21 de marzo 2016 - 00:00

Giro desde EE.UU. impulsa mercados

La Fed rompió el molde de sus proyecciones y ablandó el discurso cuando la información económica justificaba una postura más agresiva. Y no bien Janet Yellen levantó la barrera de la suba de tasas, Wall Street puso quinta a fondo. Con su imprevista colaboración, el rally de los milagros enhebró la quinta semana consecutiva de alzas. Créase o no, la Bolsa recuperó ya todo lo perdido en la zozobra de principios de año, y se da el lujo de saborear una ganancia cercana al 1%. El Dow Jones de Transporte, que descarriló feo en enero, rebotó más del 20% desde los mínimos y estrenó el jueves un flamante mercado bull sectorial. Las materias primas, los mercados emergentes y los bonos basura son otras áreas de gran efervescencia. Y como el dólar mordió el polvo tras la milagrosa conversión de Yellen prometen ir por más.

La Fed planeaba cuatro subas de tasas a lo largo del año, y ahora se reducen a la mitad. La tasa de Fed funds -hoy en el rango entre un 0,25% y un 0,50% anual- no sobrepasará el 1% a fin de diciembre. Y se aplanó la pendiente de toda la cuesta alcista. Cuando la normalización esté terminada, no antes de 2019, el banco central estima que una tasa del 3,25% será suficiente para satisfacer su mandato dual, de pleno empleo e inflación al 2%. Lo curioso de la mudanza es que se produce cuando los precios minoristas vuelven a trepar. La inflación subyacente corre por encima del objetivo del 2% tanto si se la aproxima por una medición núcleo (arroja una variación en los últimos doce meses del 2,3% a febrero) o por la mediana del índice general (marca el 2,4%). No sólo la inflación repuntó. La actividad económica, las condiciones laborales y los mercados financieros se tonificaron lo suficiente como para ahuyentar los fantasmas de principios de año. No hay rastros de recesión, deflación o mercado bajista.

¿Cómo se entiende este giro en redondo de un banco central? El comunicado oficial cita dos veces los peligros que entraña la situación económica y financiera global. Yellen comenzó su diálogo con la prensa con idéntica afirmación. Habrá que hurgar en las minutas para recabar precisiones, pero todo indica que se reabrió el debate en el seno de la entidad. La votación de la reunión recogió la postura disidente de Esther George, Fed de Kansas City, quien quería elevar las tasas un cuarto de punto allí mismo, sin esperar siquiera al cónclave de abril. James Bullard, Fed de Saint Louis, el primer funcionario en hablar después de Yellen, dos días más tarde, subrayó que los objetivos de empleo e inflación "ya han sido esencialmente alcanzados". Resulta "prudente" retomar el ajuste de tasas, dijo.

¿Será el efecto G-20? Allí se convino que había necesidad de mayor cooperación para sacar al mundo de su incómoda posición. ¿Regirá un acuerdo tácito para aunar esfuerzos en una misma dirección como se rumorea? El dólar cayó de bruces -a la manera que ocurrió tras el Acuerdo del Plaza Hotel de 1985- no bien Yellen le rebajó la escalera a la suba de tasas. ¿Se abre un paréntesis en la divergencia de las políticas monetarias? Finalizado el mitin de Pekín, el BCE, el Banco de Japón y el Banco del Pueblo de China redoblaron la artillería de estímulos. Otros -como los bancos centrales de Noruega y Nueva Zelanda- sumaron sus aportes. ¿Tocaba a la Fed oblar su respectiva contribución? Washington no reniega de la suba de tasas, pero con su gesto pacifista imprevisto quita presión más que nadie. Si la tesis del "superdólar" llega a hacer mutis por el foro, es piedra libre para los mercados de riesgo. Sobre todo para la castigada periferia. Por lo menos hasta que la Fed no nos diga que se trató de un malentendido, algún "involuntario" error de interpretación.

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