14 de junio 2013 - 00:00

“Gracias a mi padre, los títeres dejaron su retablo de sombras”

Ariadna Bufano, hija de Ariel, el creador de “El gran circo criollo”, repondrá desde mañana el espectáculo creado hace tres décadas por su padre.
Ariadna Bufano, hija de Ariel, el creador de “El gran circo criollo”, repondrá desde mañana el espectáculo creado hace tres décadas por su padre.
"Mi casa era una sucursal del teatro. Allí se elegía la música para las obras y nos enteramos de que 'El gran circo criollo' iba a tener monos y avestruces", dice a este diario Ariadna Bufano, titiritera como como sus padres, Ariel Bufano y Adelaida Mangani. Por el 30º aniversario de "El gran circo criollo", este clásico moderno se reestrenará mañana en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín como "El gran circo" (título con el que fue rebautizada en 1983), por el Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín que dirige Mangani, con funciones los sábados y domingos a las 16.

"El gran circo criollo" es una de las obras que más público convocó en la historia del teatro argentino y fue pensada por su creador como homenaje a los orígenes del teatro nacional y sus pioneros, los Podestá. Está integrada por números circenses tradicionales (destrezas, acrobacia, malabaristas, payasos, animales amaestrados, equilibristas y trapecistas), realizados por títeres. Rebautizada como "El gran circo" en 1996, estuvo en cartel durante 14 temporadas, que suman cerca de 700 funciones, a las que asistieron alrededor de 400.000 espectadores. Dialogamos con Ariadna Bufano sobre esta obra, sus recuerdos de infancia vinculados a los títeres y el oficio del titiritero.

Periodista: ¿Cómo vivió la gestación de esta obra en su propio hogar?

Ariadna Bufano:
Mi casa era una sucursal del teatro, no en cuanto a la realización, porque los títieres y escenografía se contruyeron en el San Martin, de modo que no se tomaba mi casa como taller, algo que sí pasó en otras obras como "La bella y la bestia". Recuerdo que papá había tallado en madera, en casa, algunas de las cabezas de esa obra. "El circo criollo" se ensayó mucho tiempo, fueron muchos años de investigación.

P.: ¿Qué otros rasgos le hacen recordar que su casa era una sucursal del teatro?

A.B.:
Adelaida, mamá, elegía la música. Recuerdo estar escuchando bandas sonoras y música clasica para los diferentes números. En casa me enteré de que el circo iba a tener monos, avestruces, habia mucha participación casera. Se comentaba mucho porque estaban los dos, así que conozco la obra teórica y cotidianamente. Lo viví más como hija porque era un momento del grupo de titiriteros que venía explorando hacía años, experimentaban diferentes técnicas. En esa época, el títere ya había salido del retablo y la novedad había tenido gran aceptación.

P.: ¿Cuál fue entonces el añadido de El gran circo criollo en relación a la técnica?

A.B.:
Fue un salto cualitativo para mis padres, porque implicó la salida por completo de retablo. La obra tiene todas las técnicas de manipulación, que son tres: desde abajo, desde atrás y desde arriba. Así que fue vivido como una gran explosión. Ahora yo hago el personaje de avestruz, que es el que hacía mi madre en esos años. Recuerdo que la primera vez que ella se puso el avestruz, le bajó la presión por lo pesado que era.

P.: Habla del avestruz y todos recuerdan a la elefanta Rosita, ¿El caso del avestruz no sería un actor con botarga?

A.B.: Para nosotros, el títere es todo objeto que se mueve en función dramática, no importa con qué técnica, puede ser desde un guante hasta la elefanta que la manipulan entre seis.

P.: ¿Y qué implica revivir este debut después de 30 años?

