"Hoy se habla mucho de derechos, olvidando con frecuencia los deberes; quizá nos hemos preocupado demasiado poco por los que sufren hambre", subrayó Jorge Bergoglio en su discurso. "Y mientras se habla de nuevos derechos -agregó-, el hambriento está ahí, en la esquina de la calle y pide derecho de ciudadanía, ser considerado en su condición, recibir una sana alimentación de base. Nos pide dignidad, no limosna".
Para el Pontífice "es doloroso constatar que la lucha contra el hambre y la desnutrición es obstaculizada por la prioridad del mercado y por la preeminencia de la ganancia, que redujeron el alimento a una mercadería cualquiera, sujeta a especulación incluso financiera".
"Hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines están ante nuestros ojos. Por desgracia, esta paradoja sigue siendo actual. Hay pocos temas sobre los que se esgrimen tantos sofismas como los que se dicen sobre el hambre; pocos asuntos tan susceptibles de ser manipulados por los datos, las estadísticas, las exigencias de seguridad nacional, la corrupción o un reclamo lastimero a la crisis económica. Éste es el primer reto que se ha de superar", aseveró.
"Las personas y los pueblos exigen que se ponga en práctica la justicia; no sólo la justicia legal, sino también la contributiva y la distributiva", afirmó, hablando ante delegaciones de todo el mundo. "Vivimos en una época -subrayó el pontífice argentino- en la que las relaciones entre las naciones están demasiado a menudo dañadas por la sospecha recíproca, que a veces se convierte en formas de agresión bélica y económica, socava la amistad entre hermanos y rechaza o descarta al que ya está excluido".
"En esta perspectiva espero que, en la formulación de dichos compromisos, los Estados se inspiren en la convicción de que el derecho a la alimentación sólo quedará garantizado si nos preocupamos por su sujeto real, es decir, la persona que sufre los efectos del hambre y la desnutrición", afirmó Francisco.
Frente a estos problemas, exhortó a los gobernantes a "buscar la justicia de modo concreto y no sólo teórico. Las personas y los pueblos exigen que se ponga en práctica la justicia, no sólo la justicia legal, sino también la contributiva y la distributiva".
En su discurso el Pontífice señaló que la falta de solidaridad es otro reto que la Asamblea debería afrontar. "Nuestras sociedades se caracterizan por un creciente individualismo y por la división; esto termina privando a los más débiles de una vida digna y provocando revueltas contra las instituciones", remarcó.
Por último, el Pontífice lanzó un fuerte llamado para la defensa de la "madre Tierra" y advirtió también con un dicho de la Argentina: "Dios siempre perdona, los hombres perdonan a veces, la naturaleza no perdona nunca".
| Agencias ANSA, EFE, AFP, Reuters y DPA |


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