Cabe para Roberto Arlt la frase sentenciosa que Borges dedicó a Orson Welles: no es inteligente, es genial. Borges tuvo siempre una actitud ambivalente hacia Arlt, al que solía denostar, y a quien homenajeó en su cuento "El indigno", remedo borgiano del capítulo final de "El juguete rabioso", primera novela de Arlt. En cierta cena Borges señaló a Bioy Casares los escritores que en el futuro se considerarían sobrevalorados: Horacio Quiroga y Roberto Arlt. Y Bioy deslizó: Arlt es un gran novelista.
Fue más que el gran novelista que con "El juguete rabioso", "Los siete locos" y "Los lanzallamas" inauguró la novela moderna en la Argentina y la narrativa urbana en hispanoamérica. Fue un dramaturgo que saltándose el sainete y el grotesco apuntó al teatro del absurdo con veinte años de anticipación. Fue cuentista, pero sobre todo lo fue como periodista, en sus Aguafuertes Porteñas. Esas crónicas que dieron pasos fuertes hacia ese New Journalism donde se cruzan Hunter Thompson con Rodolfo Walsh y García Márquez. En ese que todos los días le entregaba el diario "El Mundo" se volvió escritor viajero como luego lo harían Ryszard Kapuscinsky o Luis Sepúlveda. Y no dejó de convertirse en lingüista del lunfardo cada vez que pudo, haciendo entrar el vivo lenguaje de la calle en su recia prosa. Cuando recién se estrenaba como periodista, en el diario "Crítica", Natalio Botana lo mandó a cubrir un hecho criminal, y Arlt le entregó un cuento policial, que salió destacando su nombre.
Por si fuera poca cosa la potencia de su escritura y su talento narrativo, el haber abierto la inmensa avenida por donde transita parte grande de la literatura argentina actual, quiso ser inventor. En sus memorias Juan José de Soiza Relly recuerda que Arlt le ofreció participar como socio en una fábrica de medias para mujer con un tipo de tratamiento especial que les daba mayor duración, y él desestimó el asunto, le pareció uno de los chistes de Arlt. Su sorpresa fue cuando supo, mucho después, gracias a una necrológica, que había muerto en Estados Unidos el inventor de medias para mujer (iguales a las planeadas antes por Arlt) que saliendo de la miseria se había vuelto multimillonario.
Al haberse cumplido 70 años de la muerte de Roberto Arlt, sus obras literarias han pasado a dominio público. Eso hace que comiencen a reaparecer esos libros que lo convirtieron en "un maestro" tanto para Cortázar como para Bolaño, para Asís como para Piglia, entre tantos otros. Así como hace un tiempo apareció "El paisaje de la nubes" (Fondo de Cultura) donde se reunieron las extraordinarias notas de Arlt como periodista político ("Tiempos presentes") y las como cronista internacional ("Al margen del cable"), ahora "Extremo negro", colección dedicada a la narrativa policial, ofrece 21 crónicas donde Arlt cuenta de suicidas, ladrones, estafadores, secuestradores, narcotráfico o el arte de robar autos.
La secta del cuchillo y el coraje se había perdido entre los arrabales, es más, había dejado de existir, y Arlt registra el cambio. Hace entrar el delito, la venganza, la ferocidad de la urbe angustiada, del pobrerío y de la orgullosa corrupción, en sus ficciones. Álbaro Abós, organizador de este volumen, realiza en "Roberto Arlt, cronista del crimen", prólogo tan informado como desprolijo, una interesante relación de la presencia de la intriga y los elementos del policial en la obra del autor de "Los siete locos". La fiesta del reencuentro con Arlt está comenzando.
| M.S. |



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