9 de julio 2013 - 00:06

Gobierno, más lejos de la reforma, ahora pelea por el quórum

Julián Domínguez
Julián Domínguez
La oposición se obsesiona con la obstinación kirchnerista por una reforma constitucional que garantice la idea de una Cristina eterna. El oficialismo la alimenta y habla del tema siempre que puede sin esperar siquiera a que se lo pregunten. Diana Conti se convirtió en ese sentido en resucitadora profesional de esa causa.

Pero unos y otros dejan de lado por ahora una realidad que se vuelve cada día más compleja para el oficialismo en el Congreso: según avanza la campaña y se presionan definiciones en unos y otros, la pelea del kirchnerismo se aleja de poder lograr los dos tercios que necesitaría para votar una ley que declare la necesidad de la reforma, hacia garantizarse mantener el quórum, ya en peligro en el Senado y con luces naranjas en Diputados. Todo indica que el panorama para votar leyes complicadas se volverá mucho más difícil para el Gobierno desde el próximo diciembre. Esta semana se sumaron las malas noticias para el kirchnerismo en ese sentido. El lanzamiento de un bloque de diputados del Frente Renovador misionero independiente le resta al Gobierno unos cinco votos.

No es poco: si esa diferencia hubiera existido en los últimos tres meses, el Gobierno debería haber negociado más para votar, por ejemplo, las seis leyes de la reforma judicial; seguramente no podría haber aprobado el menos digerible acuerdo con Irán o el blanqueo de dólares.

Esos diputados misioneros armaron bloque propio para dar una señal al Gobierno, en realidad la envió su jefe, Maurice Closs, cansado de demoras en el giro de fondos y, sobre todo, preocupado por el desgaste y la pérdida de votos que registró en la elección provincial donde (a pesar de existir una lista del Frente para la Victoria) fue a competir como la cara del Gobierno nacional. De hecho Cristina de Kirchner viajó a Misiones para bendecirle la presentación de la lista. Esos casos son los que recargan la negociación en Julián Domínguez y Miguel Pichetto que hasta ahora lograron reunir los quórum.

No es el único caso en medio del rosario de elecciones que recién comienza. En Neuquén Ana Pechén también trajo malas noticias. La primera candidata a senadora de Jorge Sapag por el Movimiento Popular Neuquino, aliado del Gobierno en todas las votaciones, ayer definió posición: "No estoy a favor de una reforma de la Constitución y menos que sea para una reelección", dijo. Un voto menos que deberá ponerse también en la cuenta del costo político de seguir aliado al Gobierno.

Pero ninguno de esos problemas se compara con la situación bonaerense. Las tres listas en la que se dividió el voto peronista en ese distrito obligaron a cambiar los cálculos para el bloque de diputados. Hasta ese momento el cálculo era simple y sin mayores complicaciones para el kirchnerismo teniendo en cuenta que en todo el país el Gobierno pone en juego sólo 35 diputados de las 111 propios que tiene. Ese récord exige equiparar la elección de 2009, la peor de la era Kirchner.

El riesgo de perder el control de las Cámaras, entonces, parecía lejano. Más cuando en la propia provincia de Buenos Aires los números no deberían provocar alerta: allí el kirchnerismo pone en riesgo 12 bancas propias más la de Martín Sabbatella, de Nuevo Encuentro. Pero la aparición de Sergio Massa y su lista, más la de Francisco de Narváez y el oficialismo de Martín Insaurralde por su lado, con la división de votos y bancas que eso supone, desarmó ese equilibrio. Massa, por lo pronto, ayer habló por primera vez y despejó una duda: "No vamos a permitir que se trate ni reforma de la Constitución, ni la reelección indefinida", dijo en Tigre.

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