3 de abril 2014 - 00:00

Gobierno sorprendió, pero ¿habrá plan primavera?

Gobierno sorprendió, pero ¿habrá plan primavera?
Durante las últimas semanas se ha logrado detener la vertiginosa pérdida de reservas, hoy en torno a u$s 27.000 millones, al mismo tiempo que se ha estabilizado el tipo de cambio a 8 pesos por dólar. No es casual, ya que el Gobierno ha tomado medidas que, dadas sus connotaciones ideológicas y políticas, pocos creían que sería capaz de tomar. Es decir, ha sorprendido, y más allá de las desprolijidades y del desorden, lo ha hecho en la dirección correcta, y por eso está recogiendo sus frutos. Sin embargo, si bien la batería de medidas de fuerte impacto monetario explica claramente la estabilización actual, un análisis de éstas no permite todavía vislumbrar su durabilidad. Antes de evaluarla, veamos primero cómo se ha logrado sortear una muy difícil situación, a partir de básicamente seis medidas:

1) Una reducción del poder de compra real de los tenedores de pesos, despojados por el equivalente a u$s 14.000 millones como consecuencia de una devaluación del 25%. Este efecto es por una sola vez y para siempre, ya que el Gobierno ganó este dinero sin costo monetario alguno, del mismo modo que los tenedores de pesos lo perdieron sin compensación alguna.

2) Algún ajuste fiscal. Primero, cuando se anuncia como un premio un aumento del 11,3% a las prestaciones de seguridad social, cuando de hecho este aumento es menor que la mencionada devaluación y la inflación esperada derivada de ésta. Con un déficit fiscal de u$s 18.000 millones en 2013, si se logra reducir un 10% el gasto real en seguridad social, que fue de u$s 49.000 millones, se lograría un ajuste de u$s 4.900 millones. Segundo, cuando se anuncia la reducción de subsidios en servicios de agua y energía, que podrían implicar un ajuste fiscal en torno a los u$s 3.000 millones anuales, aunque no todo con efecto dentro del corriente año. Estos ajustes, aunque insuficientes porque de concretarse no reducen ni en un 45% la necesidad de emisión y aumento sistemático de la oferta de pesos, son de carácter permanente.

3) Una absorción de pesos por parte del Banco Central, que desde principios de año equivale a casi u$s 6.000 millones. Sin dudas, esta fue la medida más efectiva, temporal y cuantitativamente, para eliminar simultáneamente el exceso de oferta de pesos que se volcaba a un exceso en la demanda de dólares. Pero hay dos problemas: primero, se necesita una creciente absorción si persiste el déficit fiscal y la emisión de pesos, y segundo, la absorción de pesos tiene un costo, que hoy marginalmente roza el 30% anual en dólares al actual tipo de cambio, lo que irá generando mayor emisión, denominada déficit cuasi fiscal. Nótese que de no mediar nuevas devaluaciones del peso, este déficit incremental equivale hoy por hoy a unos u$s 1.800 millones anuales adicionales, lo que aumentará en la medida en que aumente la necesidad de absorción de pesos y la tasa de interés. La absorción no es por una sola vez y para siempre, ni es permanente; es transitoria, automáticamente reversible, y muy onerosa. Se puede renovar la operatoria, pero seguramente se hará cada vez más difícil e inestable, con peligro de que devore gran parte del aparente esfuerzo fiscal.

4) Un aumento en la oferta de activos en dólares, al prohibir que éstos superen el 30% del patrimonio de las entidades financieras, obligando a deshacer posiciones de futuros y de títulos por valores estimados por el mercado en u$s 2.000 millones. Una vez deshechas estas posiciones, el aumento de la oferta de estos activos externos no se repite. El efecto es por una sola vez y para siempre.

5) Reducción de la demanda y aumento de la oferta de dólares al restringirse las autorizaciones de importaciones, y "negociar" un anticipo en la liquidación de exportaciones. Todo ello reduce la demanda y aumenta la oferta de dólares, que en el mercado algunos calculan en más de u$s 2.000 millones, pero también de carácter transitorio y reversible en el corto plazo, con un efecto exactamente contrario si luego se recuperan las importaciones retrasadas y no se liquidan las exportaciones adelantadas.

6) Cambio en la base de medición del crecimiento del PBI, que al reducirlo buscaría liberar al Gobierno de tener que pagar este año unos u$s 3.600 millones por el cupón de deuda atado al crecimiento. De superarse esta controversia, aunque escandalosa, los vencimientos de deuda del corriente año se verían reducidos a sólo casi u$s 6.000 millones.

Ahora bien, si sumamos todo, podemos observar y comprender cómo se ha logrado estabilizar la situación, eliminando simultáneamente el exceso de oferta de pesos y el exceso de demanda de dólares, y generando medidas concretas y señales de vocación de encarar algún ajuste fiscal. Sin embargo, si esto es todo, no es suficiente. Lentamente irán desapareciendo todos los efectos de corto plazo y quedará a la vista que todavía persiste un elevado déficit fiscal y vencimientos de deuda pública, por ahora sin financiamiento. En poco tiempo, en la medida en que la emisión de pesos presione el nivel de precios y erosione nuevamente las reservas del Banco Central, comenzará el dilema: ¿se devalúa de nuevo? ¿Mucho y una sola vez, de a poquito muchas veces, o acaso nada con algún nuevo plan sorpresa que cubra el 100% de las necesidades de financiamiento? Estamos ya en otoño y debemos pasar el invierno. La primavera suele ser propicia para nuevos planes.

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