca de financiamiento para cubrir el rojo fiscal. Así ya se lo hicieron saber a las huestes del Palacio de Hacienda. Los gestores, ávidos de rentabilidad, no mirarán los fundamentos de la economía. Harán la vista gorda. Porque aún habrá margen para el error. Es decir, el nivel de endeudamiento será todavía manejable. Lo que no implica que tras las elecciones legislativas de 2017, en 2018 seguirán tan predispuestos si los números macro no se reencauzan hacia un sendero más sustentable.
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Lo cierto es que, por el momento, movida descontada de la Fed mediante más allá del desenlace presidencial en EE.UU., los fondos que salga a buscar el Gobierno de Cambiemos los encontrará. Claro que nada es por solidaridad. Los rendimientos que promete la deuda soberana e incluso corporativa, de Argentina son más que atractivos en el concierto de tasas internacionales. Vale señalar que en el mercado mundial hay 11 billones de dólares invertidos en bonos soberanos con rendimientos negativos. Por ejemplo papeles a dos años de Suiza rinden -0,89% anual, los de Alemania, Bélgica, Holanda y Austria aproximadamente -0,6%, y algo más los de Francia e Irlanda, para llegar a niveles de -0,23% como en el caso de Japón o España del -0,16%, según datos del Estudio Broda.
Pero esta vorágine que han experimentado los activos financieros argentinos desde fines del año pasado, que se refleja en las cotizaciones bursátiles y la baja del riesgo-país, tampoco es patrimonio exclusivo de Argentina. En realidad los inversores extranjeros hambrientos de incorporar a sus carteras papeles con mejores rendimientos se zambulleron en todo el especto de activos emergentes, en particular Latinoamérica y Asia. Por ello lo que vivió un Bonar 2046 que en los últimos seis meses donde vio caer casi 85 puntos básicos su tasa de retorno por debajo del 7% anual, también lo experimentó su par brasileño, el Global 2041, que de niveles de 6,85% pasó a menos de 5,9% o el bono peruano 2050 que en el mismo período vio caer su rendimiento de 4,88% a 4,10%. O sea, los inversores no discriminan, por ahora. Compran casi todo, de modo de acompañar las altas tasas que ofrecen los emergentes.
Bajo el argumento de ser una especie de garantes de la gobernabilidad, en términos de brindar el financiamiento necesario para cubrir los déficits y permitirle al gobierno llegar sin sobresaltos a las elecciones, los inversores extranjeros reconocen que no tendrán en cuenta, por ejemplo, el nivel del rojo fiscal, como sí lo hubieran hecho en otra circustancia. O como sí lo hicieron en el pasado, antes de las crisis terminales de los 80 y 90.
Éxodo
Ocurre también que, en lo que va del año ya han cerrado sus puertas cientos de hedge funds ante la presión insostenible de bajos rendimientos (1,6% anual en el primer semestre del año) y altas comisiones a los clientes (el estándard es 2% sobre el activo administrado más 20% adicional sobre las ganancias). Pero el éxodo de capitales desde estos fondos especulativos no se detiene: en el último trimestre supera los u$s28.000 millones, la mayor salida desde la crisis de 2009, según Hedge Funds Research. Es por ello que, tragan saliva, y compran activos que en otro momento jamás hubieran ni mirado.
En este contexto las misiones y delegaciones oficiales que vienen desembarcando en Washington, adelantadas por este diario, han tomado contacto con varios hedge funds quienes le transmitieron que están en proceso de rearmado de las cartera latinoamericanas. En el caso argentino han llegado a un nivel de saturación sobre todo de bonos soberanos y provinciales. O sea, si deben participar en la colocación de un nuevo bono, deben vender uno de la cartera. Consideran así tener la porción de riesgo argentino tolerable y ahora se aprestan a tomar posición a la espera de las IPO (ofertas públicas de venta de empresas y bancos en la bolsa) el próximo año en toda la región. No debería el Gobierno especular, por lo tanto, con más fondos frescos. Estos inversores dicen tener sólo espacio para unos u$s30.000 a u$s35.000 millones, estimados para las colocaciones de 2017. No extraña que días atrás estuviera por Buenos Aires el CEO de BlackRock, Laurence Fink, el fondo de inversiones más grande del mundo con activos por más de 5,1 trillones de dólares.
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