Era previsible: el resultado de la elección del 23 de octubre precipitó una batalla interna en el radicalismo que ya alcanza a los bloques de Diputados y el Senado, además de la mesa de conducción del Comité Nacional. Herido por un resultado mínimo, frente a la expectativa en la campaña, el radicalismo no obstante sigue siendo la segunda fuerza política también en el Congreso. Eso incluye cargos en los organismos de control, como la jefatura de la Auditoría General o el Consejo de la Magistratura. La pelea ya comenzó: Ernesto Sanz no continuará en el Comité Nacional, que debe renovar autoridades el 5 de diciembre. El mendocino ya ha dicho que quiere un cambio de dirigentes. También está en puja la conducción del bloque de senadores que hoy tiene el jujeño Gerardo Morales, otro candidateable para el Comité Nacional. En Diputados la situación es más complicada: desde Córdoba, Mario Negri ya pide que se le reconozca su mejor elección frente a Ricardo Gil Lavedra, que salió de la casi desaparecida UCR porteña.
Mario Negri
El fin del proceso electoral trajo la previsible crisis dentro del radicalismo. No existe ámbito dentro de ese partido que no esté hoy en discusión. Uno de los cargos clave en disputa es la presidencia del bloque de Diputados. Allí la interna estalló no bien terminó el escrutinio. Ricardo Gil Lavedra, actual presidente, no parece tener intenciones de dejar el puesto. Detrás, aparece con pergaminos para reclamar el cargo el cordobés Mario Negri, que superó con su candidatura a los números de Alfonsín en su provincia, y también su coterráneo Oscar Aguad. La pelea no será simple:
Gil Lavedra llegó a la conducción del bloque UCR tras una avanzada del alfonsinismo. Tras las legislativas de 2009, hubo un acuerdo entre el cobismo y el radicalismo oficial para alternarse en la presidencia del bloque UCR. Asumió entonces el cordobés Oscar Aguad con la promesa de dejar el cargo a quien designara el alfonsinismo un año después. Mientras tanto, Ricardo Alfonsín ocupó la vicepresidencia primera de la Cámara.
En noviembre del año pasado, y sin que estuvieran claras las condiciones de cumplimiento de ese acuerdo, el alfonsinismo avanzó en el bloque y de la noche a la mañana Aguad fue desplazado del cargo.
Ahora, Gil Lavedra no tiene la misma fuerza que por entonces para imponerse en la bancada, más bien todo lo contrario. Ingresó en 2009 por la lista del Acuerdo Cívico y Social que, animada por Elisa Carrió, llegó a superar el 19% de los votos. Pero ahora el radicalismo porteño (al que pertenece Gil Lavedra) fue a la elección en la Capital Federal en absoluta soledad, ya que no pudo cerrar acuerdos con ninguna fuerza, y terminó desapareciendo del mapa político. No parece que ésa sea la mejor carta de presentación para presidir la segunda bancada más importante de Diputados como sigue siendo el radicalismo, que, por otra parte, logró salvar casi milagrosamente los 42 legisladores propios que la integran.
Enfrente está Negri. Su récord en la elección cordobesa es envidiado por muchos radicales en medio de un mar de derrotas donde abundan los negros y los grises son la excepción. Negri logró como candidato a diputado nacional el 20,17%. No es poco si se recuerda que el Frente Progresista llegó a 20,27%, es decir un empate.
Pero más curioso es el dato si se lo compara con la elección de Alfonsín en Córdoba, donde sacó el 17,97%, es decir, cinco puntos más que el promedio nacional para la fórmula presidencial de la UCR, pero menos que la lista de Negri. El resultado debe compararse, además, con el logrado por la propia Cristina de Kirchner en la provincia: 37,34%, que aunque esté casi 20 puntos por debajo del nacional, tiene el mérito de haber sido la primera vez que el kirchnerismo gana la provincia.
El cuadro de pretendientes al bloque se completa con el propio Aguad, que viene de perder la elección para gobernador de Córdoba pero cuenta con la experiencia de haber conducido el bloque UCR en Diputados con un perfil mucho más opositor.
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