25 de marzo 2019 - 00:01

Expandir nuestra producción y consumo de gas

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Desde hace medio siglo que Argentina comenzó a liderar en el mundo la expansión de los mercados internos de gas, un ejemplo de esto fue el gran desarrollo que tuvieron las iniciativas argentinas para utilizar el GNC en los automóviles. En el mundo de hoy el gas es la cuarta parte del consumo total de energía, superado por el carbón y el petróleo, pero entre nosotros el gas ya satisface nada menos que la mitad de este consumo, por esta razón nuestro país se ubica en el grupo de países con alta participación del gas en el consumo total energético.

Tengamos presente que cuando la expansión del consumo de gas desplaza consumos altamente contaminantes como el carbón o el petróleo, se reducen las emisiones de CO2, globalmente contaminantes y que año a año contribuyen negativamente al deterioro climático. Esto significa que los computos meramente financieros son incapaces de reflejar el verdadero mérito de cada fuente energética. De los tres combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) es muy importante tener en cuenta que el gas es el que menos contamina.

Las evidencias acumuladas en los últimos años en nuestro país han confirmado la posibilidad que, con una política de desarrollo energético bien diseñada, aumente sustancialmente nuestra producción del gas. Ahora bien, si aumenta la producción, la pregunta que nos debemos hacer es “cual debería ser el destino de esta mayor oferta interna”; hasta ahora se apunta principalmente al aumento de las exportaciones, hecho claramente positivo teniendo en cuenta la creciente debilidad de nuestras cuentas externas, agobiadas por un prolongado retroceso de las exportaciones en la última década.

Debemos tener en cuenta que las exportaciones de gas son una interesante oportunidad, que claramente estará influenciada por el precio FOB de exportación y los costos en las infraestructuras requeridas para movilizar crecientes cantidades de gas a nuestros puertos de salida. Es muy probable que este precio neto de exportación sea sensiblemente inferior al actual costo total de las importaciones, particularmente las de origen marítimo. Esto sencillamente significa que deberíamos exportar “más barato” que las actuales importaciones sensiblemente “más caras”. Esto exige que el análisis de costo-beneficio de las opciones a que mercados nuevos deberían orientarse nuestras nuevas exportaciones, sea muy cuidadoso a fin de optimizar el aporte de la expansión futura de nuestra producción de gas.

El mercado interno de combustibles se integra con muchas actividades en el sector eléctrico, en la producción industrial y particularmente en la demanda que enfrenta el transporte, que hoy es una actividad de gran importancia en el consumo de combustibles de origen petrolero. En este sector hay que tener en cuenta que el gas también se puede utilizar en varias formas de transporte como GNC, gas natural comprimido, o GNL (gas natural licuado). En los últimos años se están evidenciado en muchos países importantes transformaciones tecnológicas, que apuntan al aumento en el consumo de gas desplazando al petróleo (más contaminante).

Estados Unidos es claro ejemplo, ya que es un gran consumidor de combustibles para el transporte, destacándose el hecho que en los últimos años avanza una gran expansión de la flota camionera que utiliza gas, impulsada por el rápido crecimiento en la producción tanto de “shale” como de “tight” gas. En el caso de China, que hoy es la primer economía mundial, también es notable la expansión de las estaciones de servicio que suministran gas, entre el 2008 y el 2016, según informa la Agencia Internacional de Energía, la cantidad de estas estaciones se multiplico nada menos que ocho veces. Desde hace varios años en la Unión Europea ya rigen directivas comunitarias que apuntan a la expansión del consumo tanto del GNC como de GNL.

Al hacer una evaluación del acelerado cambio en los modos de transporte, es importante enfatizar el impacto favorable sobre el medio ambiente del uso del gas, ya que al pasar del petróleo al gas se reducen las emisiones contaminantes de monóxido de carbono, oxido nitrógeno y diversas partículas y niveles de ruido. La amenaza climática es de alcance claramente global, por esta razón es urgente desarrollar las nuevas tecnologías capaces de reducir las emisiones que vienen creciendo año a año.

La tarea que tenemos por delante es muy importante, ya que ya somos un importante consumidor e importador de gas, pero si la producción futura aumenta sensiblemente esta situación cambiara. Es necesario evaluar, desde el punto de vista de la economía nacional, si existen posibilidades donde los beneficios sean mayores a los costos, de expandir aún más el consumo interno de gas. Es cierto que ya somos un gran consumidor gasífero , pero esto no pone un limite rígido a nuestra posible explotación gasífera, ya que nuestros recursos gasíferos son considerables.

Si hay un sector de la economía que requiere de la denominada programación indicativa es el sector energético, identificando las mejores opciones desde el punto de vista del interés general. Pero la planificación indicativa es responsabilidad directa del Estado, en este caso la responsabilidad recae principalmente en tres áreas de Gobierno: Energía, Industria y Transporte. Es importante que evalúen cuales transformaciones serían necesarias en los combustibles que utiliza el transporte. La política industrial con impacto energético debe ser definida en términos del interés general.

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