24 de septiembre 2015 - 00:31

“Hannibal de Daireaux”, el caníbal que compartirá penal con parricida de Pilar

El caso del doble parricidio de Pilar revela día a día datos cada vez más escalofriantes.

Si algo le faltaba a un cóctel que mezclaba la ejecución a balazos de sus padres, el descuartizamiento de los cuerpos y su posterior incineración, es que el principal sospechoso, Leandro Yamil Acosta, le dijera a su abogada que hubo canibalismo. "Probé un pedacito", le confesó el imputado a su defensora al revelar que había comido un trozo de carne humana.

Ya se habla de inimputabilidad y por eso Acosta fue trasladado preventivamente a la Unidad 34 de Melchor Romero, la cárcel del Servicio Penitenciario Bonaerense que funciona como un neuropsiquiátrico.

Pero justamente allí, Acosta se encontrará con un compañero que tiene una historia parecida: Raúl Ernesto Piñel, más conocido como el "Hannibal de Daireaux".

Piñel ahora tiene 40 años y fue declarado inimputable. Para la Justicia, es un enfermo psiquiátrico que no pudo comprender la criminalidad de sus actos.

¿Qué hizo? Asesinó, descuartizó, evisceró y calcinó a su padre en una salamandra. Pero lo más aberrante fue lo que encontraron los investigadores en una cacerola. Cocinó al ajillo el corazón y los riñones de su padre y se los comió.

Todo ocurrió el 29 de junio de 2008 en Daireaux, una ciudad rural del oeste de la provincia de Buenos Aires, ubicada a algo más de 400 kilómetros de la Capital Federal.

La víctima del caso se llamaba Raúl Prudencio Piñel y tenía 57 años. Su hijo Raúl Ernesto había llegado dos días antes a la casa porque le dieron una salida transitoria del penal de Urdampilleta, donde cumplía una condena por robo calificado.

Ese domingo, un vecino quiso pasar a saludar a Raúl padre, pero fue atendido por su hijo. Piñel tenía sus manos ensangrentadas. Fue suficiente para que el vecino saliera corriendo a la comisaría del pueblo.

Los policías no tardaron mucho en llegar. Piñel abrió la puerta, los efectivos le preguntaron dónde estaba su padre y el hombre contestó: "Lo tengo adentro".

Los uniformados entendieron todo cuando irrumpieron en la vivienda y se encontraron con una auténtica casa del horror.

Charcos de sangre, vísceras desparramadas en el piso, una salamandra con restos humanos calcinados y lo peor de todo: la cacerola del horror con el corazón y los riñones de la víctima cocinados en una salsa de cebollas y ajos.

La foto de la Policía Científica que ilustra el expediente Piñel es una imagen tan espantosa como bizarra. La evidencia es la número 18. Junto a la cacerola con vísceras hay una botella de vinagre Marolio y, del otro lado, un pancito a medio pellizcar.

Piñel confesó que había asesinado a su padre en una pelea que tuvieron el sábado. Lo apuñaló con un cuchillo tipo "tramontina".

Las pericias sobre la salud mental de Piñel confirmaron que era un enfermo psiquiátrico, por lo que la Justicia Penal de Trenque Lauquen finalmente lo declaró inimputable en 2011. Y desde entonces está en la U34, la cárcel neuropsiquiátrica donde ahora compartirá el cartel de caníbal con el parricida de Pilar.

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