A.B.:
Nos da mucha emoción porque es un espectáculo muy querido por la gente, son muchas generaciones de técnicos y titiriteros, algunos han muerto o se han jubilado y llegan sus hijos. Tenemos muchos compañeros de elenco que eran chiquitos, hay uno que era tan fanático del Circo Criollo que tiene los dibujos que hizo cuando lo veia, luego hizo el curso y ahora es parte del show.

P.: ¿Como construyó su carrera de titiritera?

A.B.: No tenia definida mi vocacion. En la secundaria iba a ver ensayos y me fascinaba. Pero como tenía cierto temor de estar cumpliendo el mandato opté por anotarme en psicología. Di vueltas unos años, negándome al teatro, hasta que cursé el EMAD. Hice trabajos como actriz hasta que mamá me convocó para trabajos con ella fuera del San Martin. En 1996 había que ingresar titiriteros para la reposicion del circo en 1996 y me llamó. Ella dice, aunque yo no lo recuerdo, que cuando me lo propuso le respondí: "No sabés cuánto hace que esperaba que convocaras". Y ella no se animaba tampoco por miedo a torcer mi vocación. Mi debut fue con el circo y hacía a los famosos personajes de zanahoria, que son los asistentes del circo, unos cabezudos.

P.: ¿Cómo era su padre como titiritero, como creador y como director?

A.B.: De esos papeles lo tengo como hija, no me dirigió nunca aunque sí me vio como actriz, pero no como titiritera. Nos llevaban a todas las funciones, éramos esos chicos que iban porque no tenían dónde dejarlos, uno va y mira todas funciones. Ariel era muy apasionado por su trabajo y sus títeres, muy riguroso, con una profunda fascinación por el mundo de los objetos y los títeres. Para él, los objetos tenian una vida propia, algo que heredé bastante. Los titiriteros somos muy obsesivos con el cuidado de los materiales.

P.: La fascinación por los objetos y el dotarlos de vida es propio de los niños.

A.B.: Claro, por eso los titiriteros tenemos muy desarrollado nuestro aspecto lúdico en función de objetos. Por nuestros objetos y titieres experimentamos un amor y cuidado que sólo nosotros comprendemos. Un títere no se usa para otro espectáculo, baja la obra y es todo un duelo, lo guardás en una valija, llorás y casi nunca volvés a usarlo, por eso tienen tanto valor para nosotros. La vida de ese personaje se va con ese objeto y esa obra.

P.: Pero el circo siempre vuelve...

A.B.:
En eso tenemos suerte, la gente lo vio y lo conoce, y ahora ahora regresa con nietos y nos preguntan por los personajes. En la última versión del Regio no pudimos hacer la Elefanta Rosita y todo el mundo preguntaba qué había pasado. Pero no pudo ser porque no cabía por las dimensiones del teatro.

P.: ¿No se plantearon cambiar técnicas antiguas, de materiales pesados, por técnicas más modernas?

A.B.:
Es que justamente ése es uno de los signos del circo criollo, no pueden ser modificadas. Hay maderas que se ven, que son pesadas, hay arneses, y se sigue manteniendo eso, cuando se podría usar fibra de vidrio. Pero apelamos a las viejas técnicas y a la madera rústica con palos que pesan muchos kilos porque eso también hizo del circo lo que fue y es. Algunos son los títeres originales y otros hubo que rehacerlos pero siempre con la misma tecnica.

P.: ¿Cuánto evolucionó la técnica de títeres?

A.B.: En estos treinta años se han abierto decenas de escuelas de titiriteros, y sus egresados han poblado la ciudad con títeres para chicos y adultos. Se ha profesionalizado el oficio, y además hay muchos compañeros titiriteros como Ana Alvarado, el grupo Libertablas, o Daniel Veronese que se han formado con mi padre y han explorado otros ámbitos. Con los títeres para adultos uno siempre tiene que andar explicando que no son sólo para chicos, hay creencia de que que el teatro para grandes tiene que ser con actores. Sin embargo, los títeres para adultos están cada vez más aceptados.

Dejá tu comentario