En dos declaraciones que sorprendieron por el tono abiertamente crítico, el papa argentino comparó a Europa con una "abuela" y le pidió que vuelva a ser una "referencia para la humanidad". Y tras constatar las tensiones políticas persistentes en el continente, el Papa les pidió a los diputados no caer "en las tentaciones del pasado" y asumir un papel protagónico inspirado en los valores cristianos.
Asimismo, los exhortó a "recibir y ayudar" a los inmigrantes ilegales, en momentos en que la extrema derecha gana terreno en el poder, con mayor peso en Francia y en Reino Unido. "No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio", sostuvo en referencia a los inmigrantes que llegan desde África. "En las embarcaciones que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda", señaló. En paralelo a sus palabras, una embarcación con entre 500 y 700 indocumentados se encontraba a la deriva en las inmediaciones de la isla griega de Creta.
La primera visita de Jorge Bergoglio a la ciudad sede de las instituciones legislativas europeas duró apenas cuatro horas. Pero el Papa no perdió el tiempo: vino a hablar y lo hizo sin pelos en la lengua.
"Los grandes ideales que forjaron Europa parecen haberse perdido", deploró. "Desde muchas partes, se recibe una impresión general de cansancio y de envejecimiento, de una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz", dijo ante un Parlamento europeo que lo aplaudió, aunque entre bambalinas algunos lamentaron un discurso "agresivo".
El viaje a Estrasburgo fue la segunda visita efectuada por un papa al Parlamento Europeo, tras la realizada por Juan Pablo II el 11 de octubre de 1988, un año antes de la caída del Muro de Berlín, cuando Europa todavía estaba dividida en dos bloques.
Francisco advirtió ante la cámara que "junto con una UE más amplia, existe un mundo más complejo y en rápido movimiento. Un mundo cada vez más interconectado y global, y, por eso, menos eurocéntrico. Sin embargo, una Unión más amplia, más influyente, parece ir acompañada de la imagen de una Europa un poco envejecida y reducida, que tiende a sentirse menos protagonista en un contexto que la contempla a menudo con distancia".
Por otra parte, Francisco retomó otro de sus temas favoritos: dedicó buena parte de su discurso de más de media hora a impugnar la "cultura del descarte" de la economía liberal y los "estilos de vida un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto del mundo circundante y, sobre todo, de los más pobres".
"Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad, propia de quien no tiene lazo alguno", dijo Francisco. "Se ve particularmente en los ancianos a menudo abandonados a su destino, como también en los jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades para el futuro".
A pesar del buen recibimiento general, en los extremos del espectro político, la mera presencia del Papa en el hemiciclo molestó a los más radicales, por considerarla contraria al principio de laicidad. "El Parlamento Europeo no es lugar para ninguna religión, y menos aún una que no me deja escoger con quién me acuesto", dijo Marina Albiol, de Izquierda Unida.
Rechazo similar expresó el representante de la izquierda radical francesa, Jean-Luc Mélenchon. "Fue un festival de hipocresía", dijo Mélenchon a los periodistas. "Los mismos que crean el cementerio (de indocumentados) aplaudieron" al Papa.
El líder histórico de la extrema derecha francesa, Jean-Marie Le Pen (Frente Nacional), manifestó por su parte su descontento con un papa "partidario de una entrada masiva de inmigrantes. Espero que se reserve una parte para el Vaticano".
| Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero |


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